
Fuente de la imagen, Cortesía
Información del artículo
-
- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News Mundo
- 2 enero 2026
- Tiempo de lectura: 8 min
El 18 de diciembre, tres pescadores descansaban bajo un techo de hojas de coco cuando, alrededor de las 5 de la tarde, un estruendo sacudió la tierra en la comunidad de Poolosü, ubicada en la parroquia Alta Guajira, municipio venezolano de Guajira, al borde del Golfo de Venezuela.
Alarmados y asustados, se dirigieron hacia una choza donde guardaban sus redes y equipos de pesca, solo para encontrarla completamente destruida. «Creíamos que había sido un rayo», afirmó a BBC Mundo uno de los presentes.
Manifestaron que hallaron escombros que indicaban que no se trataba de un fenómeno natural y verificaron que el foco de la presunta explosión estaba en otra construcción cercana, una estructura de madera y palma utilizada como almacén.
Los informes acerca de la explosión en Guajira despertaron especulaciones dentro y fuera de Venezuela sobre una posible acción estadounidense, luego de que el presidente Donald Trump anunciara días antes un ataque militar inicial en suelo venezolano.
«El olor a pólvora era intenso», relató un testigo perteneciente al pueblo indígena wayuu, mayoritario en la zona del estado de Zulia, fronterizo con Colombia, quien prefirió mantenerse anónimo por temor a represalias.
«Descubrimos fragmentos de metal con inscripciones en inglés», detalló el testigo, que habla mayoritariamente wayuunaiki, lengua materna de los wayuu, y algo de español.
BBC Mundo verificó que la zona permanece tal como la describieron los pescadores: árboles rotos y ramas caídas, palmas dispersas en un perímetro de 30 metros, y la estructura derrumbada, con el mar a escasos pasos.
En la arena están distribuidos fragmentos y restos metálicos grises que los locales presumen podrían formar parte de un presunto artefacto explosivo.
«Sentí un impacto fuerte, pero no sabíamos de dónde provenía», comentó otro pescador sobre la confusión que generó la explosión.
Una nota del 30 de diciembre de la cadena estadounidense NBC reportó que dos miembros de la comunidad wayuu describieron como «misteriosa» y «sin explicación» una explosión ocurrida en Poolosü el 18 de diciembre.
NBC aclaró que no pudo confirmar un vínculo directo entre dicha explosión y la declaración del presidente Trump sobre un ataque militar estadounidense en territorio venezolano que produjo «una gran explosión» en una zona portuaria.
Según Trump, la zona atacada era utilizada para cargar embarcaciones con droga.
Las imágenes compartidas por NBC mostraban lo que parecían ser fragmentos grises de un misil con números y la palabra «warning» (advertencia) cerca de la costa de Alta Guajira.
Una fuente dijo a NBC que la explosión fue tan intensa que varios miembros de su familia quedaron temporalmente sordos.

Fuente de la imagen, Cortesía
Trump anunció un ataque, Maduro permanece en silencio
El 26 de diciembre, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó en una entrevista con su amigo, el empresario John Catsimatidis, haber realizado un primer ataque en Venezuela. Días después, ratificó esta declaración durante un encuentro con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Informes posteriores de CNN y The New York Times indicaron que la CIA confirmó que el ataque fue ejecutado mediante un dron.
Ni Maduro ni otros funcionarios de su gobierno han comentado sobre el incidente reportado por Trump en territorio venezolano.
«Ese tema quizá lo discutamos en algunos días», declaró Maduro el jueves cuando fue consultado acerca de posibles ataques militares estadounidenses durante una entrevista con el periodista español Ignacio Ramonet, transmitida por VTV.
«Puedo asegurar que el sistema de defensa nacional, que integra a las fuerzas populares, militares y policiales, ha protegido y sigue protegiendo la integridad territorial, la paz nacional y el control completo de nuestro territorio», añadió.
Asimismo, Maduro expresó disposición para dialogar «seriamente» con Estados Unidos en temas relacionados con petróleo, migración y lucha contra el narcotráfico.

Fuente de la imagen, Getty Images
Durante semanas previas, Trump advirtió que los ataques a objetivos terrestres en Venezuela serían inminentes y «más sencillos» que bombardear embarcaciones cargadas con droga en el Caribe.
En agosto, Trump ordenó un despliegue sin precedentes en el Mar Caribe de fuerzas armadas y navales para frenar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos. Este despliegue incluye miles de soldados, decenas de cazas y varios buques de guerra, entre ellos el USS Gerald Ford, el portaaviones más grande y avanzado del mundo.
Estas fuerzas han atacado 35 lanchas y han causado la muerte a más de cien tripulantes en las costas del norte venezolano y en el Océano Pacífico, según el Departamento de Defensa dirigido por Pete Hegseth.
Entre el 30 y 31 de diciembre, Estados Unidos comunicó haber destruido 5 embarcaciones y matado a 8 tripulantes.
La presión militar estadounidense contra Maduro, a quien el secretario de Estado Marco Rubio califica como un gobernante «ilegítimo», abarca también sanciones personales a familiares y allegados del entorno del poder en Caracas, además del decomiso de petroleros que supuestamente forman una flota fantasmal para evadir sanciones económicas.

