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Información del artículo
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- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, BBC News Mundo
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La detención del expresidente Nicolás Maduro ha marcado el inicio de un periodo de incertidumbre que trasciende a Venezuela y afecta también al país que ha sido su principal aliado hasta ahora.
«Cuba está lista para caer», afirmó el presidente Donald Trump tan solo un día después de que, en la madrugada del sábado 3 de enero, fuerzas estadounidenses atacaran Caracas y se llevaran a Maduro junto a su esposa, Cilia Flores, para juzgarlos en Nueva York.
Trump ha reiterado en los últimos días que el régimen cubano depende del suministro petrolero venezolano y que, si este se interrumpe, perderá sus ingresos y colapsará por sí solo sin necesidad de acción militar.
Desde La Habana, las autoridades han condenado en varias ocasiones la operación estadounidense en Caracas y han prometido defenderse ante cualquier agresión, aunque nunca han negado la advertencia de Trump sobre el estado crítico de la economía cubana.
En medio de este contexto surgen interrogantes: ¿Cuál es la situación actual de Cuba? ¿Cómo repercutirán los cambios en Venezuela? ¿Es factible que colapse como sostiene Trump?
Una economía al borde
Cuba atraviesa una crisis económica severa, algo que el propio gobierno ya no intenta ocultar.
El presidente Miguel Díaz-Canel admitió que «esto no es una crisis común», sino «el resultado de acumulación de distorsiones, adversidades, problemas propios y agravados por un bloqueo externo extremadamente agresivo».
La economía lleva años estancada, con incapacidad para saldar sus múltiples deudas o conseguir financiamiento externo, producción en declive y dificultades para garantizar alimentos y productos esenciales a una población afectada diariamente por prolongados cortes eléctricos.
El producto interior bruto (PIB) cayó más del 4% hasta el tercer trimestre de 2025 según cifras oficiales recientes, y las previsiones para el fin de año indican un desempeño aún peor debido al empeoramiento de la crisis energética y al impacto del huracán Melissa.

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El principal problema reside en que la crisis afecta a todos los sectores, especialmente al productivo.
Según datos oficiales, la producción industrial en 2024 registró el nivel más bajo en cuatro décadas, y todo indica que en 2025 se ha contraído aún más.
La agricultura se encuentra en niveles mínimos debido a la gestión estatal ineficiente y a la falta de fertilizantes y combustibles; por su parte, el turismo internacional, fuente esencial de divisas, cerró 2025 con menos de dos millones de visitantes, la cifra más baja en más de 20 años exceptuando la pandemia.
Además, existe una severa escasez de medicamentos en medio de brotes simultáneos de dengue, zika y chikungunya, mientras que la cartilla de racionamiento se ha reducido a niveles que no garantizan la subsistencia de las familias.
La inflación también afecta a los ciudadanos: el peso cubano ha caído considerablemente respecto al dólar en los últimos años, y en junio de 2025 la tasa interanual alcanzó el 14,75% en precios al consumidor.
Para empeorar la situación, el embargo financiero y comercial impuesto por EE.UU. desde 1960, reforzado durante los mandatos de Trump, añade una pesada carga a una economía ya debilitada, con escaso margen de maniobra y excluida de los mercados internacionales.
El punto más crítico de la crisis cubana, sin embargo, es la situación extremadamente precaria de su sistema energético.
«En muchas regiones del país, los cortes eléctricos superan las 20 horas diarias, dejando sólo cuatro horas de luz, lo cual es una situación complicada», explica a BBC Mundo el economista Omar Everleny, exdirector del centro de estudios económicos de la Universidad de La Habana.

