La deportista gallega combina su carrera atlética con una faceta empresarial que le permite incrementar su patrimonio.
Más información: Ana Peleteiro, embarazada por segunda vez: «Nuestro angelito en el cielo nos ha enviado el regalo más grande y especial»
Ana Peleteiro está entre las mejores en el triple salto, aunque buena parte de su energía se concentra actualmente fuera del área deportiva. En los últimos años, esta medallista olímpica ha consolidado su papel como empresaria, gestionando múltiples negocios con una estrategia definida para no depender exclusivamente de becas o premios vinculados al deporte.
Peleteiro ha detallado que su economía se sostiene sobre tres columnas principales: las empresas que dirige, su actividad como figura pública y una presencia creciente en el mercado inmobiliario.
Reconoce que las becas deportivas fueron esenciales, en especial al principio, pero afirma que «no se puede enriquecer con ellas» y, en su caso, constituyen una parte menor de sus ingresos anuales. La clave, destaca, radica en empezar a desarrollar sus propios proyectos desde temprano.
Uno de esos emprendimientos incluye la gestión, junto a una prima podóloga, de un centro perteneciente a la Clínica Podoactiva en Vigo, donde tiene un rol activo en la toma de decisiones.
Además, es socia de un gimnasio en A Coruña de la cadena Crys Díaz & Co., junto con la entrenadora Crys Díaz y el futbolista Lucas Vázquez, un negocio que combina deporte, bienestar y marca personal. También participa en un equipo de e-sports, LUA Gaming, compartiendo la propiedad con el futbolista Iago Aspas.
Ana Peleteiro, en la entrevista con EL ESPAÑOL
Su apuesta más emocional se centra en el café. Peleteiro está ultimando los detalles de Area Café, una cafetería de especialidad ubicada en su Galicia natal que administra completamente junto a su marido, el también atleta Benjamin Compaoré.
Este no es un proyecto pasivo: la propia deportista ha participado en el diseño del plan de negocio, la selección de proveedores y la capacitación para el servicio de café, con el objetivo de estar involucrada en las tareas diarias del establecimiento.
Paralelamente, ha debido manejar la exposición pública derivada de sus decisiones económicas, incluida la adquisición de una casa en Galicia que generó controversia en redes sociales.
Peleteiro ha aclarado que cotiza desde los 15 años, que posee varias empresas y que su estabilidad financiera no depende de fondos públicos, sino de un trabajo constante. De este modo, defiende la figura del deportista como un profesional capaz también de emprender, invertir y planificar su patrimonio.
Ante las preguntas sobre sus ingresos, Ana responde con naturalidad y firmeza. Ha detallado que posee diversas sociedades, y que su intención no es «presumir» de ganancias, sino mantener la autonomía para decidir su futuro sin presiones externas.
Insiste en que el éxito real será poder abandonar el atletismo cuando deje de ser un motivo de felicidad, con la seguridad de contar con un plan B y un plan C que funcionen más allá del tartán.
La maternidad forma parte de esta estrategia. La atleta organizó el nacimiento de su hija para evitar que el reloj biológico condicionara el fin de su carrera, permitiéndole continuar compitiendo al máximo nivel mientras mantiene su vida personal y financiera en orden.
«Tengo un plan B en marcha», ha declarado al referirse a sus negocios y la libertad que estos le proporcionan para decidir cuánto tiempo permanecer en el alto rendimiento.
Ana Peleteiro ha forjado una doble identidad: atleta de élite y empresaria activa. Sus empresas, notoriedad mediática e inversiones persiguen exactamente lo expresado en el titular: que el éxito no sea solo una medalla, sino la garantía de vivir con tranquilidad cuando el deporte quede atrás.

