Una asesora financiera señala un error frecuente en finanzas personales: mantener todo el dinero en una cuenta corriente es un fallo habitual de muchas personas.

La experta en finanzas detalla por qué dividir el ahorro, los gastos diarios y el dinero reservado para emergencias contribuye a mantener un equilibrio económico

Por Guillermo Urquiza

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Contar con ingresos fijos no garantiza necesariamente una buena situación financiera. En muchas ocasiones, la dificultad radica no en la cantidad de dinero que entra cada mes en las familias, sino en la manera en que se administra. Así lo señala Elizabeth Wakefield, asesora financiera especializada. La especialista destaca un error común: concentrar todos los fondos en una única cuenta bancaria.

Durante su participación en el pódcast Tiene sentido, Wakefield indicó que esta costumbre complica la supervisión efectiva del dinero. “Tener todos los fondos en una sola cuenta corriente es uno de los principales desaciertos que observa en muchas personas”, afirmó. Para ilustrar el punto, usó una metáfora con tono irónico: “es como si tuvieras en casa los calcetines junto con los tenedores. Es decir, no tiene lógica”.

Para la asesora, el dinero requiere un orden muy definido. “¿De qué sirven entonces las cajoneras y armarios? Para colocar cada cosa en su lugar”, indicó. La idea central es que mezclar todos los recursos en una sola cuenta impide separar claramente lo que se puede utilizar y lo que debe ahorrarse.

Cómo gestionar el dinero

Basándose en su experiencia, Wakefield aconseja una estructura organizada orientada a objetivos. En primer lugar, recomienda tener una cuenta principal para recibir los ingresos y cubrir las erogaciones habituales del mes. Esta es la cuenta que se utiliza con frecuencia.

Un experta ofrece consejos para

Luego, sugiere mantener una segunda cuenta como fondo de reserva. Este dinero debe dedicarse exclusivamente a emergencias y mantenerse separado del gasto diario. La finalidad es disponer de esos fondos cuando sean necesarios, sin que formen parte del uso corriente.

El siguiente aspecto se relaciona con los gastos programados. Wakefield propone abrir una cuenta específica para las periodificaciones, es decir, desembolsos que se prevén con anticipación. Un ejemplo habitual son las vacaciones. “Planeo un viaje y voy a gastar 2.500 €”, ejemplificó. En lugar de afrontarlo como un gasto único, la asesora recomienda fraccionarlo en aportes mensuales. “Cada mes significa que tendré que ahorrar 150, 200 o lo que haga falta”, comentó, defendiendo la automatización de ese ahorro.

Este método permite afrontar el gasto con el dinero ya disponible, evitando alterar el presupuesto mensual. Funciona como una hucha digital que disminuye la presión económica y previene decisiones impulsivas.

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Llevar un control de los gastos

Más allá de la organización de las cuentas bancarias, Wakefield recalca la importancia de monitorizar los gastos periódicamente. “No solemos realizar una auditoría de nuestros gastos”, señaló, haciendo referencia a pagos recurrentes tales como suscripciones a plataformas digitales –Netflix, Filmin, Amazon–. Según advierte, esta falta de atención termina impactando negativamente en el ahorro sin que muchos se den cuenta.

Antes de contratar un crédito, la asesora aconseja analizar el costo real del financiamiento. Destaca la relevancia de fijarse en la TAE y no únicamente en el TIN. “La TAE es la tasa anual equivalente, que refleja el coste total del dinero, considerando todos los gastos adicionales”, precisó.

El mensaje de Wakefield es contundente: organizar las finanzas no exige procedimientos complejos, sino un orden bancario y disciplina en la gestión personal. Segmentar el dinero según sus propósitos facilita la toma de decisiones más acertadas y previene errores que, con el tiempo, pueden comprometer la estabilidad económica.

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