Pedro Sánchez enfrenta en Extremadura su primera votación tras los recientes escándalos de corrupción

El presidente Pedro Sánchez, durante un mitin de campaña de las elecciones de Extremadura.

Pedro Sánchez enfrenta en Extremadura su primer desafío electoral tras los recientes escándalos de corrupción que afectan al PSOE.

Los comicios en Extremadura definirán si María Guardiola (PP) consigue gobernar sin alianzas o si tendrá que negociar con Vox, lo que influirá en la dinámica nacional.

El aspirante socialista Miguel Ángel Gallardo llega debilitado por acusaciones de corrupción, mientras el PSOE anticipa una caída significativa en votos.

Estas elecciones anticipan un ciclo decisivo en varias comunidades, donde el PP se presenta como favorito y el PSOE intenta limitar su desgaste.

Cuando un presidente convoca elecciones anticipadas, se expone a ser considerado un estratega si mejora su posición parlamentaria o a un novato si los resultados empeoran.

La frontera entre ser un genio o un pardillo es estrecha en política, especialmente en épocas de fragmentación y resultados imprevisibles.

En esa delicada situación se encuentra María Guardiola con los comicios que tendrán lugar este domingo en Extremadura. Todo dependerá de si logra consolidar una fuerza suficiente frente a Vox para gobernar sin aliarse.

La presidenta extremeña contaba con una razón justificable para adelantar las elecciones: la incapacidad de aprobar los Presupuestos por la falta de acuerdo con Vox.

Por su parte, el presidente de Aragón, Jorge Azcón, ha optado por un camino similar con el mismo argumento y ha convocado para el 8 de febrero.

De este modo, se pone en evidencia a Pedro Sánchez, que gobierna con los presupuestos aprobados en 2022.

No obstante, algunos presidentes del PP sin Presupuestos aprobados, como Marga Prohens en Baleares y Fernando López Miras en Murcia, no han seguido la estrategia de Guardiola.

En este contexto político, lo principal que se decide este domingo es si Guardiola dispone de una mayoría suficiente para gobernar sin apoyos externos.

Ya sea porque consiga una mayoría absoluta, cercana según las encuestas, o porque se acerque tanto que Vox no pueda negarle la investidura sin condiciones severas.

Se percibe, incluso por el PSOE, que los resultados en Extremadura serán negativos para los socialistas.

Se interpreta como una especie de referéndum para Pedro Sánchez, en su momento de mayor desgaste político por los escándalos y la debilidad de su candidato.

Miguel Ángel Gallardo está acusado de crear un puesto de trabajo en la Diputación de Badajoz para el hermano de Sánchez.

Su candidatura es tan débil que la propia dirección del PSOE, encabezada por Sánchez, deseaba que otra socialista ganase las primarias. Incluso se consideró sustituirlo antes de convocar las elecciones anticipadas.

En consecuencia, las expectativas del PP son elevadas y las del PSOE muy bajas. Los socialistas solo aspiran a que Vox crezca lo suficiente para que Guardiola tenga que pactar con la ultraderecha, lo que complicaría al PP a nivel nacional.

Es un consuelo peculiar para un partido que tradicionalmente salía a ganar elecciones y que ahora se conforma con el avance de una formación ultraderechista que recorte votos al PP.

En Extremadura, todas las encuestas muestran una caída del PSOE.

En Aragón, ninguna encuesta pronostica un triunfo socialista y se duda sobre la capacidad del PP para formar gobierno mediante acuerdos con Vox u otros grupos.

En Castilla y León, los resultados son más ajustados para la noche electoral, pero los socialistas no cuentan con socios para pactar.

Y en Andalucía, María Jesús Montero se aproxima al peor resultado histórico de su partido: solo espera que Juanma Moreno no consiga mayoría absoluta y tenga que negociar con Vox.

Todo esto ocurre en un contexto sin precedentes, una verdadera carrera electoral para los próximos meses, con la mirada puesta en las elecciones generales, sin importar cuándo se celebren.

Tras las elecciones en Extremadura, seguirán las de Aragón el 8 de febrero, las de Castilla y León en marzo, y las de Andalucía en mayo o junio.

Se inicia un extenso ciclo electoral en el que el PP parte como favorito en todas las comunidades, aunque con distintos grados. Por su parte, el PSOE solo aspira a medir y contener su desgaste, amortiguado por posibles pactos del PP con Vox.

El ‘efecto 2023’

Los socialistas buscan algo parecido a lo que ocurrió en 2023, cuando Sánchez supo beneficiarse de los pactos que el PP cerró con Vox en regiones como Comunidad Valenciana. Eso movilizó al electorado de izquierdas en las generales. Esa es la estrategia de Ferraz.

La teoría del líder socialista sostiene que el ascenso de Vox podría mostrar a los votantes del PP que, a pesar de los problemas del PSOE, el equipo de Alberto Núñez Feijóo no logra despegar y no garantiza una victoria en las generales ni su investidura posterior.

Desde Moncloa estiman que esta situación podría provocar la división del PP, incapaz de cumplir la expectativa diaria de acabar con Sánchez que genera el principal partido de la oposición.

Este ciclo electoral será en teoría autonómico, pero en la práctica tendrá un impacto nacional.

Por un lado, Sánchez pondrá todo su empeño para evitar lo que ocurrió en 2023, cuando el desgaste de su Gobierno se trasladó a los barones regionales y alcaldes, mientras el PP lograba un dominio territorial inédito.

Ahora, varias derrotas consecutivas causarían alarma en las federaciones del PSOE, que temen repetir esa situación.

Por otro lado, se evalúa la decisión de Sánchez, cuestionada en esas federaciones, de presentar como ministros a candidatos autonómicos, como Pilar Alegría en Aragón y María Jesús Montero en Andalucía.

La campaña extremeña ha transcurrido en un ambiente marcado por los escándalos que rodean al PSOE por corrupción y abusos sexuales, y en el último momento, por la polémica del voto por correo.

María Guardiola y la dirección nacional del PP sugirieron irregularidades cuando en realidad ocurrió un robo en una oficina de Correos perpetrado por delincuentes comunes, que sustrajeron 14.000 euros de la caja. La Junta Electoral corrigió el destrozo que hubo con los votos.

Otro aspecto de estas elecciones con impacto nacional es el espacio político a la izquierda del PSOE.

Sumar no se presenta formalmente, pero Izquierda Unida sí lo hará junto a Podemos. Este sector está en proceso de reconstrucción, con varios actores buscando su lugar y proponiendo soluciones «imaginativas» que aún no terminan de arraigar.

Scroll al inicio