El papel fundamental de Marco Rubio en la estrategia estadounidense para la captura de Maduro y su influencia en el destino de Venezuela

Marco Rubio en una conferencia de prensa en diciembre de 2025

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Donald Trump lo apodó «pequeño Marco» durante las primarias republicanas de 2016. En su rol actual como secretario de Estado en el gobierno de Trump, su participación ha sido menor en comparación con los enviados especiales en regiones como Medio Oriente.

Sin embargo, el ataque en Venezuela y la detención del presidente Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero evidencian que Marco Rubio es la figura central en la administración actual cuando se trata del «hemisferio occidental».

El exsenador de Florida, con 54 años, encabeza cuatro organismos dentro del gobierno estadounidense. Es la primera persona desde Henry Kissinger, hace cinco décadas, en ocupar simultáneamente los cargos de secretario de Estado y consejero de seguridad nacional. Además, ejerce como administrador interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y como jefe en funciones de la Administración Nacional de Archivos y Registros.

Tras la operación sin precedentes en suelo venezolano, que diversos expertos en derecho internacional catalogaron como ilegal, Rubio ha sido el encargado de comunicarse con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Ambos mantienen el diálogo en español, idioma que Rubio domina con fluidez, según aseguró Trump en una entrevista con la cadena NBC.

El secretario de Estado se ha mostrado como la voz constante que defendió la acción en los principales medios de comunicación estadounidenses.

«Esto no fue una invasión, no ocupamos ningún país… Esto no es Medio Oriente y la misión aquí es muy distinta. Esto corresponde al hemisferio occidental», afirmó en ABC.

Los acontecimientos en Venezuela representan el desenlace de un proceso de años durante el cual Rubio, hijo de migrantes cubanos, ha buscado influir en la dirección política de América Latina.

Pete Hegseth, secretario de Defensa, John Ratcliffe, director de la CIA, Marco Rubio y Donald Trump

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Influenciado por su contexto

Los progenitores de Rubio abandonaron Cuba en búsqueda del “sueño americano”. Emigraron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del ascenso de Fidel Castro y del establecimiento de un gobierno comunista en la isla. Su padre trabajaba como camarero en banquetes y su madre como camarera en hoteles.

Rubio nació en 1971 y seguramente creció escuchando relatos de exiliados cubanos que no podían regresar a su país. Este ambiente influyó decisivamente en su trayectoria política, primero en la Cámara de Representantes de Florida y después en el Senado en Washington.

«Marco Rubio mantiene un interés por América Latina que se remonta a su niñez como cubano-americano», afirma a BBC Mundo el especialista venezolano Alejandro Velasco, profesor de historia en la New York University.

«No solo muestra interés, sino un verdadero empeño, especialmente sobre la confrontación ideológica en América Latina entre izquierda y derecha, comunismo y capitalismo», agrega el experto.

Durante su etapa como senador, no solo fue protagonista sino también moldeado por su entorno.

«Las políticas del sur de Florida están influenciadas por la diáspora cubano-americana y, en los últimos 15 o 20 años, también por un aumento en la inmigración venezolana, primero durante el mandato de Hugo Chávez y luego en cifras mayores bajo Nicolás Maduro desde 2013».

Maduro escoltado por agentes federales en Nueva York

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«Enfoca su atención en Venezuela»

«Desde la administración de Donald Trump, Rubio ha concentrado su interés en Venezuela, principalmente como un medio para lograr un objetivo final: el cambio de régimen en Cuba», explica Velasco.

El experto atribuye esto a dos motivos.

«Primero, porque el contexto de venezolanos expatriados en Estados Unidos y otras partes del mundo creó la narrativa de que el gobierno de Maduro es muy débil».

«Además, Venezuela tiene un gobierno en el exilio. A partir de 2019 se intentó conformar un gobierno paralelo al de Maduro, liderado por Juan Guaidó, opositor en la Asamblea venezolana. Sobre él recayó la expectativa de encabezar una transición que hiciera caer el régimen, lo cual resultó ficticio».

Ni Obama ni Trump mostraron intención de emprender acciones militares en Venezuela. Incluso, al inicio del segundo mandato de Trump, la estrategia inicial fue negociar con el régimen. El enviado especial estadounidense, Richard Grenell, visitó Caracas a fines de enero de 2025 y logró la liberación de ciudadanos estadounidenses presos en Venezuela.

El cambio de rumbo ocurrió cuando Rubio alcanzó lo que Velasco define como «uno de sus mayores logros»: alinear en torno a Venezuela los intereses de distintos actores clave del gobierno estadounidense.

Stephen Miller, consejero para la política interna y jefe adjunto de gabinete en la Casa Blanca, dialogando con Rubio

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Presión sobre Maduro

Durante el segundo mandato de Trump, Rubio ganó mayor influencia como secretario de Estado.

