El delantero galo igualó desde el punto de penalti contra el Sevilla el récord de goles que ostentaba el portugués durante un año natural con el club blanco.
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La noche del sábado tomó un carácter especial en el Santiago Bernabéu. Se sentía en el ambiente esa energía contenida que solo anuncia momentos legendarios, un pulso que los miles de asistentes al coliseo blanco detectan de forma instintiva.
No estaba en juego una final, ni siquiera un Clásico, pero el enfrentamiento frente al Sevilla cerraba un año natural, el 2025, ya inscrito con letras grabadas en la historia del club. El protagonista, como sucede desde su llegada a la capital, fue Kylian Mbappé. La meta era clara: alcanzar el número 59.
Durante doce años, la cifra de 59 goles en un año con la camiseta del Real Madrid, impuesta por Cristiano Ronaldo en 2013, permaneció como un pico inalcanzable, un Everest estadístico que superó la era de la BBC y la transición que vino después.
Mbappé llegó a este último encuentro con 58 goles acumulados. A un peldaño de empatar al ídolo portugués. A dos para sobrepasarlo. Lo que estaba en juego era mucho más que un simple número; suponía la confirmación de que la ‘era Mbappé’ ya no es una esperanza, sino una realidad contundente.
El año de su consagración
Si 2024 sirvió para su adaptación —con algunas dudas—, 2025 simboliza su explosión definitiva. Bajo la dirección de Xabi Alonso, el esquema del Real Madrid ha girado en torno al delantero francés, quien ha respondido con un voraz apetito goleador.
«Espero que mantenga este ritmo al inicio del 2026», afirmó Xabi Alonso después del partido del sábado, plenamente consciente de que su estrella acababa de devorar la historia.
Kylian Mbappé, anunciado en el videomarcador 360 del Santiago Bernabéu AFP7 / Europa Press
Más allá de la marca, este año señala el verdadero inicio de su leyenda en el club blanco. Ha sido un ciclo marcado por la constancia en lo extraordinario: goles en Liga, actuaciones destacadas en la Champions —inolvidable aquel póker frente al Olympiacos— y una regularidad que mantuvo al equipo firme en sus altibajos.
Mbappé dejó atrás la etiqueta de fichaje estelar para consolidarse como el líder indiscutible del equipo.
Dos depredadores, dos estilos distintos
Comparar el 2013 de Cristiano con el 2025 de Mbappé es un ejercicio fascinante que revela diferencias en estilos. Ambos alcanzaron cifras legendarias, aunque por rutas diferentes.

Según el gráfico, Cristiano en 2013 era un rematador completo, dominador del juego aéreo como ningún otro. De sus 59 goles, 11 fueron de cabeza, un recurso que Mbappé apenas utiliza (su presencia aérea en las estadísticas es mínima). Además, Ronaldo era más efectivo en disparos lejanos y faltas directas (4 goles de falta frente a uno de Mbappé).
En cambio, Mbappé representa la velocidad y la precisión. Su 2025 se cimentó en un dominio claro de su pierna derecha (29 goles, la mitad del total) y una efectividad notable desde el punto penal (13 goles, cuatro más que Ronaldo ese año).
Cristiano Ronaldo, en 2013 con el Real Madrid: ese año metió 59 goles de blanco EFE
Mientras que Cristiano era un martillo constante, capaz de rematar un centro lateral o disparar desde 30 metros con potencia, Mbappé actúa como un bisturí que aparece en el área tras una carrera explosiva o un desmarque inesperado.
Se trata de dos formas distintas de dominar a las defensas: el portugués con fuerza y presencia imponente; el francés con aceleración y precisión en la definición.
El mapa del tesoro
La distribución de los goles de Mbappé en 2025 también refleja su impacto en todas las competiciones. No existe torneo ‘secundario’ para el delantero.

La Liga ha sido su principal escenario, pero su contribución en Champions League y Copa del Rey ha sido crucial. No reduce su rendimiento en encuentros decisivos.
Si se analiza el minuto en que anota, su precisión también tiene patrones claros.

Mbappé suele marcar en momentos clave: al inicio de las segundas partes (minutos 45-60) y sobre todo en los instantes finales del primer tiempo. A diferencia de otros goleadores que acumulan cifras en tiempo añadido (90+), él suele abrir el marcador o sentenciar mientras el partido está aún en curso.
El rugido del 59
Finalmente, llegó la hora decisiva. El Sevilla, siempre un rival complicado para el Madrid, planteó un encuentro defensivo, buscado cerrar espacios. Pero contra la historia no hay defensa posible. En el minuto 86, Mbappé transformó un penalti. El Bernabéu estalló, no solo por el gol, sino por su significado profundo.
Con ese gol, la cuenta llegó a 59. Doce años después, Kylian Mbappé se puso a la altura de Cristiano Ronaldo. El alumno había igualado al maestro. Alcanzar esa marca establecida en 2013, en un fútbol cada vez más físico y táctico, representa un logro impresionante.
Al concluir el encuentro, con el balón bajo el brazo, Mbappé no solo sumaba tres puntos, sino la certeza de que su nombre ya figura en oro junto al del mito más grande del club. «Quiero más», transmitió su celebración imitando el gesto de su ídolo. La leyenda acaba de empezar.

