La falta de descanso o los despertares recurrentes pueden ocasionar efectos significativos en la salud física y mental de los niños a medio y largo plazo. Evitar estas situaciones recae en la responsabilidad de los padres
Cuando un adulto despierta tras haber dormido 8 horas seguidas y lo hace sintiéndose descansado, suele decir que ha “dormido como un bebé”. Esta expresión implica que se ha levantado renovado y con energía para afrontar el día. Sin embargo, no todos los bebés duermen sin interrupciones. A pesar de que la investigación sobre el sueño infantil es limitada, los estudios existentes indican que los niños, al igual que los adultos, también presentan trastornos del sueño.
Por ejemplo, una revisión de diversos estudios señala que entre el 13% y el 27% de los padres con hijos de 4 a 12 años reportan problemas relacionados con el sueño, tales como resistencia a la hora de acostarse, ansiedad en el momento de ir a dormir, dificultad para iniciar el sueño, colecho reactivo, ronquidos, enuresis, despertares nocturnos, pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo, despertar prematuro y somnolencia durante el día.
Entre las diversas alteraciones del sueño, la Dra. Milagros Merino Andreu, especialista en la Unidad de Trastornos de Sueño del Servicio de Neurología del Hospital Ruber Internacional, destaca que el insomnio es el problema más común, afectando a un tercio de los niños en edad preescolar, seguido por el sonambulismo, las pesadillas, el síndrome de retraso de fase del sueño (común en adolescentes), las apneas obstructivas y el síndrome de piernas inquietas.
Asimismo, “en los más pequeños son frecuentes los despertares nocturnos repetidos (insomnio de mantenimiento), la inquietud durante el descanso y las dificultades para conciliar el sueño”, mientras que “en adolescentes el trastorno más común (síndrome de retraso de fase del sueño) se caracteriza por un sueño estable pero con problemas para quedarse dormidos”, explica la doctora.
¿Quién o qué genera que un niño tenga un sueño deficiente?
Dejando de lado el problema en sí, ahora se analiza la causa, es decir, las motivos que dificultan que un niño tenga un sueño reparador pese a contar con las condiciones adecuadas para ello.
Según la experta en medicina del sueño, “tradicionalmente se consideraba que el insomnio infantil más común era de tipo primario, es decir, relacionado con asociaciones inapropiadas o falta de límites”. Sin embargo, “actualmente se sabe que, aunque estos factores pueden estar presentes, siempre se debe descartar una causa orgánica, como reflujo gastroesofágico, dermatitis atópica o deficiencia de hierro en sangre. Esta última condición se detecta cada vez más en consulta y su tratamiento, aunque no sea la única causa del insomnio, mejora notablemente el sueño”, continúa la especialista.
Si aparecen ojeras, fatigabilidad, irritabilidad…
Cuando se presentan uno o varios de estos signos, surgen síntomas que alertan a los padres sobre la presencia de insomnio. Esto suele traducirse en una reducción de la duración del descanso o en un sueño poco reparador. “En los niños menores, que no pueden expresar esta última sensación, es posible identificar signos indirectos como ojeras, fatiga o irritabilidad. En general, a cualquier edad, la falta de sueño se manifiesta mediante dificultades para conciliar el sueño, resistencia a acostarse, despertares frecuentes, episodios prolongados de vigilia o despertar temprano (esto último es menos común en la infancia)”, resume Merino.
¿Un niño con insomnio será un adulto insomne?
Si se detecta que el niño presenta problemas de sueño de forma frecuente (al menos la mitad de los días) y además “hay repercusiones durante el día, como fatiga, déficit de atención, irritabilidad, inquietud, dificultades de aprendizaje, impulsividad, pérdida de energía, conflictos y peleas o somnolencia excesiva”, es momento de consultar al médico. De hecho, cuanto antes se intervenga, mejor, ya que “el insomnio infantil es relativamente fácil de tratar en la infancia. En la edad adulta, la dificultad aumenta debido a factores añadidos como hipotecas, empleo, relaciones personales y adolescentes en casa”, advierte la especialista, quien sostiene que “un niño con insomnio no tratado corre el riesgo de convertirse en un adulto con insomnio”.
¿Cómo impacta en su vida diaria: hogar, colegio…?
Si los trastornos del sueño persisten, el niño puede desarrollar patologías similares a las del adulto insomne, como “enfermedades cardiovasculares (especialmente si hay apneas, que pueden provocar arritmias o hipertensión), problemas endocrino-metabólicos (sobrepeso u obesidad, intolerancia a la glucosa), alteraciones del sistema inmunológico (mayor susceptibilidad a infecciones) y efectos a nivel psiquiátrico, cognitivo y sobre las funciones ejecutivas (déficit de atención, hiperactividad, impulsividad, dificultad para la memoria, ansiedad, depresión)”, detalla la experta, quien añade que el insomnio infantil suele afectar también al “bienestar familiar y al rendimiento escolar”.
Para evitar estas consecuencias y recuperar un sueño adecuado existen diferentes opciones. No obstante, “lo más relevante es que el tratamiento farmacológico no sea ni el único ni el primero en aplicarse”, señala Merino.
“La terapia cognitivo-conductual, desarrollada por el pediatra Richard Ferber en 1985, consiste en enseñar técnicas que favorecen conductas adecuadas, con efectos duraderos y eliminando creencias erróneas sobre el sueño en niños. En Europa, estas estrategias suelen combinarse con productos que facilitan el sueño. En cuanto a fármacos, se pueden emplear melatoninas (de liberación inmediata, modificada o prolongada), con o sin triptófano, triptófano solo, antihistamínicos (difenhidramina, hidroxicina) a bajas dosis, y como segunda o tercera opción, clonazepam o clonidina. Si el insomnio es consecuencia de una deficiencia de hierro, se inicia tratamiento con derivados orales de hierro”, concluye la experta.
5 recomendaciones para combatir el insomnio infantil en casa
Además de seguir el tratamiento indicado por el especialista que atienda al niño, es recomendable complementarlo en casa manteniendo una higiene del sueño adecuada. Según Merino, “aunque en muchos casos no es suficiente por sí sola, una correcta higiene del sueño siempre resulta imprescindible”.
Para ello, la especialista propone los siguientes consejos:
- Establecer rutinas regulares antes de dormir, con horarios fijos para acostarse, levantarse y para las comidas.
- Tener un dormitorio confortable (con temperatura adecuada entre 19 ºC y 22 ºC y ambiente silencioso).
- No usar la hora de dormir como castigo, evitando asociar negativamente ir a la cama o al cuarto.
- Fomentar la actividad física durante el día y favorecer el consumo de hidratos de carbono y alimentos ricos en triptófano en la cena.
- Evitar:
- Realizar ejercicio intenso al final del día.
- Uso de dispositivos electrónicos al menos 1 hora antes de dormir.
- Comer al menos una hora antes de acostarse.
- Consumir chocolate, cafeína o bebidas estimulantes después del mediodía.
- Consumo de tabaco y alcohol al atardecer (en adolescentes).