«Ocupar el cargo de consejero de seguridad nacional le brinda acceso no solo a la esfera diplomática, sino también a todas las ramas militares y de inteligencia en Estados Unidos», puntualiza Velasco.

Rubio pasó los meses previos a la operación del 3 de enero diseñando la estrategia sobre Venezuela en encuentros en la Casa Blanca con Stephen Miller, según fuentes citadas por CNN. Miller, de postura ultraconservadora, es consejero para política interna, jefe adjunto de gabinete en la Casa Blanca y arquitecto de la política migratoria del gobierno.

El cerco contra Maduro se fue consolidando poco a poco.

En julio, el Departamento de Estado agregó a su lista de organizaciones terroristas extranjeras al cartel de los Soles, presuntamente un grupo narcotraficante dirigido, según EE.UU., por Maduro. (Esta acusación fue retirada recientemente y no figura entre los cargos contra el exmandatario venezolano).

En agosto, se incrementó a 50 millones de dólares la recompensa por la captura de Maduro y ese mismo mes se desplegaron buques estadounidenses en el Caribe.

Tras la detención de Maduro, un grupo de altos funcionarios de confianza de Trump encabezará la estrategia estadounidense en Venezuela.

Entre sus miembros se encuentran Rubio, Miller, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el vicepresidente J. D. Vance.

«Cada uno aporta diferentes capacidades», declaró Trump el lunes en una entrevista en la cadena NBC.

Según Miller, Rubio será quien lidere este grupo bajo «la guía de Trump», como manifestó el lunes a la prensa local.

Delcy Rodríguez

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Venezuela, considerado un «elemento clave»

Según Velasco, Rubio ha sido en gran medida el artífice de la estrategia de EE.UU. hacia Venezuela.

«Lo que Rubio ha conseguido en los últimos siete meses es unificar agendas que estaban divididas dentro del gobierno de Trump en torno a Venezuela, usándola como un elemento central para avanzar diversas iniciativas».

«En el caso de Stephen Miller, su interés no son los recursos petroleros de Venezuela, sino otras dos cuestiones. Una es establecer un gobierno o cierta estabilidad para poder deportar a los migrantes venezolanos que han llegado a EE.UU. en la última década, eliminando el argumento de que no pueden regresar a su país. Con una postura abiertamente racista y xenófoba, Miller no oculta su objetivo de expulsar la mayor cantidad posible de migrantes», explica Velasco.

«Por otro lado, se busca consolidar a Estados Unidos no solo como potencia, sino como el poder dominante del hemisferio».

Con respecto a Pete Hegseth, Velasco señala que su deseo es «rememorar una época en la cual el poder militar estadounidense era indiscutible alrededor del mundo. Busca no una ofensiva a distancia, como la llevada a cabo en Irán, sino una acción bélica directa, contundente y espectacular».

Rubio ha logrado amalgamar estas distintas agendas para afirmar: «todos podemos avanzar nuestras metas: derribar al gobierno cubano, acceder al petróleo —que es lo que más interesa a Trump—, ejecutar una acción militar impactante y lograr la expulsión de migrantes venezolanos mediante una operación precisa si se negocia con los remanentes del régimen».

María Corina Machado en una manifestación en Caracas en 2025

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Alejamiento de la oposición

Rubio respaldó la fallida estrategia de reconocer a Juan Guaidó como «presidente interino» de Venezuela en 2019, en reemplazo de Maduro.

Como senador, afirmó que Edmundo González, con el apoyo de María Corina Machado, ganó las elecciones venezolanas de 2024, e incluso propuso a Machado para el Premio Nobel de la Paz.

Actualmente, sin embargo, mantiene diálogo con Delcy Rodríguez, y Trump señaló que Machado carece del «apoyo y respeto necesarios en el país».

Velasco destaca que primero debe aclararse que «existen múltiples oposiciones dentro de Venezuela».

«Hay una oposición fuerte, encabezada por María Corina Machado, cuyo centro de poder reside fuera de Venezuela; y otra que está dentro del país, cuya estrategia consiste en posicionarse dentro del Estado madurista y chavista para, a largo plazo, generar un cambio democrático».

«Estas diversas oposiciones explican, en parte, que ni Rubio ni Trump hagan siquiera mención a la palabra democracia».

«Lo fundamental para Rubio es el petróleo y la estabilidad. Su prioridad es reposicionar a Estados Unidos como el poder dominante en América Latina».

El experto habla de un «error de cálculo» por parte de la oposición. Machado y otros intentaron convencer a Rubio y Trump de que la democracia debía ser prioridad, seguida por los acuerdos.

«Pero Delcy Rodríguez y su entorno comprendieron que ni Trump, ni probablemente Rubio, están interesados en el tema democrático».

