“Es común que los adolescentes sean noctámbulos, por lo que permitirles recuperar el sueño durante el fin de semana probablemente les brinde cierta protección”, afirma la psicóloga Melynda Casement
Seguir en
Dormir más tiempo durante el fin de semana para compensar el sueño perdido en días laborales podría beneficiar la salud mental de adolescentes y jóvenes adultos, de acuerdo con un nuevo estudio desarrollado por la Universidad de Oregón y la Universidad Médica Upstate, perteneciente a la Universidad Estatal de Nueva York, en Estados Unidos.
El estudio indica que los jóvenes entre 16 y 24 años que recuperaron las horas de sueño durante el fin de semana mostraron un 41 % menos de probabilidad de presentar síntomas depresivos en comparación con quienes no lo hicieron.
Los hallazgos, difundidos en la revista Journal of Affective Disorders, destacan la conexión estrecha entre el descanso y la salud mental en una etapa marcada por dificultades para dormir y mayor susceptibilidad a trastornos depresivos.
Entre ocho y diez horas de sueño
La investigación brinda una mirada inicial al efecto del sueño de recuperación los fines de semana en adolescentes estadounidenses, un campo poco estudiado hasta ahora. Estudios previos se concentraron principalmente en jóvenes en edad escolar de países como China y Corea del Sur.
De cualquier modo, los autores recuerdan que es común que los adolescentes acumulen déficit de sueño a lo largo de la semana. Las obligaciones escolares, la vida social, actividades extracurriculares y, en varios casos, un empleo tras las clases limitan el tiempo disponible para descansar adecuadamente.

Desde hace años, los especialistas en sueño aconsejan que los adolescentes descansen entre ocho y diez horas por noche y mantengan horarios constantes. Sin embargo, reconocen que esta recomendación no siempre es alcanzable. “No es práctico para numerosos adolescentes, ni para la población en general”, comenta Melynda Casement, psicóloga colegiada y profesora asociada en la Universidad de Oregón.
Aunque cumplir con el tiempo recomendado cada noche sigue siendo lo ideal, los investigadores subrayan que, cuando no es factible, dormir más durante el fin de semana puede contribuir a disminuir la probabilidad de síntomas depresivos. “Que los adolescentes sean noctámbulos es común, por eso permitirles recuperar el sueño los fines de semana probablemente les proporcione cierta protección”, agrega Casement.
Cambios en el sueño
Los ritmos circadianos, que regulan los ciclos de sueño, empiezan a alterarse durante la adolescencia. Esta modificación biológica dificulta que muchos adolescentes puedan dormirse temprano, a diferencia de lo que sucedía en etapas anteriores.
“En lugar de madrugar, se convierten en noctámbulos”, señala Casement. Este retraso en el inicio del sueño se intensifica en la adolescencia y puede mantenerse hasta los 18 o 20 años, cuando el patrón comienza a normalizarse de nuevo.

El esquema de sueño común en esta etapa suele situar la hora de acostarse alrededor de las 23:00 y el despertar cerca de las 8:00. Esta rutina se enfrenta a los horarios tempranos de inicio de clases en numerosos centros educativos, lo que ha motivado a varios expertos a proponer un comienzo más tardío de las jornadas escolares.
La depresión es una de las principales causas de discapacidad en jóvenes entre 16 y 24 años. En este contexto, la discapacidad se define como la reducción en el rendimiento cotidiano, como ausentarse del trabajo o llegar tarde con regularidad. Por ello, entender cómo factores como el sueño afectan la salud mental es fundamental para desarrollar futuras estrategias preventivas, concluye Casement.
