En Estados Unidos, a los 14 años, una madre puede legalmente aprobar el matrimonio de su hija y ceder su futuro a un esposo.

Patria Lynn Lane toma en brazos a su hija mientras su marido, Mark Timothy Gurney, le toma la foto.

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La ceremonia nupcial de Patricia Lane, a sus 14 años, con Timothy Gurney, de 27, duró apenas cuatro minutos.

Patricia no llevó vestido tradicional ni decoró su pelo con flores. La formalización legal ocurrió en un despacho gris de un juez de sucesiones en Alabama, al sur de Estados Unidos, con su madre como única testigo.

«Fue muy rápido. No deseaba estar allí. No me agradaba ese hombre y mi madre estaba muy enojada», rememora Lane a sus 58 años, en diálogo con BBC Mundo desde Saint Paul, Minnesota. «Fue terrible».

Unos minutos luego de recibir el certificado matrimonial, lo primero que hizo fue cruzar al parque frente a la corte y columpiarse en uno de sus columpios, un acto infantil que generó la ira de su madre y su reciente esposo.

«Nada de aquello se parecía a lo que imaginaba para una boda», recuerda Patricia, que estaba en las primeras semanas de embarazo de su primera hija, a quien después entregó en adopción.

Desde que se casó el 21 de mayo de 1980, las leyes de Alabama han cambiado poco. Actualmente, una persona de 14 años no puede contraer matrimonio, pero sí una de 16 con el permiso de uno de sus padres.

«No existen protecciones adicionales. El estado no exige que el menor dé un consentimiento independiente ni obliga a una autorización judicial», aclara Anastasia Law, responsable de programas para Norteamérica de la organización Equality Now.

Alabama es uno de los 34 estados en EE.UU. donde, mediante ciertas excepciones legales, se permite que menores de 18 años contraigan matrimonio.

Según la ONU, el matrimonio infantil abarca uniones formales e informales con personas menores de 18 años y está reconocido globalmente como una violación de derechos humanos.

En Estados Unidos, al menos 314.000 menores firmaron matrimonios legales entre 2000 y 2021, de acuerdo con registros de la entidad Unchained at Last, que lucha contra los matrimonios forzados e infantiles.

Algunos tenían apenas 10 años al momento de casarse, aunque la mayoría tenía entre 16 y 17 años, siendo predominantemente mujeres unidas a hombres adultos.

Estos matrimonios ocurren porque en EE.UU. no existe una edad mínima federal para casarse, dejando que cada estado establezca sus propios límites.

«La ausencia de una ley federal afecta significativamente el matrimonio infantil en EE.UU. Sin ella, debemos hacer nuestra labor estado por estado para convencerlos de modificar sus leyes», dice Law.

Desde las organizaciones de derechos humanos insisten en que fijar una edad mínima federal es un paso inicial; pero subrayan que se requiere un abordaje integral para eliminar el matrimonio infantil en EE.UU.

«Sin legislaciones que establezcan que la edad mínima es 18 sin excepciones, los niños permanecen desprotegidos. Permitir el matrimonio infantil legalmente significa avalar socialmente esta práctica», añade.

«Deshonra familiar»

Patricia se crió en Eden Prairie, un pequeño poblado de colinas verdes con vistas al río, en las afueras de Minnesota. Para muchos, un lugar ideal. Para ella, una infancia aislada del mundo.

«Mi hermano y yo estábamos culturalmente muy aislados. Aunque vivíamos en un suburbio de una ciudad grande en EE.UU., mi vida era demasiado estricta y opresiva», describe Patricia esa etapa.

Sufrió abuso sexual desde muy pequeña y cayó en una profunda depresión que la llevó, a los 12 años, a buscar ayuda en una línea de atención a personas en crisis, dado que no encontraba apoyo en casa.

Así conoció a Timothy Gurney, el hombre que respondió a su llamada aquel día y que meses después se convertiría en su esposo.

Tim, como lo llamaba, tenía 25 años y estudiaba en un seminario religioso. Para ser misionero, hacía prácticas en una organización pequeña donde atendía llamadas de emergencia a personas en crisis.

Tras esa primera comunicación, acordaron un encuentro. Poco después, Patricia, con 13 años, quedó embarazada.

Una menor de edad de espaldas en un camino de tierra.

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«Aprendí que la oración no es un método anticonceptivo. Estaba embarazada y no quería casarme con él», rememora Patricia, criada en un hogar evangélico.

Mientras Tim lloraba en el sótano de su casa, Patricia compartió la noticia con sus padres. Sin embargo, la reacción de su madre fue inesperada. La culpó de «deshonrar a la familia».

«Mi madre fue clara: yo era la responsable de la vergüenza familiar y lo único para corregirlo era casarme con ese hombre y ser una buena esposa», recuerda Patricia las palabras de su madre.

