
Fuente de la imagen, Getty Images
Información del artículo
-
- Autor,
- Título del autor, BBC News Mundo
- 19 diciembre 2025
- Tiempo de lectura: 9 min
Esta semana, la retórica del presidente estadounidense Donald Trump respecto a Venezuela tomó un rumbo inesperado.
Tras varias semanas mencionando los supuestos envíos masivos de drogas desde Venezuela hacia Estados Unidos como motivo para la campaña de ataques contra embarcaciones en el Caribe y el despliegue más grande de fuerzas militares recientes en América Latina, estacionadas frente a las costas venezolanas, Trump añadió un nuevo aspecto.
El martes, Trump anunció un «bloqueo total y absoluto de los petroleros sancionados» que entren o salgan de Venezuela, hasta que esta nación «devuelva a los Estados Unidos de América todo el petróleo, tierra y demás activos que nos habrían robado anteriormente».
La mención a un supuesto robo de petróleo de Venezuela hacia Estados Unidos sorprendió a analistas, porque hasta ese momento Washington justificaba su campaña contra Maduro por acusaciones de que lidera una red criminal denominada cártel de los Soles, hecho que el presidente venezolano niega rotundamente.
No obstante, al día siguiente, Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional de Trump y una figura clave en su gabinete, reafirmó esa tesis: «El esfuerzo, ingenio y trabajo estadounidense fundaron la industria petrolera en Venezuela. Su expropiación despótica fue el mayor robo de riqueza y propiedad estadounidense registrado. Esos activos saqueados se usaron para financiar el terrorismo e inundar nuestras calles con asesinos, mercenarios y drogas».
¿Pero a qué se refieren Trump y su asesor? ¿Cuál es el papel histórico de Estados Unidos en la construcción de la industria petrolera venezolana? ¿Existe fundamento para esta acusación?
BBC Mundo dialogó con expertos en la historia petrolera venezolana para encontrar respuestas.

Fuente de la imagen, Getty Images
Estados Unidos y los comienzos de la industria petrolera en Venezuela
Con las mayores reservas petroleras probadas a nivel mundial, Venezuela empezó el desarrollo masivo de su industria petrolera en la década de 1920, durante el mandato del general Juan Vicente Gómez.
Estos años corresponden al periodo conocido en Venezuela como «el Reventón», que marcó el inicio de la explotación intensiva de un recurso que transformaría el curso histórico del país y cuyo papel en la economía global se volvía cada vez más relevante.
Inicialmente concentrada en el área del Lago de Maracaibo, en el oeste venezolano, la incipiente y rentable industria petrolera pronto pasó a manos de empresas estadounidenses, que remplazaron a las británicas y holandesas que habían impulsado sus inicios.
El gobierno de Juan Vicente Gómez estableció un sistema de concesiones que atrajo a compañías estadounidenses, las cuales podían extraer y vender el petróleo venezolano a cambio de una regalía fijada inicialmente en 7%.
«El Estado otorgó concesiones a la élite local, pero estas las vendieron a extranjeros debido a que los venezolanos carecían de recursos y maquinaria para su explotación», aclaró a BBC Mundo Miguel Tinker Salas, historiador y autor de «Una herencia que perdura. Petróleo, cultura y sociedad en Venezuela».
Durante ese tiempo, la familia estadounidense Rockefeller dominó el negocio petrolero venezolano a través de Standard Oil Company y su filial Creole Petroleum Company en Venezuela.
«Obtenían ganancias de contratos que fueron ampliamente criticados, pues se consideraron demasiado beneficiosos para las compañías», señaló Francisco Monaldi, director del programa de Energía en América Latina del Instituto Baker de EE. UU.

Fuente de la imagen, Getty Images
De acuerdo con Tinker Salas, «Juan Vicente Gómez intentaba balancear la presencia entre estadounidenses, británicos y holandeses para impedir que alguno alcanzara monopolio».
La primera intervención estadounidense ocasionó, según el experto, «un desastre ecológico de gran magnitud».
«Los europeos trabajaban en la orilla del Lago de Maracaibo, pero los estadounidenses comenzaron a montar plataformas para extraer petróleo bajo el agua. Al principio las apoyaron sobre pilares de madera que frecuentemente se deterioraban debido a la acción del agua, lo que provocaba el colapso de pozos y el derrame de crudo al lago».
«Esto afectó gravemente a las comunidades ribereñas que dependían del agua del lago, sin que se realizara ninguna reparación o compensación».
La renegociación durante el gobierno de Medina Angarita
En 1943, Venezuela estaba bajo la dirección del militar Isaías Medina Angarita.
«Presionado por las fuerzas del Ejército que abogaban por el progreso y una clase media emergente, Medina Angarita buscaba aprovechar los ingresos petroleros para modernizar el país», explica Tinker Salas.
En un escenario influido por la Segunda Guerra Mundial, que otorgó a Venezuela un papel estratégico debido a sus abundantes reservas petroleras, el presidente impulsó una Ley de Hidrocarburos que modificó las reglas vigentes.
El Estado reservó para sí mismo el 50% de las ganancias del petróleo, mientras que la regalía a pagar por las empresas extranjeras aumentó a 16%.
Además, se limitó la duración de los contratos de concesión a 40 años y se exigió a las compañías crear refinerías dentro del país para fortalecer la industria nacional.
No obstante, estas medidas fueron bien aceptadas en Estados Unidos, que tenía a Venezuela como proveedor confiable de combustible en un momento de crisis mundial.
«Fueron producto de una negociación y no de una imposición estatal; las empresas estadounidenses valoraron esto porque recordaban la nacionalización petrolera mexicana de 1938 y querían impedir una nacionalización similar», añade Tinker Salas.
La nacionalización decretada por Carlos Andrés Pérez
El contexto era muy distinto cuando, en 1974, Carlos Andrés Pérez asumió la presidencia con la promesa de nacionalizar la industria petrolera.
En aquellos años, los países productores tomaban conciencia de la influencia y los recursos que obtenían al controlar un bien del que las economías desarrolladas dependían completamente, como mostró el embargo petrolero impuesto por varios países árabes a Estados Unidos en 1973 en respuesta a su apoyo a Israel.
Por entonces, Venezuela era el mayor exportador mundial de crudo y había sido uno de los impulsores en la fundación, pocos años atrás, de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
«La nacionalización venezolana formó parte de una serie de procesos similares en esa época, como la de saudí Aramco», recuerda Monaldi.

