Pedro Sánchez promueve que Cataluña y País Vasco sean reconocidos como miembros asociados de la Unesco y ONU Turismo dentro de su estrategia política.
Esta categoría está destinada a territorios no soberanos, aunque resulta inusual para regiones como Cataluña o País Vasco, lo que representaría una excepción sin precedentes en España.
El propósito es conseguir el respaldo de Junts, ERC y el nacionalismo vasco, otorgando a ambas comunidades un perfil diferenciado en organismos multilaterales.
La condición de miembros asociados permitiría a Cataluña y País Vasco intervenir con delegaciones propias en ámbitos como la cultura y el turismo, sin implicar una soberanía autónoma.
Pedro Sánchez promoverá que Cataluña y País Vasco entren como miembros asociados en la Unesco y en ONU Turismo, antes llamada la Organización Mundial del Turismo.
Estos dos organismos dependen de Naciones Unidas y, hasta ahora, España aparece sin territorios diferenciados en ellos.
La iniciativa del presidente del Gobierno, revelada el lunes durante su balance político anual, busca reconstruir lazos con Junts y atraer también el apoyo de ERC y del nacionalismo vasco.
Lo habitual es que un Estado actúe como miembro de pleno derecho y concentre la representación internacional de sus territorios.
El estatus de «miembro asociado» está dirigido a territorios no soberanos que no controlan su política exterior, condición que no se aplica ni a País Vasco ni a Cataluña.
Es decir, se trata de una categoría destinada a regiones que, por factores específicos como su organización administrativa o insularidad, cuentan con una presencia particular frente al Estado en ciertos foros multilaterales.
Por ejemplo, en ONU Turismo solo hay seis miembros asociados: Aruba, Flandes, Hong Kong, Macao, Madeira y Puerto Rico.
En la Unesco, esta categoría incluye, entre otros, Aruba, Curaçao, Sint Maarten, las Islas Feroe, Groenlandia y varios territorios ultramarinos británicos.
Estas regiones cuentan con delegación propia, pero tienen un estatuto limitado, sin derecho a voto ni consideración de miembros plenos.
Madeira, por ejemplo, participa como miembro asociado de Portugal debido a su condición insular.
No sucede lo mismo con otros territorios españoles de características similares, como Canarias, Ceuta o Melilla.
Por ello, la propuesta de separar ahora a Cataluña y País Vasco de España representaría una excepción sin precedentes.
Esta medida solo se entiende en el marco de la debilidad política de Sánchez, siendo planteada en uno de los peores momentos de la relación entre el PSOE y el partido de Carles Puigdemont.
«En cuanto a la relación con Junts, como saben, está rota, pero el Gobierno desea extender la mano y avanzar en esa agenda», afirmó el presidente en la primera de las cuatro preguntas que respondió durante su intervención.
Fue precisamente en ese momento cuando anunció la promoción para que ambas comunidades ingresen como miembros asociados en la Unesco y ONU Turismo.
Esta táctica se enmarca en la estrategia de Sánchez para mostrar avances a Junts en la esfera internacional. De hecho, se recurrió a este método tras el rechazo de la UE a la oficialidad del catalán.
En esa ocasión, Moncloa presentó como logro la aceptación del catalán en las Escuelas Europeas, un movimiento carente de efecto jurídico en las instituciones europeas.
Por otra parte, que País Vasco y Cataluña formen parte de foros multilaterales tiene mayor relevancia.
Porque implicaría el reconocimiento de estas dos comunidades autónomas como sujetos territoriales diferenciados en ámbitos como la educación, la cultura y el turismo.
Este estatus les facultaría para intervenir con delegación propia en reuniones, comisiones y programas, así como para gestionar proyectos sin depender continuamente de la representación estatal.
Esta modalidad no modifica en ningún sentido la soberanía española, pero sí incorpora una forma institucionalizada de paradiplomacia.