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Más allá del deterioro de las plantas eléctricas en la isla, los apagones se deben principalmente a la escasez de petróleo que las alimenta, lo que afecta también al transporte, la producción y la vida cotidiana.
Cuba requiere alrededor de 110.000 barriles diarios para operar normalmente, pero produce alrededor de 40.000 de ellos, por lo cual depende en gran medida del petróleo externo.
Específicamente, de dos proveedores casi exclusivos: Venezuela y México.
¿Cuánto depende del petróleo de Venezuela?
En los últimos años, la relación económica entre Cuba y Venezuela se ha limitado a un intercambio particular.
«Cuba ofrece servicios médicos, educativos, entrenadores deportivos, y ahora se confirmó –aunque ya se sabía– que también servicios de seguridad y militares, a cambio del petróleo venezolano», señala a BBC Mundo el economista Ricardo Torres, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de la American University en Washington DC.
Esto ocurre porque Venezuela prácticamente no exporta otros productos, Cuba carece de divisas para pagar el crudo y no existen inversiones bilaterales relevantes desde que PDVSA abandonó la isla en 2017.

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Durante años, el petróleo venezolano fue la columna vertebral del sistema energético cubano, llegando a enviar cerca de 100.000 barriles diarios en la época de máxima colaboración entre Hugo Chávez y Fidel Castro a principios de este siglo.
No obstante, el suministro ha ido decreciendo sostenidamente según distintas fuentes, debido a la falta de cifras oficiales confiables.
Omar Everleny precisa que se pasó de esos volúmenes iniciales a un promedio de «58.000 barriles diarios, luego a 38.000 y finalmente en 2025, nunca superaron los 30.000, llegando algunos meses a caer hasta los 18.000».
«Cuba ya se estaba ajustando a esta reducción constante del flujo desde Venezuela», aclara.
La agencia Reuters calcula que Venezuela proveyó en promedio unos 27.000 barriles diarios de petróleo a Cuba, basándose en seguimientos de tanqueros y documentos de PDVSA, cubriendo hasta ahora casi la mitad del déficit energético que enfrenta la isla.
¿Y qué sucede con el crudo mexicano?
En relación a México, la petrolera estatal Pemex confirmó en diciembre, en un informe ante autoridades bursátiles de Estados Unidos, que su filial Gasolinas Bienestar envió a Cuba aproximadamente 17.200 barriles diarios de crudo y 2.000 barriles diarios de derivados entre enero y septiembre de 2025, por un valor cercano a los 400 millones de dólares.
El portal mexicano Proceso señala que durante los primeros diez meses de 2025 los envíos de petróleo mexicano a Cuba aumentaron un 121% en comparación con el mismo lapso del año anterior.
Surge entonces una duda: Si Cuba está en bancarrota, ¿cómo cubre los pagos por el petróleo mexicano?
Ni la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ni Pemex ni su filial han ofrecido una explicación clara.
Consultada por un periodista local, Sheinbaum dijo en una rueda de prensa que los envíos de petróleo mexicano a Cuba se realizan por dos vías: a través de «contratos» y «ayuda humanitaria».
A pesar de los datos señalados, la presidenta aseguró que «no se está enviando más petróleo que en periodos históricos, no hay un envío particular».

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Cuba envía personal médico a México (se otorgaron 3.650 visados a doctores en los últimos siete años, según el último reporte oficial de la cancillería mexicana de octubre), pero se desconoce si este servicio compensa en parte los envíos de petróleo.
«Supongo que Cuba no está pagando por ese petróleo, porque si pudiera adquirirlo cuando lo necesite, lo haría en cualquier lugar. El problema es que no tiene dinero y tiene deudas con todos», concluye el economista Ricardo Torres.
En cualquier caso, la opacidad sobre la naturaleza y el método de pago ha situado los envíos petroleros mexicanos a Cuba en el centro del debate.
Lo que antes era un intercambio casi discreto ha cobrado una relevancia geopolítica, pues define en gran medida la supervivencia energética de Cuba, en especial si se interrumpe el flujo venezolano.
Esto no ha pasado desapercibido en Estados Unidos: altos funcionarios y congresistas han comenzado a vigilar con atención los envíos mexicanos, según fuentes de Washington a medios como Reuters y Financial Times, aunque por ahora no se han anunciado sanciones o amenazas contra el gobierno de Sheinbaum.
¿Se desplomará Cuba como sugiere Trump?
¿Qué pronóstico tiene Cuba para 2026? ¿Se quedará sin combustible? ¿Podría colapsar realmente, tal como sostiene Trump?
Cualquier respuesta resulta especulativa, por lo que solo queda examinar el presente para buscar posibles indicios.
El gobierno cubano ha prometido que 2026 será un año de recuperación económica, con un crecimiento del PIB del 1%, siempre y cuando se recuperen el turismo, las exportaciones, la producción, los servicios y la financiación.
Sin embargo, ni los optimistas dentro ni fuera de la isla creen que esto sea alcanzable.

