El piragüista español comparte su estrategia para asegurar su economía tras abandonar la competición profesional.
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Marcus Cooper es un abanderado olímpico, medallista mundial y una figura destacada del piragüismo español. No obstante, al hablar de dinero, no transmite la imagen de un atleta de élite que disfruta de una gran fortuna.
Su discurso parece el de un contador cauto, consciente de que su carrera deportiva tiene un límite temporal. «Prefiero intentar invertir lo que gano, no soy de gastar de forma impulsiva», afirmó en una entrevista con Jot Down Sport.
Esta declaración no es una simple frase hecha. Es una filosofía aplicada de forma estricta desde que Cooper empezó a percibir ingresos como piragüista profesional. Mientras que algunos colegas celebraban sus logros con compras impulsivas, Cooper ideaba lo que denomina el «Plan Cooper», una estrategia doble de inversión: financiera y de salud.
El concepto detrás del Plan Cooper es sencillo pero inusual en el deporte español: invertir no solo en activos económicos, sino también en hábitos que permiten mantener la capacidad para generar ingresos durante más tiempo.
Para Cooper, adquirir un fondo de inversión resulta tan crucial como invertir en un entrenador de máximo nivel, en nutrición especializada o en un descanso planificado. Ambas inversiones aportan beneficios: una en términos económicos y otra en forma de años adicionales compitiendo a alto nivel.
Marcus Cooper, campeón olímpico. Foto: Instagram. (@marcuscooperwalz)
En el capítulo 39 del podcast La Bolsa de Deporte de MAPFRE, Cooper expone cómo organiza su patrimonio aplicando principios semejantes a los de su entrenamiento: disciplina, visión a largo plazo, rutina y perseverancia.
Lo que distingue a Cooper de otros deportistas que invierten es su visión realista del futuro. Tiene claro que el piragüismo no le proporcionará ingresos a los 40 años y conoce los límites biológicos de su cuerpo que ni el entrenamiento puede superar.
Por eso, cuando afirma «no soy de gastar tontamente», no presume de frugalidad, sino que describe una táctica para garantizar su estabilidad financiera post-retiro.
Cooper aplica sus recursos en lo que denomina «elementos que otorgan libertad»: inversiones financieras que generan flujo constante de caja, formación profesional para emplearse tras el deporte, y hábitos saludables que reducen futuros costos médicos. Todo ello calculado con la precisión con la que mide sus tiempos en el agua.
El Plan Cooper también contempla un componente estratégico de salud. Para él, invertir en fisioterapia preventiva, análisis biomecánicos y recuperación avanzada resulta tan rentable como adquirir acciones. Cada euro destinado a salud extiende su carrera, incrementando sus ingresos por patrocinadores, premios y competencias.
Lo llamativo del Plan Cooper es que no depende de altos ingresos para funcionar. Se adapta a cualquier nivel económico porque es un sistema basado en porcentajes: X% para inversiones, Y% para gastos indispensables y Z% para salud y formación. La clave está en mantener esas proporciones constantes, pese a variaciones en sus ingresos.
En el podcast de MAPFRE, Cooper destaca que la mentalidad del deportista de élite se puede trasladar a la gestión financiera personal: sacrificio a corto plazo para obtener beneficios a largo plazo.
Marcus Cooper no aboga por la carencia, sino por la inteligencia financiera. La frase «Invierto lo que gano, no gasto tontamente» no implica restricción, sino libertad. Porque, al final, la auténtica libertad no consiste en poder comprar lo que se quiera hoy, sino en tener la capacidad de decidir qué hacer con la vida tras finalizar la etapa deportiva.

