A primera impresión, parece un refugio rural más, pero al sumergirse en su esencia, se revela una propuesta tan original como acogedora, alejada de los estándares del turismo habitual
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El Camping Artaza Urederra no se promociona con luces llamativas ni exhibe comodidades innecesarias, pero quienes arriban a este rincón de Améscoa Baja, en Navarra, encuentran una vivencia que va más allá de cualquier folleto turístico. Una experiencia sensorial que inicia con el silencio, continúa con el olor a madera de alerce y concluye con la luna elevándose sobre el monte Krezmendi mientras se disfruta de una bañera caliente al aire libre.
Este camping ecológico, finalista en los premios de la Federación Española de Campings por su singularidad, fue construido manualmente por sus fundadores, empleando materiales naturales y una filosofía definida: desaparecer algún día sin dejar huella. El complejo está rodeado de densos bosques de encinas y hayedos, y funciona exclusivamente con energía solar y eólica, lo que restringe el uso de electrodomésticos convencionales, pero fomenta una desconexión total.
Un refugio sostenible entre bosques y aguas turquesas
El emplazamiento se encuentra junto al Parque Natural de Urbasa-Andía y al Nacedero del río Urederra, dos tesoros naturales de Navarra. En este entorno privilegiado, el Camping Artaza Urederra propone diversas opciones de alojamiento: habitaciones en cabañas (desde 55 €/noche), bungalows para hasta seis personas (entre 80 y 180 €/noche), carretas tradicionales sin electricidad (desde 50 €/noche) y casas de madera para grupos grandes (hasta 425 €/noche).
La oferta se complementa con un especial «Espacio Finlandia»: dos saunas de leña y una bañera exterior con agua caliente, disponibles tanto para huéspedes como para visitantes externos. La sesión privada cuesta 120 € por tres horas, mientras que las sesiones compartidas (previa reserva) se ofrecen algunos sábados por 15 € por persona. No se trata de un balneario típico, sino de una experiencia inmersa en la naturaleza, que se vive al aire libre y sin artificios.
Una alternativa para quienes buscan serenidad
Sin televisión, sin wifi, sin microondas ni aire acondicionado, la propuesta del camping es simple: volver a lo esencial. A cambio, ofrece estufa de pellets, chimeneas de leña, mantas y el sonido del viento entre los árboles. La estancia mínima en verano, puentes y fines de semana es de dos noches, y se puede alquilar ropa de cama o toallas para quienes no las traigan, facilitando así una escapada sin complicaciones.
Más allá del alojamiento, el camping acoge retiros de yoga, talleres de artesanía y encuentros macrobióticos en su yurta circular, inspirada en las tradicionales mongolas. Todo se integra en un entorno cuidado al detalle, donde incluso los adoquines y las pizarras han sido reciclados de otros lugares. Un refugio tranquilo, alejado del turismo masivo, para quienes desean descansar sin dejar huella.
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El Camping Artaza Urederra no se publicita con grandes neones ni presume de lujos innecesarios, pero quienes llegan hasta este rincón de Améscoa Baja, en Navarra, descubren algo que escapa a cualquier folleto promocional. Una experiencia sensorial que comienza con el silencio, se extiende con el aroma de la madera de alerce y finaliza con una luna que se eleva sobre el monte Krezmendi mientras se disfruta de una bañera caliente al aire libre.

