Moncloa presenta nuevo portavoz, Elma Saiz, con referencia a Roosevelt y al Gordo en su primera intervención

Elma Saiz, este martes en la Moncloa durante su estreno como portavoz del Gobierno.

Elma Saiz debuta como la nueva portavoz del Gobierno, manteniendo el discurso y estilo habituales en Moncloa de sus antecesoras.

En su presentación en rueda de prensa, Saiz incorporó referencias a la Lotería de Navidad y citó a Roosevelt, proyectando una imagen formal y bien preparada.

La portavoz defendió la gestión del Ejecutivo, enfatizando la revalorización de las pensiones, y leyó la mayoría de sus intervenciones.

Además, Saiz continuó la práctica de que la Secretaría de Estado distribuya los turnos de preguntas y concluyó la comparecencia felicitando a los ciudadanos en varias lenguas oficiales.

Veinte minutos con Elma Saiz fueron suficientes para evidenciar que en Moncloa ha cambiado el rostro, pero no el guion.

La quinta portavoz del Gobierno replica, al igual que las anteriores, los mensajes elaborados en la Secretaría de Estado de Comunicación. Las voces varían, pero el contenido permanece igual.

Este martes, la navarra Elma Saiz asumió el cargo. Posee mejor dicción y gramática que Pilar Alegría, aunque muestra una imagen más rígida. No se equivoca como María Jesús Montero, pero carece del carisma y personalidad de la sevillana.

No mantiene la dicción impecable ni el estilo didáctico de Isabel Celáa, ni el aire juvenil de Isabel Rodríguez.

La recién nombrada portavoz habló en total durante 20 minutos, combinando su discurso inicial con las respuestas.

Este tiempo representó el 37% del total de 54 minutos que duró la conferencia, aunque su acompañante Óscar Puente, sin restricciones en la red social X, pudo extenderse libremente.

La presentación del abono transporte por parte del ministro se prolongó 22 minutos, un tiempo que probablemente provocó bostezos, incluso en Pedro Sánchez. Superó con creces la duración del turno de la portavoz.

El estreno de Elma Saiz se produjo con un vestido rojo, el color corporativo, y realizando analogías con la Lotería de Navidad. Si Lina Morgan estaba «agradecida y emocionada», la ministra expresó: «Ayer se repartieron muchos premios, pero yo me siento como si me hubiese tocado el Gordo».

Lo dijo como si defender a un Gobierno acosado por escándalos y falta de respaldo parlamentario fuera una recompensa y no un castigo.

Saiz leyó más que improvisó, incluso en su agradecimiento inicial, en el que expresaba: «asumo el cargo con humildad y como un deber».

La ministra se comprometió a «explicar y dar la cara», agradeciendo a Pedro Sánchez y a Pilar Alegría, que «ha brillado» en su función como portavoz. Sin embargo, los resultados electorales en Aragón no son favorables, pues su paso por la sala de prensa de Moncloa le ha pasado factura como imagen del Gobierno sanchista.

Además, la nueva portavoz pidió «algo de paciencia en estas primeras veces» e instó a «respeto mutuo». También mencionó a su «querida tierra Navarra», como quien recibe un premio Goya.

Después de dos minutos de presentación, Elma continuó leyendo para informar sobre lo aprobado en el Consejo de Ministros. «Es un honor debutar con el escudo social», afirmó y destacó su cartera, Seguridad Social, al señalar la «revalorización de las pensiones».

Dado lo árido del tema, intentó aliviarlo con un toque épico, aunque su frase resultó demasiado ensayada.

«Recientemente me citó una frase de Roosevelt que se me quedó grabada», afirmó, aunque la única parte grabada parecía estar en el papel que procedió a leer.

A los 10 minutos y 50 segundos, cedió la palabra a Óscar Puente. El ministro de Transportes elogió la «claridad y rigor» con que su compañera comunica.

Tras la extensa intervención del vallisoletano, comenzaron las preguntas, momento en que Elma Saiz mejoró notablemente. Ya no leyó, sino que mostró respuestas aprendidas.

Se supone que, bien entrenada por la secretaria de Estado –Lydia del Canto-, consultó mínimamente las fichas de argumentación.

Después de una primera respuesta técnica, la segunda fue para Óscar Puente, lo que hizo que la portavoz respirase aliviada.

Desde la etapa de Pilar Alegría, ha habido un cambio notable: las portavoces permiten que sea el director nacional de la Secretaría de Estado quien organice el turno de preguntas.

Se terminó la práctica en la que el ministro portavoz designaba directamente al periodista; ahora, Moncloa es quien concede o retira la palabra, y Elma Saiz sigue esta práctica.

Al llegar a la tercera pregunta, le preguntan si considera extrapolables a nivel nacional los resultados de Extremadura.

Saiz demuestra que se ha preparado el tema y apela a todos los partidos para «preservar de las instituciones a quienes buscan destruirlas». Repite el mensaje como un opositor memorizando, sin emoción, pero con eficacia.

La cuarta pregunta aborda la propuesta de Juan Carlos Rodríguez Ibarra de abstenerse para impedir que Vox ingrese en el Gobierno de María Guardiola.

Sube la temperatura

El ambiente en la sala comienza a caldearse. Tres de sus cuatro predecesoras fueron amonestadas y sancionadas por la Junta Electoral por utilizar Moncloa como tribuna partidista.

Isabel Celáa fue multada con 2.200 euros, sanción que fue ratificada por el Supremo. Isabel Rodríguez recibió una multa de 4.700 euros y sufrió una segunda condena por reincidencia.

También Pilar Alegría fue sancionada por «electoralismo» a cinco días de las elecciones europeas, pagando 2.200 euros tras una rueda de prensa donde excedió en críticas hacia el PP.

Al minuto 17:35 se desata la controversia con menciones a «políticas de ultraderecha», «Feijóo» y «deshumanización del adversario», reunidos todos los tópicos clásicos de Moncloa. Cambia la voz, pero el contenido permanece inalterado.

Al menos, en esta ocasión no aparecen expresiones como «la máquina del fango» o «la fachosfera».

Moncloa sigue al servicio de argumentos marcadamente políticos, sello característico desde la llegada de Sánchez.

Ya en el final, llega el momento «plurinacional». La ministra felicita a los ciudadanos en euskera, catalán y gallego. Y con esto, se despiden hasta la próxima.

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