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Una reducción en el suministro petrolero podría dejar casi a oscuras a un país que ya afronta apagones prolongados, dificultar aún más la producción y el transporte de bienes esenciales y desalentar el turismo extranjero.
Además, unos 2,7 millones de cubanos han abandonado la isla desde la pandemia, en un éxodo masivo, según el demógrafo Juan Carlos Albizu Campos.
Con esta emigración, Cuba no solo perdió más de un cuarto de su población –que de más de 11 millones se estima entre 8 y 9 millones– sino también a numerosos jóvenes cualificados que podrían contribuir a reactivar su economía.
Un cese total del petróleo venezolano, que cubre cerca de un tercio de la demanda energética cubana, sería un golpe devastador.
«Si esto ocurre, y creo que ocurrirá, situaría al país al límite, porque ¿cuánto más pueden restringir la electricidad a la población? Sería dejarla sin electricidad por completo», advierte el economista Ricardo Torres.
Torres agrega que aunque continúe el suministro mexicano, el sistema eléctrico y el transporte en la isla correrían el riesgo de paralizarse casi totalmente.
Además, recuerda que Trump tiene otras cartas para presionar a Cuba, como suspender vuelos, disminuir o eliminar el envío de remesas o cortar exportaciones de algunos productos exentos del embargo estadounidense.
No obstante, los expertos no creen que una presión económica total de la isla derive necesariamente en un cambio político.
La reciente migración ha removido a las pocas figuras opositoras que quedaban en una isla gobernada por el Partido Comunista, único partido legal, y el régimen de Díaz-Canel ha intensificado la represión al disenso casi aniquilándolo desde las protestas históricas del 11 de julio de 2021.
«Aunque nos retrocedan a la época de las cavernas, esto no cambiará», declaró un cubano en anonimato a BBC Mundo, reflejando el ambiente de pesimismo y resignación imperante en la isla.

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Por otro lado, las opciones de asistencia externa a corto plazo son muy limitadas: las contribuciones de aliados distantes como Rusia o China han sido marginales en comparación con el petróleo proveniente de Venezuela.
Cuba mantiene además deudas significativas con esos países, por lo que no se espera que incrementen sus inversiones o amplíen financiación, y tampoco se perciben otras fuentes externas de crédito, ya que está excluida de los circuitos internacionales y en mora con sus acreedores, incluidos los miembros del Club de París.
Por eso, en lugar de prever un colapso inmediato, la mayoría de expertos prevén un agravamiento de la crisis hasta un punto límite muy difícil de sostener.
«La gente en Cuba ya está en modo supervivencia. Si hay apagones, falta de medicinas, alimentos y transporte, eso indica un nivel mínimo para subsistir. No sé si se pueda caer más, pero están muy cerca del último nivel posible», señala el economista Omar Everleny.
Sin señales claras de solución, las consecuencias políticas, sociales y humanitarias de alcanzar ese escenario extremo siguen siendo una incógnita.
BBC Mundo solicitó una entrevista con autoridades cubanas para este artículo, sin obtener respuesta.