Fuente de la imagen, Cortesía
Sobrevuelo y despliegue militar en Poolosü
Tras la presunta explosión, aviones Sukhoi de la Fuerza Aérea venezolana realizaron vuelos de reconocimiento sobre la Guajira el 19 de diciembre, confirmaron a BBC Mundo testigos y residentes de Poolosü. Además, se desplegó un contingente militar terrestre que recogió evidencias en la zona.
Durante tres días, agentes de inteligencia y miembros del Ejército venezolano permanecieron en el lugar costero, señalaron las fuentes. La supuesta zona impactada dista pocos minutos de una base de la Guardia Nacional Bolivariana en Cojoro, así como a pocos kilómetros de dos batallones del Ejército.
Desde esos eventos, los pescadores locales han expresado temor de salir a alta mar y han optado por faenar cerca de la orilla durante casi un mes, describiendo la situación marítima como «tensa». Temen que puedan ocurrir nuevos ataques costeros.
Los testigos de la explosión del 18 de diciembre en Poolosü intentaron que la prensa difundiera el hecho rápidamente, pero el acceso es complicado no solo por las condiciones del terreno, sino por el control armado de grupos irregulares y cárteles del narcotráfico en la Alta Guajira.
Habitantes de Poolosü afirmaron que desde hace meses el lugar funciona como puerto para el tráfico de drogas supervisado por el Clan del Golfo y organizaciones criminales mexicanas.
Estos grupos delictivos monitorean cuidadosamente que nadie tenga libre acceso, ya que se observan botes grandes con motores potentes, distintos a las embarcaciones tradicionales de pesca, presuntamente vinculados a actividades ilícitas.
Las autoridades venezolanas comunicaron a los residentes que el ataque del 18 de diciembre fue efectuado por ellos en su combate contra el narcotráfico, versión que los lugareños ponen en duda.
Los pobladores aseguran que los militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana han formulado más preguntas que ofrecido certezas.
«El Ejército ha estado interrogando a todos los que trabajan en la pesca y se llevaron todas las pruebas como si estuvieran investigando, por eso creemos que ellos no fueron los responsables del ataque», declaró una mujer que aseguró haber escuchado la detonación.

Fuente de la imagen, Cortesía
Primera controversia en una empresa de Maracaibo
Las declaraciones de Trump sobre ataques terrestres en Venezuela avivaron la semana anterior las dudas acerca de si la explosión realmente ocurrió, cuándo, dónde y si podría tratarse del incendio que dañó una planta química en el municipio San Francisco, estado Zulia, cerca de Maracaibo la madrugada del 24 de diciembre.
Primazol, dedicada a la importación de insumos químicos para laboratorios farmacéuticos, nutrición animal, alimentos y bebidas, negó que sus instalaciones fueran atacadas y atribuyó la causa al fallo en el cableado eléctrico.
La empresa, situada a unos 7 kilómetros de la costa occidental del Lago de Maracaibo, uno de los cuerpos de agua más grandes de América, con acceso al Golfo de Venezuela y el Caribe, publicó videos de sus cámaras de seguridad mostrando el inicio del incendio en uno de sus almacenes y la respuesta de los bomberos.
El presidente colombiano Gustavo Petro intensificó un día después las hipótesis sobre la conexión de Primazol con el narcotráfico, afirmando que «una fábrica» en Maracaibo operaría para la guerrilla ELN y fue atacada por las fuerzas militares estadounidenses.
«Sabemos que Trump bombardeó una fábrica en Maracaibo. Tememos que allí mezclen pasta de coca para fabricar cocaína aprovechando la ubicación en Maracaibo», escribió Petro el 30 de diciembre en su cuenta de X.
Además, afirmó que «es simplemente el ELN», organización guerrillera con orígenes en los años 60 que, según la oposición, colabora con el gobierno de Maduro en actividades ilícitas como minería ilegal en el sur del país.
Primazol respondió al mandatario colombiano alegando que no fabrican ni empaquetan «ningún tipo de narcóticos» y le pidió cesar de «manchar nuestro nombre».
En las playas de Poolosü, insisten en que «se conozca la verdad».
«Tenemos miedo aquí», confesó una testigo sobre el estruendo que interrumpió aquella tranquila tarde del mes pasado.

