Situación actual de la industria petrolera venezolana y las razones del elevado costo para su recuperación

Una mujer camina frente a un mural en Caracas en el que aparece pintado un balancín para producción de petróleo.

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    • Autor, Ángel Bermúdez
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 56 minutos
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«Jamás imaginé que a los 71 años tendría que pasar toda una noche despierto para conseguir gasolina. ¡Esto es algo increíble!»

Con esa reflexión, el doctor Rafael Barrios expresaba su pesar por la severa crisis de escasez de gasolina en Venezuela, un país que, irónicamente, posee las mayores reservas petroleras probadas a nivel mundial.

Era mayo de 2020 y la nación sudamericana llevaba ya una década enfrentando dificultades por la carencia de combustible, situación que se intensificó al punto de que los conductores debían pasar largas horas en fila para poder cargar gasolina.

Quizás por ello fue poco sorprendente que el 3 de enero pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emitiera duras críticas respecto al estado de la industria petrolera venezolana.

«El negocio petrolero en Venezuela ha sido un completo fracaso», afirmó en una conferencia de prensa tras los ataques de las fuerzas militares estadounidenses contra instalaciones militares en Venezuela y la captura del presidente Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Poco después, Trump anunció que su administración tomaría el control de la industria petrolera venezolana.

«Vamos a permitir que nuestras principales compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes del mundo, ingresen, inviertan miles de millones de dólares, restauren la infraestructura petrolera gravemente afectada y comiencen a generar ingresos para la nación», aseguró.

Durante más de un siglo, el petróleo ha sido la esencia de la economía venezolana y ha llegado a constituir una parte fundamental de la identidad de sus ciudadanos.

Este «oro negro» lideró el cambio de Venezuela de una nación rural a una moderna y urbana. Gracias a él se financiaron universidades, hospitales, autopistas, aeropuertos, escuelas, museos y teatros. Durante décadas, permitió que familias venezolanas proporcionaran una vida mejor a sus hijos que la que ellas tuvieron, y propició una economía de oportunidades que atrajo migrantes de todo el mundo.

El peso del petróleo era tal que, al menos durante los últimos 50 años, se podía inferir la situación económica venezolana observando las fluctuaciones del precio del barril de crudo. Si subía, la economía prosperaba; si bajaba, se entraba en crisis.

Trabajadores de Pdvsa, vestidos de rojo y ondeando banderas, participan en un desfile militar.

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No obstante, durante la última década diversos factores ajenos al precio del barril han impedido a Venezuela aprovechar completamente su riqueza petrolera debido al drástico deterioro de su capacidad para producir.

La semana pasada, Chris Wright, secretario de Energía de EE.UU., declaró que su país planea mantener un control considerable sobre la industria petrolera venezolana.

Explicó que el gobierno estadounidense será responsable de administrar las ventas del petróleo venezolano y supervisará las cuentas donde se depositarán los pagos, los cuales posteriormente serían transferidos a Venezuela en beneficio de su población.

«Es indispensable tener esa influencia y control sobre las ventas petroleras para promover los cambios absolutamente necesarios en Venezuela», subrayó.

En un comunicado emitido el 7 de enero, la petrolera estatal venezolana Pdvsa indicó que estaba en conversaciones con EE.UU. «para la venta de volúmenes de crudo» hacia ese país.

BBC Mundo explica cuál es la situación actual de la industria petrolera en Venezuela y qué sería necesario para su recuperación, conforme al anhelo expresado por Trump.

Las reservas más importantes pero con una producción limitada

Pozos petroleros en el Lago de Maracaibo.

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Venezuela ostenta las mayores reservas de petróleo probadas en el mundo, estimadas en 303.000 millones de barriles.

Sin embargo, en años recientes su producción llegó a descender en 2019 hasta los 500.000 barriles diarios, alcanzando cifras similares a las del año 1950, cuando se extraían alrededor de 488.962 barriles cada día. Esto representa un retroceso de más de 50 años.

En 1998, la producción se situaba en tres millones de barriles diarios y en la actualidad ronda el millón.

Esta caída histórica se atribuye en parte a las sanciones petroleras impuestas por Trump contra el gobierno de Maduro en enero de 2019. Sin embargo, es importante señalar que la merma de producción comenzó en la era de Hugo Chávez y se intensificó notablemente desde 2015, durante la administración de Maduro.

«La industria petrolera venezolana no se encuentra en óptimas condiciones. Actualmente, Venezuela produce aproximadamente un millón de barriles diarios, lo que equivale al 1% de la producción mundial, respecto a los 3,5 millones de barriles diarios que producía en los años 90. Esto evidencia una caída drástica en las últimas décadas», explica a BBC Mundo Luisa Palacios, investigadora sénior adjunta en el Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia.

