El desenlace de las elecciones autonómicas en Extremadura confirma un escenario catastrófico para Pedro Sánchez y un triunfo para el PP de Alberto Núñez Feijóo, que consolida un giro contundente hacia la derecha en un tradicional feudo del PSOE.
El aspirante del PSOE, Miguel Ángel Gallardo, es castigado por la sucesión de escándalos y la inacción durante la legislatura. Mientras tanto, María Guardiola crece en cuatro puntos, sumando más votos y escaños que toda la izquierda combinada, lo que le permitirá gobernar con solo la abstención de Vox, que duplica ampliamente su representación.
En términos generales, los populares consiguen una ganancia menor al espectacular ascenso, al sumar únicamente un escaño. Guardiola pasa de 28 a 29 escaños, quedando lejos de la mayoría absoluta fijada en 33, un objetivo que las encuestas acercaban más que las expectativas reales.
Por su lado, los socialistas se desploman hasta 18 diputados, perdiendo más de un tercio de sus escaños respecto a 2023, con una caída de apoyos superior a 14 puntos, quedando con algo más de la mitad de los votos de mayo del mismo año.
Vox sube de 5 a 11 escaños y se convierte en la segunda fuerza en Badajoz, la urbe más poblada de la región, adelantando al PSOE. Mientras tanto, Unidas por Extremadura (Podemos) apunta a un incremento de 4 a 7 escaños en la Asamblea de Extremadura.
Invierno en el PSOE
El PSOE atraviesa un colapso histórico en Extremadura, perdiendo más de un tercio de sus diputados y entregando el control al PP.
El PP de María Guardiola consigue más votos y escaños que toda la izquierda unida y podrá gobernar con la abstención de Vox, fuerza que duplica su representación.
Vox crece hasta 11 escaños y se posiciona como segunda fuerza en Badajoz, mientras Unidas por Extremadura progresa de 4 a 7 asientos.
La hegemonía socialista en Extremadura, vigente desde 1983, llega a su fin tras unas elecciones anticipadas en las que el PSOE queda más cerca de Vox que del PP.
Así, mientras a las 16:03 horas de este domingo comenzaba el invierno en España, a las 20:00 horas también arrancaba en el PSOE, con el cierre de los colegios electorales y el inicio del recuento.
La lista liderada por Gallardo se desploma: sus resultados lo posicionan mucho más próximo a Vox que al PP. Los socialistas sacarían menos de nueve puntos de ventaja respecto a Vox, la mitad de los casi 18 puntos con que el PP supera al PSOE.
Además, la magnitud del colapso debe medirse teniendo en cuenta que estas fueron unas elecciones anticipadas, celebradas solo dos años y medio después de las anteriores… en las cuales los socialistas, liderados entonces por el fallecido presidente Guillermo Fernández Vara, ganaron aunque empatando en escaños con el PP.
De hecho, en 10 de las 11 convocatorias autonómicas en la historia de Extremadura, los candidatos socialistas resultaron ganadores, y en siete ocasiones con mayoría absoluta. Esto significa que el PSOE no solo sufrió una derrota dura, sino que ha cedido las llaves al PP (y probablemente sus copias) de uno de sus bastiones históricos.
El último sondeo de SocioMétrica, publicado por EL ESPAÑOL el pasado lunes, ya anticipaba un fenómeno similar al que arrojaron las urnas finalmente. Allí, el PP fluctuaba entre 31 y 32 escaños mientras el PSOE se situaba entre 19 y 21. Esa ligera sobreestimación de ambos grandes partidos correspondía en realidad a Vox, ubicado entre 8 y 9.
Los populares alcanzan su meta de consolidar la región para el centro-derecha. La hegemonía socialista en Extremadura, iniciada en 1983 con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, llega a su término.
En una convocatoria marcada por la coyuntura nacional y una campaña centrada en Sánchez, la consolidación de un 60% de votos para las fuerzas derechistas representa un respaldo claro a la estrategia de Feijóo al comenzar esta serie de elecciones autonómicas.
El próximo turno será para Jorge Azcón, el 8 de febrero en Aragón, cuya precampaña ya enmarca «dos objetivos: la estabilidad regional y acelerar la salida de Sánchez«. Solo replicar cifras similares allí y luego en Castilla y León el 15 de marzo, y en Andalucía en mayo o junio, «enviaría un mensaje contundente al sanchismo», apuntan fuentes de Génova, «que no beneficia a España».