Si Patricia quería tener al bebé, debía contraer matrimonio.

Así, su padre firmó el consentimiento y al día siguiente, Patricia, su madre y Tim emprendieron un viaje hacia el sur del país buscando un tribunal que autorizara el matrimonio, ya que en Minnesota estaba prohibido.

«No sentí que tuviera opción. No quería casarme con él, pero deseaba criar al bebé. Sabía que podía ser buena madre».

En muchos casos, el embarazo es usado como argumento para permitir el matrimonio bajo la excepción de edad mínima. Actualmente, así ocurre en estados como Arkansas, Maryland, Nuevo México y Oklahoma.

Aunque los padres lo ven como protección para sus hijas embarazadas, el matrimonio infantil suele agravar la situación de estas niñas.

Law señala que esta práctica legitima relaciones y abusos que, de otro modo, se reconocerían como abuso infantil o violación estatutaria.

De Minnesota a Alabama

Por eso Patricia, su madre y Tim primero llegaron a Kentucky, el estado más cercano a Minnesota que permitía casarse a esa edad. Pero las autoridades locales negaron la solicitud.

«Ni pensarlo. Son muy jóvenes», recuerda Patricia que les dijeron. «Tenían razón. Yo era demasiado pequeña».

Entonces continuaron hasta Alabama, donde en ese momento podía casarse con autorización parental. Al llegar al condado sureño de Lauderdale, Patricia y Tim se casaron en minutos.

«No firmé mi acta matrimonial. Aparece mi nombre, pero no tuve que firmarla. Mi madre firmó por mí. Entregó mi vida a un hombre. Así operan estos matrimonios. Otros deciden por ti y no puedes salir hasta los 18», explica.

Las normas han cambiado recientemente. Sin embargo, en 2025 solo 16 estados en EE.UU. y Washington DC imponen 18 años como edad mínima para casarse sin excepciones; esto es lo que reclaman las organizaciones de derechos humanos.

Certificado de matrimonio de Patricia Lane.

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Entre las excepciones está el embarazo, haber dado a luz al hijo del futuro esposo y el consentimiento parental.

Tras su matrimonio, Patricia enfrentó decisiones difíciles, como dar en adopción a su hija y divorciarse. Más adelante, volvió a casarse, esta vez por voluntad propia.

Anastasia Law señala que los estados más permisivos actualmente, sin límite de edad ni necesidad de permiso judicial ni paterno, son California, Misisipi, Nuevo México y Oklahoma.

«Esto implica que un menor de cualquier edad puede casarse con alguien de cualquier edad», explica.

«Una ley federal cerraría lagunas legales que hoy permiten y fomentan el matrimonio infantil y la trata de niños disfrazada de matrimonio», añade.

«Todavía lucha contra el aislamiento»

Para Patricia, su matrimonio a los 14 años fue una imposición familiar que limitó diversos aspectos de su vida, como la educación, las relaciones sociales y su desarrollo profesional.

«Perdí un par de años de estudios. Los recuperé después, pero no es lo mismo», asegura.

Las organizaciones que combaten matrimonios infantiles en EE.UU. señalan que las niñas afectadas suelen aislarse y tienen mayor riesgo de abandonar la escuela, lo cual las hace más dependientes de sus esposos.

«Mi esposo no me permitía tener amigos. Estaba completamente sola. Aún hoy lucho contra el aislamiento. Me siento más cómoda sola que en grupo, porque me cuesta confiar en las personas», describe.

A largo plazo, el matrimonio infantil deja profundas secuelas en quienes participan.

«Finalmente, logré superar esos pensamientos negativos. Pero aún ahora, cerca de los 60 años, todavía me cuesta confiar en mí misma», añade.

Patricia Lane.

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Desde 2018, 16 estados han modificado sus leyes para prohibir el matrimonio infantil, gracias a la labor constante de defensa de víctimas y sociedad civil, aunque aún queda mucho por hacer.

«Creo que muchas personas no comprenden que aún sucede. Piensan que ocurre solo en países en desarrollo o en ciertas religiones, pero no, también sucede en EE.UU.», dice Patricia.

Para Law, la falta de conocimiento sobre el matrimonio infantil en EE.UU., sumada a prejuicios de género arraigados, dificulta los esfuerzos por promover cambios legales en el país.

«Para estos hombres, o mejor dicho pedófilos, casarse es una forma de evitar cargos legales. Les pido a los legisladores que no se lo permitan», reclama Patricia.

«Y para quienes defienden que a los 16 o 17 años ya es amor verdadero… ¡Perfecto! Si es así, seguirá siendo amor verdadero cuando tengan 18», concluye Patricia, 45 años después del matrimonio que firmó su madre.

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