Pedro Sánchez se posiciona como el único líder europeo que ha rubricado un comunicado junto a gobiernos de izquierda latinoamericanos manifestando su rechazo a la intervención militar estadounidense en Venezuela.
Este documento, firmado también por Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay, desaprueba la injerencia externa y la apropiación de los recursos venezolanos, además de alertar sobre el peligro para la estabilidad regional.
En contraste, países europeos como Francia, Italia y Alemania han celebrado la salida de Nicolás Maduro y censurado su régimen, sin embargo, no apoyan la acción militar emprendida por Estados Unidos.
La Unión Europea, con la excepción de Hungría, ha pedido prudencia y una solución pacífica, remarcando la falta de legitimidad democrática de Maduro y respaldando una transición negociada en Venezuela.
Pedro Sánchez es claramente el líder de la Unión Europea (UE) que ha adoptado la postura más beligerante frente a la intervención militar que Estados Unidos llevó a cabo el sábado para capturar al dictador Nicolás Maduro en territorio venezolano y someterlo a la justicia.
Además, es el único que suscribió un comunicado conjunto con cinco gobiernos de izquierda de América Latina (Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay) que rechaza la «injerencia externa» de Estados Unidos en Venezuela, argumentando que establece «un precedente sumamente peligroso para la paz, la seguridad regional y pone en peligro a la población civil».
El comunicado difundido el domingo describe la operación militar impulsada por Trump contra Maduro como un «intento de control gubernamental, de gestión o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos» en Venezuela.
Durante el fin de semana, los gobiernos de Gustavo Petro (Colombia), Claudia Sheinbaum (México) y Lula da Silva (Brasil) intentaron que esta declaración fuera respaldada conjuntamente por los 33 países miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
No obstante, diversos gobiernos conservadores liderados por el presidente argentino Javier Milei (quien ha celebrado la caída del dictador) bloquearon estas intenciones.
El sábado, tras la noticia de la captura de Maduro, el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, informó que mantenía contacto estrecho con sus «homólogos» en Brasil, Colombia, México y Chile para evaluar la evolución de los hechos en Venezuela.
Esto significa que, desde un inicio, el Gobierno español coordinó su postura respecto a la crisis venezolana con los gobiernos más proclives al régimen de Maduro.
Con algunas diferencias: Gustavo Petro, Lula da Silva y Claudia Sheinbaum nunca han denunciado las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen madurista, mientras que Gabriel Boric (también vinculado a el Grupo de Puebla) se distanció y no reconoció a Maduro como vencedor de las fraudulentas elecciones de julio de 2024.
El comunicado conjunto firmado por el Gobierno español señala que «la situación en Venezuela debe resolverse únicamente por medios pacíficos, a través del diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad del pueblo venezolano en todas sus expresiones, sin injerencias externas y conforme al Derecho internacional».
Después de la rueda de prensa que Trump ofreció el sábado en la Casa Blanca, donde detalló la detención de Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, Pedro Sánchez publicó un mensaje en X afirmando que España, al igual que «no reconoció al régimen de Maduro, tampoco apoyará una intervención que viola el Derecho internacional y conduce a la región hacia un futuro incierto y bélico«.
En su «carta a la militancia» del PSOE difundida el domingo, Sánchez fue más explícito al expresar que «condena de forma contundente» la operación militar ejecutada por Estados Unidos para detener a Maduro, considerándola una «violación de la legalidad internacional».
Esta postura contrasta notablemente con la que han mantenido otros líderes dentro de la Unión Europea.
«El pueblo venezolano se ha liberado hoy de la dictadura de Nicolás Maduro y sólo puede celebrarlo», manifestó el sábado el presidente francés, Emmanuel Macron, añadiendo que «al apoderarse del poder y pisotear las libertades fundamentales, Maduro ha menoscabado gravemente la dignidad de su pueblo».
Macron también expresó su esperanza de que Edmundo González, quien sería el ganador legítimo de las elecciones de 2024, pueda liderar pronto una «transición pacífica, democrática y respetuosa de la voluntad del pueblo venezolano».
La primera ministra italiana Giorgia Meloni recordó que «Italia ha respaldado siempre las aspiraciones del pueblo venezolano a una transición democrática, condenando las medidas represivas del régimen de Maduro«, cuya autoproclamada victoria electoral no ha sido reconocida por Italia ni sus socios internacionales principales.
El Gobierno italiano reiteró que «considera que la acción militar externa no es la vía adecuada para derribar regímenes totalitarios«, aunque reconoce legítima la defensa ante ataques híbridos que amenazan su seguridad, como aquellos promovidos por entidades estatales vinculadas al narcotráfico.»
Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz fue categórico en un mensaje en X: «Nicolás Maduro ha llevado a Venezuela a la ruina. Las últimas elecciones fueron fraudulentas. Por ello, como muchos otros países, no hemos reconocido su presidencia. Maduro ha sido un actor problemático para la región».
Anoche, el Gobierno español se sumó a una declaración conjunta de 26 de los 27 Estados miembros de la UE (excepto Hungría), en la que se insta a la Unión Europea a «pedir calma y moderación a todas las partes para evitar una escalada y asegurar una solución pacífica a la crisis«, respetando plenamente «los derechos humanos y el Derecho internacional humanitario».
Los países europeos destacan que Nicolás Maduro «no tiene la legitimidad de un presidente elegido democráticamente» y defienden «una solución negociada, democrática, inclusiva y pacífica a la crisis» que respete la voluntad del pueblo venezolano.

