Descubre el encantador pueblo medieval de Canarias con museo del gofio y almendros florecientes este invierno

Este caserío en el Valle de Garafía destaca por su legado aborigen, su museo dedicado al gofio y un recorrido único que atraviesa el bosque más peculiar del norte de Canarias

Foto: En el corazón del Valle de Garafía, este enclave resume la arquitectura tradicional del norte palmero. (Wikiloc)
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Arquitectura tradicional, un museo dedicado al alimento más representativo del archipiélago y senderos entre dragos y almendros en flor. Así se presenta este enclave en el noroeste de La Palma que, pese a su milenaria historia y su paisaje volcánico, permanece desconocido para muchos turistas. Situado entre barrancos y con apenas 270 habitantes, brinda uno de los recorridos más cautivadores por la herencia natural y cultural de Canarias.

Este caserío es Las Tricias, ubicado en pleno Valle de Garafía. Su acceso no es inmediato, pero cada curva vale la pena: se llega tras hora y media de carretera desde Santa Cruz de La Palma, bordeando laderas y conos volcánicos. Al arribar, el visitante contempla una escena detenida en el tiempo: casas blancas con piedra oscura, tejados rojizos y una iglesia que marca el ritmo pausado de la vida rural.

Historia aborigen y patrimonio gastronómico

Mucho antes de la conquista castellana, los benahoaritas —un pueblo bereber que arribó entre los siglos IV y V— habían establecido Las Tricias como su hogar. El legado de esta cultura perdura en sitios como el barranco de Los Canarios, cercano al caserío, y en las estaciones rupestres de Cuevas de Buracas, parada esencial en el itinerario.

Uno de los emblemas actuales es el Museo de Interpretación del Gofio (MIGO), ubicado en un antiguo molino restaurado. Este espacio no solo rinde tributo a la harina tostada, pieza clave de la identidad canaria, sino que recrea el ambiente que se vivía en torno a estos molinos, donde los vecinos compartían relatos mientras esperaban para moler el grano. El museo está abierto de lunes a viernes de 10:00 a 16:00 h; los sábados, de 9:00 a 17:00 h; domingos, de 10:00 a 16:00 h y festivos, de 10:30 a 14:30 h. La entrada general cuesta 2,50 euros, con tarifas reducidas de 1,75 euros para residentes, 1,25 euros para grupos y entrada gratuita para menores de 12 años.

Senderos entre dragos y almendros

Desde Las Tricias parte una de las rutas senderistas más distintivas de La Palma. El trayecto hacia Cuevas de Buracas, que abarca casi cinco kilómetros, cruza un bosque de dragos que parece sacado de una postal. Se realiza en aproximadamente tres horas, sin grandes desniveles, lo que facilita disfrutar con calma tanto el entorno volcánico como la biodiversidad local.

Durante los meses invernales, el paisaje se transforma por completo: los almendros en flor pintan de blanco y rosa las laderas que rodean el caserío, haciendo que la visita se convierta en una experiencia sensorial. Próximo a este lugar, el Monumento Natural de la Costa de Hiscaguán, con sus acantilados y especies endémicas, completa una escapada idónea para quienes desean descubrir la isla lejos de las rutas más comunes.

Gastronomía, fiestas y tradiciones vivas

Las Tricias conserva también la esencia de la cocina palmera más genuina. Platillos como el queso asado con mojo, los chicharrones, el pescado salado con papas arrugadas o los dulces de almendra mantienen el sabor local en pequeños bares y casas de comida. Además, cada julio celebra sus fiestas en honor a Nuestra Señora del Carmen, destacando la tradicional «quema de Judas» y la lectura de un testamento que parodia con humor los sucesos del año.

Llegar a Las Tricias implica dejarse llevar por el ritmo tranquilo de la isla. Desde Santa Cruz de La Palma, la capital insular, el viaje en coche dura alrededor de una hora y media. La ruta más directa es por la carretera LP-1, que bordea la vertiente noroeste de la isla entre barrancos, conos volcánicos y áreas rurales hasta ingresar en el municipio de Garafía. Tras pasar Puntagorda, basta seguir los desvíos señalizados hacia el caserío, atravesando paisajes que anticipan la singularidad del lugar.

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