«Ha habido un deterioro técnico severo en la capacidad de Pdvsa, la empresa estatal que controla la mayor parte de la producción. Además, la industria ha sufrido un declive financiero considerable. Ha incumplido sus pagos de deuda externa, de deuda comercial y con proveedores, lo que ha provocado que la compañía enfrente grandes problemas técnicos, operativos, financieros, de seguridad en las operaciones y en la gestión de riesgos ambientales», añade.

La reducción en la producción ha sido tan pronunciada que Venezuela lleva varios años sin poder incorporarse al sistema de cuotas de la OPEP (creado para evitar el exceso de oferta de petróleo en el mercado), dado que durante casi una década no ha alcanzado la totalidad del volumen que le correspondía.

De acuerdo con estadísticas de esa organización, basadas en fuentes secundarias, la producción venezolana rondaba los 1,3 millones de barriles diarios en 2018, justo antes de que entraran en vigor las sanciones impuestas por Trump. Esa cifra indicaba una caída de un millón de barriles respecto a 2015.

Según las mismas fuentes, en 1998, año en que Chávez fue electo por primera vez, la producción alcanzaba los 3,1 millones de barriles diarios.

«La situación actual de la industria petrolera venezolana refleja un deterioro generalizado en la infraestructura, en la capacidad para generar electricidad y en el manejo de los desechos naturales propios de la industria petrolera, como el gas natural y el agua. Esto explica por qué la producción se mantiene estancada por debajo del millón de barriles diarios», comenta Luis Pacheco, académico no residente en el Instituto Baker de la Universidad Rice (Houston), en diálogo con BBC Mundo.

«Esta situación es resultado de decisiones gerenciales y políticas tomadas durante los últimos 25 años, especialmente desde 2013», puntualiza.

Endeudamiento y ausencia de inversión

Tanque de almacenamiento en una instalación petrolera en Venezuela con el nombre de Pdvsa y el lema: "Patria, socialismo o muerte".

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Pacheco explica que, al tratarse de una industria extractiva, el sector petrolero requiere inversiones permanentes.

«No sólo importa cuánto produces, sino también cuánto logras mantener la producción, porque a medida que extraes, agotas la capacidad productiva y es necesario invertir constantemente para sostenerla. Es decir, cuanto más produces, mayor es la inversión necesaria para mantenerte en el mismo nivel», menciona al señalar que la falta de inversiones es una de las causas del deterioro de la industria venezolana.

Antes del mandato de Hugo Chávez, la petrolera estatal Pdvsa se gestionaba con criterios empresariales privados, enfocándose exclusivamente en su negocio y en obtener beneficios para su único accionista: el Estado venezolano.

Durante la administración de Chávez, las gobernanzas comenzaron a destinar grandes sumas provenientes de Pdvsa a actividades no energéticas, como la construcción de viviendas, la creación de redes de supermercados, el apoyo a gobiernos aliados mediante la llamada «petrodiplomacia» o inversiones millonarias en armamento.

«El Estado venezolano asumía que el precio del petróleo permanecería alto y enmascaró la falta de inversión con el aumento del precio: mientras la producción caía, los ingresos subían debido a los precios. Sin embargo, había una problemática subyacente. Cuando el valor del petróleo descendió, se percataron de que habían malgastado los ingresos», comenta Pacheco.

Fidel Castro y Hugo Chávez.

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Para financiar el gasto público, las autoridades venezolanas también recurrieron al endeudamiento externo —en ocasiones utilizando a Pdvsa o la producción petrolera como garantía—, acumulando una deuda que oscila entre US$150.000 y US$170.000 millones, según la agencia Reuters.

Este endeudamiento puso en riesgo la propiedad de Citgo, una empresa que Pdvsa posee en Estados Unidos y que históricamente ha tenido una función estratégica al garantizar refinerías propias para comercializar el crudo venezolano en uno de los mercados petroleros más grandes del mundo.

Los acreedores de Venezuela lograron que el sistema judicial estadounidense aprobara la subasta de Citgo para saldar las deudas acumuladas desde que el país entró en impago en 2017. A finales de 2025, un tribunal autorizó la venta de la compañía, aunque esta decisión aún no es definitiva.

La disminución tanto de inversiones como de producción también ha repercutido en la capacidad de Pdvsa para fabricar derivados del petróleo, ya que las refinerías venezolanas han enfrentado múltiples fallas técnicas y se estima que operan actualmente al 25%-30% de su capacidad.

Fotografía de la refinería de Amuay en Venezuela.

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Producción en manos privadas

Otra particularidad de la actual situación de la industria petrolera en Venezuela es que la mayor parte del petróleo y gas es extraído por compañías privadas, según Pacheco.

«La producción petrolera en Venezuela está informalmente privatizada. La presencia de Chevron, otras empresas internacionales y contratistas menores que operan bajo un marco legal bastante débil, limita la posibilidad de aumentar la producción más allá del 25% de lo que alguna vez fue», explica.

