Enrique Santiago, figura clave del chavismo en Sumar y su creciente cercanía con Sánchez

Líder del PCE y exsecretario de Estado, visitó el sábado la embajada de Venezuela y fue la figura representativa de los partidos del Gobierno en la concentración antiTrump de ayer.

Enrique Santiago, el sábado, con la embajadora de Venezuela en España, Gladys Gutiérrez.

La detención de Nicolás Maduro pone a prueba la confianza de la izquierda en un discurso deteriorado. Durante las últimas 48 horas, el chavismo se ha convertido en una herida que muchos prefieren evitar, pero Enrique Santiago —líder del PCE desde 2018 y secretario de Estado para la Agenda 2030 en la pasada legislatura— optó por enfrentarla de frente. Su compromiso ideológico con el régimen caribeño y su convicción de que Estados Unidos es el «mayor enemigo de la paz y la estabilidad mundial», tal como afirmó a EL MUNDO durante la concentración antiTrump en Madrid, le motivaron a reunirse, esa misma mañana de la detención, con la embajadora de Venezuela en España, Gladys Gutiérrez. Publicitó este encuentro en Instagram, donde podría haberse identificado como secretario general del PCE, pero prefirió presentarse como vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Congreso, otorgando un carácter institucional a su acción personal o partidista. «Ahora, Estados Unidos es el adversario y España no tiene influencia en la OTAN. Es necesario buscar otros modelos de relaciones internacionales», resumió su postura.

A Santiago le molesta que un sector de la izquierda muestre indiferencia ante el «secuestro y toma como rehén» de Maduro, considerándolo casi una traición moral. Para él no hay dudas: «La estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos deja claro que van a destruir el Derecho Internacional y sustituirlo por la ley del más fuerte, basada en los caprichos de Estados Unidos y Trump».

Para el veterano comunista poco importa que algunos prefieran consumir su tiempo en quejíos vacíos o en silencio, fuera del Gobierno. Ya ha demostrado antes que solo se compromete con sus convicciones. Participó en unir a las izquierdas y, posteriormente, apostó por el Sumar de Yolanda Díaz. Esa lealtad a la gallega casi le cuesta la secretaría general del PCE —que renovó con un estrecho 54%— y provocó que los morados, dolidos por una separación mal gestionada, lo destituyeran como secretario de Estado, cargo al que accedió tras la retirada de su entonces amigo Pablo Iglesias.

Ayer se le vio junto a cerca de un millar de personas ante la embajada de Estados Unidos en Madrid, manifestándose contra la intervención trumpista, el colonialismo estadounidense y la OTAN, consignas clásicas de la izquierda que reaparecen periódicamente.

Glenna del Valle Cabello, cónsul de Venezuela en Bilbao y hermana del ministro del Interior de Maduro, Diosdado Cabello, ayer, en una protesta chavista.

«En el mundo, el multilateralismo está siendo defendido por otros organismos internacionales. Así, avanzan Asia, diversos países africanos y naciones latinoamericanas, y un ejemplo son los BRICS», continuó Santiago con su argumento, alentando alianzas similares por parte del Gobierno. Horas después, Sánchez firmaba junto a Brasil (fundador de los BRICS junto con Rusia, India, China y Sudáfrica), Colombia, Uruguay, México y Chile un comunicado en contra de la acción de Trump. Mientras el líder del PCE intervenía en la concentración de Madrid, también exigía a Sánchez «una condena» contra la ofensiva estadounidense. Esa condena fue replicada paralelamente por el presidente español, en una carta dirigida a los militantes del PSOE. La última demanda de Santiago, para «restablecer la legalidad», es la «liberación de Maduro». Esa exigencia aún no ha sido asumida por Sánchez.

Este madrileño, abogado y especialista en Derecho Internacional y Humanitario, posee una visión global. Entre 2012 y 2016, integró el equipo jurídico de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), experiencia apoyada además por más de treinta años de vínculo con el país cafetero, que lo posicionó como uno de los perfiles más destacados para las negociaciones que condujeron al Acuerdo de Paz. «Los países europeos deben tomar nota tras analizar la estrategia de Seguridad Nacional de Trump y observar los evidentes reclamos sobre Groenlandia», advierte, apuntando hacia otros intereses para los yankees como Canadá, Panamá y México.

Frente a una derecha que, afirma, «se llena las manos de pulseras patrióticas y no ha hecho ninguna crítica a la guerra arancelaria contra el campo y los productos agrícolas españoles», Santiago representa una izquierda consciente, que no se limita a defender conflictos lejanos, sino que entiende los riesgos externos que amenazan a su «pueblo español».

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