Rubio habla con la prensa a la salida de una sesión de información sobre Venezuela en el Congreso. A su izquierda se ve al secretario de Defensa, Pete Hegseth

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«Tres etapas» de la intervención en Venezuela

El sábado, Trump generó incertidumbre al afirmar que Washington administraría el país «hasta que pueda realizarse una transición segura, adecuada y juiciosa».

Por su parte, Rubio se mostró más prudente, anticipando que Estados Unidos impondrá su influencia para implementar su voluntad.

Trump advirtió que si Delcy Rodríguez no cumple con las indicaciones de Washington, su destino sería «peor que el de Maduro».

Durante una sesión informativa en el Congreso este miércoles, Rubio detalló las tres fases de la intervención estadounidense en Venezuela.

«El primer paso es estabilizar el país. No queremos que caiga en el caos», afirmó. La segunda etapa es la «recuperación, que implica garantizar que empresas estadounidenses, occidentales y de otros países accedan al mercado venezolano de manera justa». Paralelamente, explicó, se iniciará un proceso de «reconciliación nacional para que las fuerzas opositoras puedan ser amnistiadas, liberadas de prisión o repatriadas al país para comenzar a restaurar la sociedad civil».

«Finalmente, la tercera fase será la transición», añadió.

Rubio aseguró que la «cuarentena» contra los buques que exportan crudo venezolano permanece vigente.

«Esa es una enorme capacidad de influencia que continuará hasta que observemos cambios que no solo promuevan el interés nacional estadounidense, que es prioridad, sino que también conduzcan a un futuro mejor para el pueblo venezolano», declaró Rubio el domingo al programa Face the Nation de CBS.

Según Velasco, lo que Washington expresa es: «vamos a mantener control, no de forma directa, sino mediante una especie de extorsión. Mantendremos el bloqueo y estableceremos las pautas que el nuevo gobierno de Venezuela debe cumplir; de no hacerlo, enfrentará la posibilidad de una nueva intervención».

Sin embargo, el especialista considera exagerado afirmar que EE.UU. ahora dispone de plataforma completa para actuar sin límites. «Existe un límite fundamental, y ese es que, por ahora, Trump no muestra compromiso real para desplegar tropas estadounidenses para efectuar un cambio de régimen si Venezuela no cumple al pie de la letra con las indicaciones del gobierno estadounidense».

Esto proporciona cierto margen de maniobra a Delcy Rodríguez y su entorno, según Velasco.

«Creo que apuestan a evitar una intervención a gran escala. En las próximas semanas y meses probablemente busquen negociar con EE.UU., no solo por miedo a bombardeos».

«Desean mantenerse en el poder y negociar con Estados Unidos, lo que les permitiría gestionar recursos para lograr una mejora económica. Así, la población, aunque con muchas oposiciones tanto al gobierno de Maduro como al de Delcy, podría preferir la estabilidad económica antes que un cambio hacia un gobierno, por ejemplo, de María Corina Machado».

Rubio cabizbajo con un mapa detras en el que se ve el continente americano durante una conferencia de prensa en 2025

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«Un nuevo orden mundial»

Junto a Stephen Miller, Rubio promueve «una visión alternativa del poder global», sostiene Velasco.

«Creo que estamos al borde de un cambio profundo si regiones como Europa o partes de América Latina y Asia no expresan críticas a lo que ocurre».

«Nos encaminamos hacia un nuevo orden mundial donde el poder en su forma más desnuda prevalece, siendo lo único que importa».

El especialista considera que, además de su papel en Venezuela, el objetivo a corto plazo de Rubio es provocar o acelerar la caída del régimen cubano.

Trump sugirió el domingo que una intervención militar en Cuba no es necesaria porque el país «está a punto de caer». «Cuba actualmente no tiene ingresos», agregó. «Obtienen toda su financiación de Venezuela, del petróleo venezolano».

Rubio, por su parte, afirmó que «si viviera en La Habana y formara parte del gobierno, estaría algo preocupado».

Velasco opina que, a mediano o largo plazo, las metas de Rubio son más amplias.

«Por un lado, están las amenazas contra Gustavo Petro en Colombia, Claudia Sheinbaum en México y otros gobiernos. Por otro, el apoyo a movimientos como el de Milei en Argentina, Kast en Chile, Noboa en Ecuador y Bukele en El Salvador, lo que indica que se perfila una situación donde la dinámica de alternancia entre izquierdas y derechas en América Latina será más difícil. Ese cambio cíclico electoral entre derecha e izquierda será más complicado».

«Pienso que el objetivo a largo plazo de Rubio es romper esa lógica histórica y establecer: ‘sí podemos lograr un cambio no solo de régimen, sino de esfera de poder. Así, ya no habrá que preocuparse por movimientos de izquierda en el futuro si Estados Unidos logra consenso con partes de América Latina en que este es el nuevo modelo para el siglo XXI. Habrá que negociar con Estados Unidos, por las buenas o por las malas, o enfrentar consecuencias’».

«Esto es lo que parece perfilarse en el futuro».

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