Tras formarse en la cantera del Real Valladolid y jugar en equipos como Linares o Unionistas de Salamanca, actualmente permanece sin club.
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Con tan solo 22 años, Fran Ortuño había establecido un imperio empresarial que muchos emprendedores lograrían tras décadas.
Mientras sus compañeros celebraban sus primeros contratos profesionales, este defensa español ya manejaba varias compañías valoradas en decenas de millones de euros.
Su trayectoria no corresponde a un deportista que se convierte en empresario a la avanzada edad, sino a un joven que decidió pronto que el fútbol sería un complemento a su verdadera pasión: los negocios.
Ortuño inició su andadura empresarial a los 15 años, cuando dejó su casa para dedicarse al fútbol. Fue entonces cuando detectó una oportunidad singular. Contaba con contactos valiosos en el ámbito deportivo y un amigo diseñador gráfico talentoso. Juntos identificaron un nicho en las redes sociales emergentes: crear contenido para futbolistas.
«A los 16 fundé la primera empresa y a los 18 la vendí«, recuerda en el podcast Curvas Deportivas. Esta primera iniciativa fue su prueba decisiva. Entendió que sus vínculos deportivos tenían un valor comercial, y que su formación en el área creativa le facilitaba monetizarlos.
Fran Ortuño, en sus redes sociales
Actualmente, con 23 años, su portafolio empresarial abarca diferentes sectores. Posee empresas especializadas en la adquisición de derechos de jugadores por toda Europa. Dirige un equipo de fútbol en Gibraltar. Administra inversiones inmobiliarias en República Dominicana, con propiedades en Samaná y Punta Cana.
Ha apostado en una marca de aceite de oliva con exportaciones a China y Japón. Forma parte de una hamburguesería. Además, lidera una agencia de marketing que utiliza para sus propios proyectos.
La diferencia con sus ingresos futbolísticos es notable. «En el fútbol he cobrado desde los 15 años más de 2 millones de euros«, indica. Su valor actual como jugador está en torno a los 75.000 euros.
Sin embargo, su patrimonio empresarial supera esa cantidad con creces. «Tengo más de 60 millones de euros en empresas», afirma con seguridad.
Lo llamativo no es solo la cifra, sino su visión sobre dónde se encuentra el dinero real. «El fútbol es mi pasatiempo, es lo que me gusta y mi pasión desde niño, pero el verdadero dinero está en el mundo empresarial«, declara con una madurez poco usual para su edad.
Su rutina diaria lo confirma: se levanta a las 5:30, entrena entre las 9:30 y la 13:00, y dedica el resto del día a reuniones empresariales que se extienden hasta las 22:00 o medianoche.
Para Ortuño, invertir no es cuestión de suerte, sino de disciplina y formación. Recomienda a otros jóvenes deportistas que se preparen mínimamente antes de invertir. «Cuanto mayor sea el riesgo, mayor será el beneficio», resume su filosofía.
Ha tenido pérdidas en algunas operaciones, pero sus ganancias han superado con creces esos contratiempos. Lo fundamental, según sus palabras, es no temer al error y comprender que la mayoría de éxitos empresariales proviene de superar ese primer obstáculo psicológico.
Sus padres no participan en sus negocios. Su padre está jubilado y su madre ejerce como médica. Ortuño atribuye su madurez financiera al hecho de haber salido de casa muy joven. «Cuando uno se va, es cuando realmente comprende la realidad», comenta.
A sus 23 años, Ortuño ha logrado algo que muchos deportistas no alcanzan: convertir el deporte en una fuente complementaria de ingresos. Su verdadera actividad es construir ecosistemas empresariales que generan valor sin depender de un campo de juego.

