El entrenador del Como, que posee parte del capital del club italiano, recomienda enfocar las inversiones en bienes raíces o educación.
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Cesc Fàbregas observó cómo algunos colegas malgastaban fortunas en símbolos de prestigio que desaparecían al agotarse sus fondos. Relojes valorados en cientos de miles de euros vendidos en subastas. Aviones privados que derivaban en disputas hereditarias. Viviendas embargadas.
Por ello, al compartir su enfoque de inversión con jugadores jóvenes, fue claro: «Invierte en elementos que aporten valor a largo plazo, no en jets privados ni relojes».
Este comentario, difundido en LinkedIn en agosto de 2024, no fue fortuito. Fàbregas acababa de afianzar su rol como técnico del Como y accionista minoritario del club. Había destinado su propio patrimonio a la entidad, sometiéndolo a un análisis de rentabilidad que pocos futbolistas realizan.
Su recomendación supera la mera austeridad. No aboga por un estilo de vida austero, sino por una gestión inteligente: gastar en cosas que generen beneficios emocionales, profesionales o económicos. Este concepto varía según la persona, aunque su base es universal.
Para Fàbregas, las apuestas financieras acertadas incluyen: coaching mental avanzado, clave en su desempeño en Arsenal y Chelsea. Mientras muchos se concentran solo en el aspecto físico, él acudió a especialistas en psicología que optimizaban sus decisiones bajo presión.
Cesc Fábregas da instrucciones a sus jugadores durante el partido ante el Inter de Milán. Reuters
También invierte en chefs privados especializados, considerando la nutrición como un elemento clave para el rendimiento deportivo y la longevidad. Además, apuesta por formación académica continua: idiomas, negocios, estrategia, lo que le permite comprender mercados más allá del fútbol.
En cambio, descarta rotundamente los gastos destinados a exhibición social: pagos por visibilidad o estatus. Relojes de lujo salvo que sean piezas de colección con valor artístico, autos de edición limitada sin uso, yates amarrados sin aprovechar en puertos selectos.
«Se deprecian», remarca Fàbregas. Se venden bajos precios, se pierden. El dinero se consume sin crear valor.
Su historial lo confirma. Fàbregas no ha acumulado su fortuna solo con sueldos de futbolista. Ha edificado patrimonio mediante decisiones conscientes: participación accionarial en el Como, con voz en decisiones corporativas. Inversiones inmobiliarias en zonas con alta proyección.
También desempeña funciones de asesoría empresarial como entrenador, lo que implica un aprendizaje continuo en gestión: supervisar presupuestos, negociar con inversores y optimizar recursos.
Lo que diferencia a Fàbregas de otros deportistas es su habilidad para reconocer sus límites. Conoce lo que desconoce. Por eso evita inversiones especulativas (startups, criptomonedas, moda) y opta por sectores que domina: fútbol (a través del Como), inmobiliaria (con patrones fiables) y formación (donde su reputación aporta valor).
Advierte también sobre la trampa del ego. Algunos futbolistas, tras retirarse, buscan con urgencia sentirse relevantes y exitosos. Por eso invierten en proyectos que llevan su nombre, aparecen en medios y obtienen reconocimiento.
El mensaje dirigido a futbolistas jóvenes es: planifiquen con una visión a 40 años, no a corto plazo. «La carrera dura un máximo de 20 años. Luego quedan 50 años de vida por delante. ¿Dónde estás invirtiendo para esos 50 años?». Esta pregunta reorienta el enfoque.
Finalmente, insiste en la importancia de contar con asesoría profesional independiente. No confiar en amigos con ideas de negocio ni familiares interesados. Contadores acreditados, abogados especializados en derecho mercantil, auditores externos. «Cuesta dinero, pero evita pérdidas mayores», ha afirmado.

