Roma se encuentra dividida entre proteger a los agricultores y mantener las exportaciones hacia los países de Mercosur. Sin embargo, quienes respaldan el acuerdo temen que su silencio indique que Italia podría no apoyar el pacto.
El silencio de Italia respecto al acuerdo comercial con Mercosur es notable y podría resultar determinante. Roma tiene la posibilidad de convertirse en el árbitro entre quienes apoyan el tratado y aquellos países que buscan impedirlo.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tiene previsto viajar a Brasil el 20 de diciembre para ratificar el acuerdo. Francia, que enfrenta el descontento de sus agricultores por temor a la competencia desigual proveniente de América Latina, se opone al pacto y demanda aplazar la votación de los estados miembros de la UE que estaba programada para esta semana y que permitiría la firma.
Este acuerdo comercial con los países de Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— busca establecer una zona de libre comercio para 700 millones de personas en ambos lados del Atlántico. Su aprobación requiere una mayoría cualificada de los estados miembros de la UE, y una minoría de bloqueo conformada por cuatro países que representen al menos el 35% de la población europea podría frenar la ratificación.
En términos numéricos, la postura de Italia resulta decisiva. Francia, Hungría, Polonia y Austria se oponen al acuerdo. Irlanda y Países Bajos, pese a haber mostrado reticencias anteriormente, no han comunicado todavía su posición oficial. Bélgica optará por abstenerse.
Esto deja a Italia en el centro de la atención. Un diplomático reveló a Euronews que el país se siente expuesto, aunque esto podría ser algo positivo si maneja sus cartas estratégicamente para obtener concesiones.
Coldiretti mantiene su firme oposición al acuerdo
Anteriormente, el ministro de Agricultura de Roma exigió garantías para el sector agrícola.
Desde entonces, la Comisión formuló una salvaguarda para supervisar posibles alteraciones en el mercado europeo causadas por importaciones del Mercosur. Esta medida, respaldada por los estados miembros, será sometida a votación en la sesión plenaria del Parlamento Europeo en Estrasburgo el martes.
La principal asociación agropecuaria italiana, Coldiretti, sigue mostrando un rechazo contundente.
“La activación de esta cláusula de salvaguardia tomará demasiado tiempo si el mercado de la UE se ve afectado por un incremento repentino de importaciones del Mercosur”, afirmó un representante de Coldiretti a Euronews.
Por otra parte, la primera ministra Giorgia Meloni enfrenta un delicado equilibrio entre las demandas de los agricultores y el lobby industrial Confindustria, mientras que Italia continúa siendo el segundo mayor exportador de la UE hacia los países del Mercosur.
Esto fue subrayado también por el ministro de Agricultura, Francesco Lollobrigida, hace pocos días en Bruselas. “Muchos sectores industriales y algunas áreas agrícolas, como la producción de vino y queso, se beneficiarían de manera concreta del acuerdo. Otros, sin embargo, podrían salir perjudicados”, explicó.
Por ello, hasta ahora Italia ha evitado definir una posición clara. “Desde 2024 hemos intentado proteger a todos”, sostuvo Lollobrigida, “manteniendo al mismo tiempo ambigüedad respecto a la postura nacional”.
Los defensores del acuerdo intentan persuadir a Meloni, viéndola como la clave para concretar el pacto y abrir nuevos mercados frente a los obstáculos del comercio global, incluyendo las políticas nacionalistas de EE. UU. y China.
“Mientras la presidenta de la Comisión se prepara para desplazarse a Brasil para la cumbre de Mercosur, debemos hacer lo necesario para que esto ocurra”, indicó un diplomático de alto rango de un país partidario del acuerdo.
No obstante, la incertidumbre persiste. Nadie desea convocar una votación que pueda fracasar, y el prolongado silencio de Italia está generando inquietud entre los apoyos, manifestaron fuentes a Euronews.
Un diplomático con conocimiento del tema comentó a Euronews que “la situación es compleja, parece complicada”.

