En Burgos existe una población con igual número de habitantes que de bodegas bajo tierra, similar a una aldea Hobbit.

Bajo un cerro se oculta un paisaje insospechado, donde la tierra resguarda siglos de historia y tradición vinculada al vino. Un lugar especial que asombra por lo que se encuentra bajo sus pies y por la manera en que ha logrado reinventarse

Foto: Parece una aldea Hobbit, pero está en Burgos. (Diputación de Burgos)
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En el corazón de la Ribera del Duero burgalesa se localiza un enclave que sorprende por su peculiaridad y por cómo ha logrado convertir un patrimonio casi olvidado en un atractivo turístico destacado. Al pie de un cerro poco visible, el paisaje alberga una red subterránea que caracteriza la identidad de un pueblo donde las labores de la tierra y el cultivo del vino han marcado la vida durante siglos. Puertas talladas en la ladera, respiraderos ubicados en línea sobre el terreno y pasadizos bajo tierra conforman una imagen que evoca una aldea fantástica, aunque en realidad responde a la tradición y al esfuerzo constante de varias generaciones.

Este sitio es Moradillo de Roa, en la provincia de Burgos, conocido como la aldea hobbit de la Ribera del Duero por su particular fisonomía. El municipio posee 161 habitantes y un patrimonio excepcional constituido por 157 bodegas subterráneas y siete lagares excavados bajo el cerro llamado El Cotarro. Muchas de estas cuevas, datadas en el siglo XVIII, fueron durante décadas el núcleo de la actividad vitivinícola local y ahora constituyen uno de los conjuntos etnográficos más notables de la región, transformado en un referente del enoturismo en Castilla y León.

El Cotarro, una iniciativa vecinal que recuperó un patrimonio singular

La restauración de este patrimonio se inició en 2015 con un proyecto modesto pero definido: preservar un legado histórico relacionado con el vino. Impulsado por el Ayuntamiento y principalmente gracias a la participación activa de los vecinos, se han rehabilitado más de 50 bodegas, devolviendo vida a un espacio que permaneció en ruinas por años. El proyecto, llamado El Cotarro, protege un complejo que supera los 18.000 metros cuadrados y ha posibilitado abrir el conjunto para visitas guiadas que detallan la tradición vitivinícola local y la función que estas cuevas desempeñaron en la producción y conservación del vino.

Actualmente, conocer Moradillo de Roa implica adentrarse en las raíces de la Ribera del Duero y entender cómo se elaboraba el vino tradicionalmente, desde el trabajo en los lagares hasta su almacenamiento en bodegas subterráneas. La experiencia finaliza con catas de productos locales y una narración que une pasado y presente, fortaleciendo la conexión entre el territorio y sus habitantes. Gracias a esta iniciativa, la conocida aldea hobbit de Burgos se ha establecido como una escapada distinta, un ejemplo de recuperación del patrimonio rural y un modelo de desarrollo basado en la identidad, la cooperación vecinal y el respeto hacia la historia.

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