Desde trastornos respiratorios severos hasta displasia, los animales afectados por estas condiciones suelen presentar una expectativa de vida reducida

Los perros son reconocidos como los compañeros ideales del ser humano. Su naturaleza leal y cercana hace que cada vez más familias les otorguen un papel central en sus hogares. Según la Asociación Española de la Industria y el Comercio del Sector del Animal de Compañía (AEDPAC), en 2025 el número de perros registrados en España alcanzó aproximadamente 9,5 millones.
No obstante, la convivencia con estos animales no siempre resulta perfecta. Aunque existen numerosos consejos en diferentes plataformas sobre su cuidado y educación, no siempre se expone una verdad clave sobre ciertas razas caninas: debido a su estructura corporal, su vida puede estar marcada por el sufrimiento.
No se trata únicamente de casos aislados o mala fortuna, sino de patrones que se repiten a lo largo de generaciones. Así lo detalla el veterinario Alfredo Molina en sus redes sociales (@alfredomolinavet), quien señala que estas razas padecen “problemas de salud, preocupaciones económicas” y una menor esperanza de vida notable.
“Existen razas de perros que, pese a su popularidad, están destinadas a padecer”, indica el veterinario. “Lo más lamentable es que no es responsabilidad de ellos, sino nuestra por haber modificado su genética”. La selección artificial, basada en criterios estéticos y no en la salud, ha generado estructuras corporales poco funcionales que sufren desde el nacimiento. Por eso, Molina identifica cuatro razas que, “aunque son adorables, no resultan ‘recomendables’ debido a su vulnerabilidad a enfermedades”.
Estas son las razas de perros más frecuentes en España
Bulldog inglés y francés
En los casos del bulldog francés y bulldog inglés, los problemas derivados de su morfología no son eventuales ni excepcionales, sino que forman parte constante de su vida cotidiana. “Su rostro achatado les provoca graves trastornos respiratorios, intolerancia al calor, afecciones dermatológicas, partos complicados y una vida más breve”.
La dificultad para respirar no es un incidente ocasional, sino una condición permanente que limita su actividad, aumenta el riesgo frente a altas temperaturas y, en muchos episodios, requiere intervenciones veterinarias tempranas.
Carlino
El carlino presenta un cuadro similar, enfrentando además una tendencia a desarrollar úlceras oculares y “problemas cutáneos derivados de sus pliegues”. Por ello, estos perros “viven poco y experimentan mucho sufrimiento”.
De hecho, los rasgos considerados entrañables en esta raza, como sus ojos saltones, hocico corto y arrugas, se transforman en focos recurrentes de dolor y la necesidad de cuidados médicos constantes.
Shar pei
El Shar pei, famoso por su piel arrugada, constituye otro ejemplo claro. “Esas arrugas, que resultan adorables, son en realidad la causa de infecciones, problemas dermatológicos y una enfermedad hereditaria llamada fiebre del Shar pei”.

Esta enfermedad se presenta con episodios reiterados de fiebre alta, inflamación dolorosa en las articulaciones —especialmente en los corvejones— y un malestar general que reduce significativamente la calidad de vida del animal. Con el tiempo, estos brotes pueden desencadenar amiloidosis, una patología grave que provoca la acumulación de proteínas en órganos vitales como los riñones, y que puede ser fatal si no se aborda correctamente.
Pastor alemán
El pastor alemán también es mencionado en la lista de Molina. “Muchos ejemplares nacen con displasia de cadera o codo, lo cual les condena a dolor crónico e incluso a la pérdida parcial o total de la capacidad de caminar”. Esta se trata de una enfermedad degenerativa que afecta la correcta articulación de las extremidades, restringiendo progresivamente la movilidad y reduciendo su autonomía.
En casos severos, esta patología requiere tratamientos de por vida, cirugías complejas y la constante adaptación del entorno para minimizar el dolor y evitar la pérdida completa de movilidad.

El veterinario destaca que estas no son las únicas razas con complicaciones. “Esto no es natural; somos los humanos quienes hemos desarrollado estas razas destinadas a padecer por caprichos estéticos”. Por ello, el especialista hace un llamado a la responsabilidad. “Si se convive con alguna de estas razas o se decide hacerlo, es fundamental ser consciente de que implicará importantes gastos veterinarios, sufrimiento, inquietudes, cuidados constantes y con casi total seguridad una vida considerablemente más corta”.