Fuente de la imagen, Getty Images
Cuando Pérez decretó en 1975 la nacionalización y la creación de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), no existió un conflicto con Exxon y las demás firmas estadounidenses que operaban en el país.
«Las concesiones restantes para esas empresas eran solo por unos años más y el gobierno las compensó equitativamente por los ingresos de producción que no recibirían».
Esto explica en parte la buena relación de Carlos Andrés Pérez con Estados Unidos.
Con los ingresos derivados de precios petroleros elevados, se vivió la etapa denominada «la Venezuela saudita», un proceso de modernización y crecimiento en que el país adoptó un consumo masivo y modernas infraestructuras, aunque no corrigió problemáticas como la desigualdad ni el incremento de deuda.
¿Qué sucedió con las compañías estadounidenses?
Según Monaldi, «continuaron accediendo al petróleo venezolano y obtuvieron contratos auxiliares con PDVSA, lo que les permitió seguir obteniendo considerables ganancias en Venezuela».
El choque con Hugo Chávez
La historia cambió con la llegada en 1999 del coronel Hugo Chávez, quien pronto confrontó a los directivos de PDVSA, que en 2002 promovieron una huelga que paralizó la industria petrolera.
Tinker Salas expone que «PDVSA había creado una suerte de Estado dentro del Estado, donde sus mandos se consideraban expertos, una meritocracia que no quería que el gobierno interferiera en la gestión petrolera».
Pero Chávez depuró gran parte del personal de la empresa estatal, incorporando allegados a su «Revolución Bolivariana», y propuso una «renacionalización» del petróleo.

Fuente de la imagen, Getty Images
Desde 2004, con los aumentos en los precios del crudo, el presidente impulsó una renegociación de contratos con PDVSA, que hasta entonces habían sido muy rentables para las petroleras internacionales.
A partir de 2001 se exigió a PDVSA una mayoría en todos los proyectos y se aumentaron significativamente las regalías para las compañías extranjeras.
Con estos recursos, Chávez financió sus amplios programas sociales y una política exterior vigorosa que le permitió posicionarse como alternativa ante la hegemonía estadounidense en América Latina.

Fuente de la imagen, Getty Images
Las principales firmas estadounidenses afectadas fueron ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron, que adoptaron diferentes posturas.
Chevron aceptó continuar operando bajo las nuevas condiciones y aún produce petróleo en el país.
Por su parte, ExxonMobil y ConocoPhillips rechazaron y abandonaron Venezuela sin aceptar la compensación por la expropiación de sus activos.
ExxonMobil inició un arbitraje ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) del Banco Mundial, que dictaminó una indemnización cercana a US$1.600 millones.
Aunque esta cifra fue mucho menor que sus reclamos iniciales, el resultado fue considerado como una victoria «vacía» para ExxonMobil en medios de la época.
ConocoPhillips también ganó en el Ciadi y le fue otorgada una compensación mayor, ya que se concluyó que la expropiación fue ilícita y que el Estado venezolano no negoció de buena fe.
Sin embargo, dos décadas después, sigue intentando cobrar más de US$10.000 millones que se calcula le adeuda Venezuela.
Actualmente es uno de los principales acreedores en espera de cobrar cuando se subasten los activos de Citgo, filial de PDVSA en Estados Unidos, que se encuentra en un proceso judicial extenso y sin resolver.
¿Entonces Venezuela le debe petróleo a Estados Unidos?
La Venezuela chavista cayó en «default» en 2017 y acumula una deuda impagada estimada en US$150.000 millones.
Esta cifra abarca bonos soberanos y de PDVSA vencidos, además de préstamos no reembolsados a aliados como China y Rusia.
El gobierno de Nicolás Maduro sostiene desde hace años que las dificultades económicas derivan de las sanciones estadounidenses, que restringen su capacidad exportadora de petróleo.
Sin embargo, expertos apuntan que el acelerado descenso en la producción petrolera venezolana, actual en torno a 1,3 millones de barriles diarios comparado con los 3,7 millones máximos previos, se debe en gran medida a la mala gestión y corrupción durante los gobiernos de Chávez y Maduro.
Monaldi señala: «Las expropiaciones de Chávez fueron mal ejecutadas y Venezuela sufre las consecuencias, pero eso no implica que el petróleo venezolano pertenezca a las compañías estadounidenses. Nunca fue así; solo tenían una concesión para explotarlo».
El especialista considera que «Trump y Miller están empleando una retórica exagerada que no corresponde con los hechos».
Tinker Salas coincide en que «no existe un contexto histórico que respalde la afirmación de que Venezuela haya robado petróleo a Estados Unidos».
Sobre la aseveración de Miller de que la industria petrolera venezolana fue creada por «el sudor estadounidense», señala con claridad: «Sin duda hubo expertos estadounidenses, pero quienes despejaron la selva, excavaron pozos y trabajaron la tierra fueron venezolanos».

