El crecimiento económico de España en 2025 no se refleja en el aumento de los sueldos de los españoles: situación crítica para ‘Aquí no hay quien viva’

La economía progresa a buen ritmo y la inflación se modera en 2025, aunque los salarios siguen sin cubrir las necesidades reales. Los hogares españoles enfrentan costes crecientes en vivienda, alimentación y energía, mientras que su capacidad de gasto permanece estancada

‘Aquí no hay quien viva’

“¿De qué sirve, señor presidente, que un país marche a toda velocidad en lo macroeconómico, si a la gente no le alcanza?, si a la gente no le llega?”, denunció el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, desde su asiento en el Congreso durante el último pleno del año. Una frase que sintetiza perfectamente la realidad que experimentan millones de hogares en 2025. En España, aunque las cifras macroeconómicas reflejan un panorama relativamente optimista, esa percepción no se traslada a los bolsillos de los ciudadanos. Pagar el alquiler, llenar la despensa o afrontar facturas cada vez más elevadas son gastos que muestran una realidad muy distinta.

El país cierra el año con una economía que continúa creciendo por encima de la media europea. La OCDE revisó al alza sus estimaciones, situando el crecimiento del PIB alrededor del 2,9% para 2025, con perspectivas igualmente positivas para 2026. La inflación, alejada de los picos de años anteriores, se ha reducido y el IPC interanual ronda el 3%. En términos generales, el escenario sugiere una recuperación del estado de bienestar. Sin embargo, al trasladar estos datos a la realidad cotidiana, el cuadro es mucho menos alentador.

El problema principal sigue siendo el mismo. Los salarios no aumentan al ritmo de los precios. Es cierto que los convenios colectivos han acordado incrementos promedio cercanos al 3,5% durante el año, e incluso en algunos meses han superado la inflación. No obstante, esta imagen no es totalmente exacta. No todos los trabajadores están cubiertos por un convenio ni todos han visto reflejados esos aumentos en sus nóminas. El salario medio y, en especial, el salario mediano continúan siendo insuficientes para absorber el encarecimiento acumulado del coste de vida.

El salario ya no es suficiente para vivir en las ciudades

El salario mínimo interprofesional (SMI) se ha ubicado en los 1.184 euros mensuales distribuidos en 14 pagas, lo que representa un aumento del 61% desde 2018, cuando estaba cerca de los 736 euros al mes. A pesar de ello, sigue siendo insuficiente para muchas de las grandes urbes. El salario mediano, que refleja con mayor precisión lo que percibe la mayoría, se sitúa entre los 23.000 y 26.000 euros brutos anuales, según diversos informes de InfoJobs y Prosfy. Con esos ingresos, hoy en día resulta muy complicado cubrir todas las necesidades.

La gran pérdida de la clase trabajadora: sus salarios apenas alcanzan el poder adquisitivo de 2019, sin acercarse al de hace quince años.

La vivienda es el ejemplo más claro de esta brecha. El precio medio de la vivienda libre ha alcanzado niveles máximos no vistos en casi dos décadas, con incrementos interanuales de dos dígitos y situándose en 2.093 euros por metro cuadrado a nivel nacional. Comprar una vivienda es cada vez más complicado, y alquilar se ha convertido directamente en un desafío constante.

El alquiler promedio ya supera los 14 euros por metro cuadrado, según los últimos datos de Idealista. En muchas capitales, el precio es aún considerablemente mayor. Para un piso estándar, esto implica incrementos superiores a 100 euros al mes en solo un año. Ningún aumento salarial medio compensa este incremento.

Como consecuencia, la vivienda consume una gran parte del aumento salarial. Hipotecas o rentas absorben en promedio más de 570 euros mensuales, y en el caso de quienes alquilan, la presión es incluso más fuerte. Para hogares con ingresos bajos, los gastos asociados a la vivienda y al mantenimiento del hogar pueden llegar a consumir casi la totalidad del salario. En este contexto, intentar ahorrar para imprevistos o el futuro resulta prácticamente inviable.

La compra y la energía afectan aún más al presupuesto familiar

La cesta de la compra tampoco ha dado tregua. Luego de un verano relativamente estable, el otoño registró nuevos aumentos, como señalan desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), con especial énfasis en productos básicos como la carne, que ha acumulado incrementos de dos dígitos en poco más de un año. Aunque el alza mensual pueda parecer mínima, el efecto acumulado pesa cada vez más en presupuestos familiares que ya están muy ajustados. Alimentarse cuesta más y las posibilidades de reducir gastos son limitadas.

La cesta de la compra

A estos gastos se suman los suministros energéticos, que aunque han disminuido en comparación con los peores momentos de la crisis, continúan representando una carga significativa. Para los hogares de menores ingresos, la luz, el gas y otros servicios pueden representar más del 20% de los ingresos. Un indicador de Idealista que explica por qué la pobreza energética sigue siendo una amenaza real para miles de familias.

Más empleo y crecimiento, pero menor poder adquisitivo real

Desde una perspectiva europea, España ha acortado distancias respecto a la media en términos de poder adquisitivo per cápita. Este indicador mide cuánto dinero dispone cada individuo para gastar o ahorrar, considerando ingresos y nivel de precios. Sin embargo, el país se mantiene por debajo de la media y en la mitad inferior del ranking, lo que refleja una mejora lenta e insuficiente para contrarrestar la sensación de estancamiento.

Asimismo, conforme al último estudio de NielsenIQ sobre el poder adquisitivo en Europa en 2025, al analizar el salario por hora trabajada, el avance (un 2,3% en el último año) ha sido inferior al aumento de precios (2,8%). Esto implica una pérdida efectiva de capacidad de compra en los meses finales del año.

Las consecuencias no son solo de índole económica, sino también social. Más de la mitad de los españoles, según el Informe Europeo de Pagos de Consumidores 2025 de Intrum, reconoce que el incremento del coste de vida ha tenido un impacto negativo duradero en su bienestar financiero. Entre los jóvenes, la situación es aún más delicada; son el grupo más afectado por dificultades para llegar a fin de mes, con impagos recurrentes y la presión de mantener estilos de vida inalcanzables, alimentada por redes sociales.

El 2025 se despide con una paradoja incómoda. España crece, genera empleo y muestra una imagen de estabilidad macroeconómica envidiable para otros países. Sin embargo, los ingresos no alcanzan para cubrir todas las necesidades. Mientras los salarios no experimenten un aumento real que compense años de pérdida de poder adquisitivo, la recuperación económica seguirá siendo, para muchos, una palabra vacía que no cabe en su presupuesto.

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