La legislación venezolana permite que empresas petroleras internacionales operen en el país siempre que se asocien con Pdvsa en proyectos donde esta última posea la mayoría de las acciones.

En la práctica, debido a la falta de recursos para invertir por parte de Pdvsa, son estas empresas extranjeras las que realizan la mayor parte de inversión, y Pdvsa las remunera con petróleo.

Actualmente, Chevron es la empresa extranjera que más petróleo produce en Venezuela, extrayendo alrededor de 245.100 barriles diarios a finales de 2025, lo que representa el 22% de la producción nacional, según la prensa venezolana.

La italiana ENI, la española Repsol y las chinas CNPC y Sinopec también figuran entre las principales compañías internacionales que han continuado operando en Venezuela mediante acuerdos con Pdvsa en los últimos años.

Respecto a la producción realizada en campos gestionados exclusivamente por Pdvsa, Pacheco indica que la extracción es reducida y se ejecuta mediante contratistas privados.

«Pdvsa hoy es una fachada detrás de la cual sólo operan compañías privadas bajo un sistema legal precario», señala.

Mark Nelson, vicepresidente de Chavron.

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Lo necesario: una década y miles de millones

Los informes y expertos coinciden al indicar que para rehabilitar la industria petrolera venezolana y que recupere una producción de cerca de 3 a 3,5 millones de barriles diarios se requerirá un plazo aproximado de diez años.

«Lo que se necesita es inversión, tecnología, capital humano y más de US$100.000 millones en gastos a lo largo de esa década», detalla Luis Pacheco.

Luisa Palacios advierte que, debido al grado de endeudamiento del gobierno venezolano y de Pdvsa, el capital para la recuperación debe provenir de inversionistas privados.

«Ni el gobierno ni la empresa estatal disponen de capacidad para invertir en el sector y aumentar la producción. Por eso, todos los recursos destinados a incrementar la producción deben venir del exterior porque internamente no existe la capacidad para hacerlo», menciona.

Recientemente, Trump afirmó en una reunión en la Casa Blanca con 14 empresas petroleras que se invertirían precisamente US$100.000 millones en la infraestructura petrolera venezolana.

El desafío radica en que para realizar tales inversiones multimillonarias a largo plazo es necesario que se cumplan diversas condiciones, además de modificaciones jurídicas e institucionales que generen la confianza suficiente para atraer a las empresas.

«No atraerás el capital necesario si no existen reglas claras. Y para garantizar eso, se deben establecer todas estas garantías», enfatiza Palacios.

La especialista advierte que, por lo tanto, la recuperación del sector no es sólo una cuestión de dinero, sino que exige un cambio institucional para transformar completamente la dinámica vigente en el país y en la industria.

«Hay que modificar las reglas del juego, las instituciones y la legislación. Se debe crear un régimen legal que permita a los inversionistas sentir que sus inversiones estarán protegidas».

«Esto implica contar con instituciones confiables, un sistema judicial que respete los contratos y actúe como árbitro en derecho comercial, un ente regulador que cumpla sus funciones y un sistema macroeconómico que facilite la libre conversión de moneda, la libre importación y exportación de servicios y materiales. Además, debe garantizarse la seguridad para el personal que labore en el país», afirma Palacios.

Trabajadores de Pdvsa celebran la expropiación de Exxon Mobil.

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Luis Pacheco, que coincide en la necesidad de estos cambios, añade uno más: «Debe modificarse todo el modelo político venezolano».

Recuerda que fue el propio chavismo quien alteró las reglas del juego para las empresas petroleras extranjeras que operaban en Venezuela, expropiando y estatizando a sus contratistas y, en muchos casos, sin pagar indemnización alguna.

En su criterio, ese pasado dificulta que un gobierno chavista pueda generar confianza en las empresas internacionales.

Estas dudas se expresaron en la reunión de la semana pasada en la Casa Blanca por Darren Woods, director ejecutivo de Exxon Mobil. «Nos han confiscado activos dos veces ahí, por lo que pueden imaginar que volver a invertir una tercera vez requeriría cambios muy significativos», afirmó, según The New York Times. «Actualmente es imposible invertir allá», agregó.

Por otro lado, Mark Nelson, subdirector ejecutivo de Chevron, indicó que su empresa espera aumentar su producción en Venezuela un 50% en los próximos dos años.

Por último, vale la pena recordar una de las declaraciones polémicas de Trump tras la captura de Maduro: «Nosotros [EE.UU.] gobernaremos el país hasta que se realice una transición segura, adecuada y juiciosa (…) No podemos permitir que otro tome el control de Venezuela sin considerar el bienestar de su pueblo; eso ha ocurrido durante décadas y no permitiremos que vuelva a suceder».

Así, quizás los inversionistas deban decidir no tanto si confían en las palabras de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sino si lo hacen en las de Donald Trump.

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