La curiosidad sobria es un movimiento social y de autoconocimiento que invita a cuestionar la cultura del alcohol, replanteando la relación personal con la bebida
La actriz Toni Acosta lleva tres años sin consumir alcohol, Mario Casas ya acumula más de dos y el cantante Dani Martín un tiempo parecido. ¿Está de moda abandonar o reducir significativamente el consumo de las bebidas espirituosas? ¿Qué opinan los especialistas?
Este fenómeno recibe el nombre de sober curious, curiosidad sobria en español, y representa un movimiento en el que las personas reconsideran su vínculo con el alcohol, optando por disminuir o eliminar por completo su ingesta como una decisión consciente centrada en la salud.
Francisco Pascual, expresidente de Socidrogalcohol y médico de la Unidad de Conductas Adictivas del Hospital de Alcoy, conocía esta tendencia. “Me resulta positivo el proceso reflexivo que lleva a alguien a decidir que no vale la pena consumir alcohol. Veremos cómo evoluciona, pero creo que es una moda que puede arraigarse”, comentó a este medio.
Asimismo, destaca la influencia de personalidades públicas que la siguen, ya que “pueden contribuir a mejorar la salud de la juventud”. También señala que la Navidad es un periodo “complejo” respecto al alcohol, incluso para quienes han optado por abstenerse. “Es necesario tener la cabeza bien organizada porque estas fechas suponen una etapa de reencuentros, comidas y celebraciones intensas. El inicio de año simboliza un cambio en la perspectiva personal y se suele festejar”, agrega.
Además, apunta que los estudiantes finalizan el trimestre y celebran tanto sus aprobaciones como el cierre de los exámenes. “Este momento concentra muchas emociones, no siempre positivas. Recordar a un familiar ausente también puede llevar a algunas personas a recurrir al alcohol”, añade.
En conclusión, Pascual insiste en que existen múltiples razones, especialmente de tipo ambiental, social y emocional, que hacen que estas fechas resulten “más delicadas” para el consumo de alcohol o la recaída.
Sobre la presión social para beber, el médico explica las consecuencias para quien decidió no hacerlo y luego cede: “Se rompen los principios y el compromiso propio. Cuando la insistencia es constante, llega un momento en que la persona se siente incómoda y opta por aislarse. El rechazo social entre jóvenes es notable; debería respetarse la libertad individual por parte de amigos, compañeros o la publicidad”.
De hecho, subraya que este respeto muchas veces falla. “En estas fechas no se respeta y se insiste en algo que la persona rechaza. La Selección Española de Fútbol tiene como patrocinador una marca de cervezas, seamos serios, por favor. Esos mensajes penetran en la mente de los jóvenes. Así como se popularizó la costumbre de brindar siempre con alcohol, podemos promover otra forma de celebrar”, sostiene.
Por ello, propone alternativas: “Si valoramos el ambiente familiar y gastronómico, por ejemplo, podríamos crear una moda personal como el agua con gas. Es mejor que un refresco, ya que los edulcorantes tampoco son saludables. También es aconsejable evitar bebidas energéticas, que aumentan la nerviosidad y afectan el sabor de la comida”.
En datos
Según la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES), el alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva más consumida. Aunque los datos de 2025 reflejan una bajada respecto al año anterior, el 73,9% de los 35.256 estudiantes encuestados ha consumido alcohol alguna vez (frente al 75,9% en 2023), el 71,0% en el último año (comparado con 73,6%) y el 51,8% en los últimos 30 días (frente al 56,6%).
Además, el 24,7% admite haber practicado binge drinking, que consiste en beber cinco o más vasos de bebidas alcohólicas en un lapso aproximado de dos horas, durante el último mes, y el 17,2% indica haberse emborrachado, ambos porcentajes en sus mínimos desde el año 2000. También se resalta que la edad media de inicio en el consumo permanece en 13,9 años, mientras que el inicio en el consumo semanal y la primera borrachera se sitúan en 14,8 y 14,6 años, respectivamente.
Cuando se les pregunta por la razón para beber, la motivación principal es la “diversión”, seguida de “me gusta cómo me siento”, “me ayuda cuando estoy deprimido”, “ligar más”, “emborracharme” y “encajar en un grupo”.
También se observa que la percepción del riesgo vinculada al consumo ha aumentado en 2025, acorde con la disminución en la prevalencia de consumo entre estudiantes de entre 14 y 18 años: el 67,6% de los alumnos en este rango considera que beber 5 o 6 cañas o copas durante un fin de semana puede generar “muchos o bastantes” problemas. Esta conciencia del riesgo ha crecido notablemente en los últimos años: en 2025 se incrementó en 4,2 puntos porcentuales respecto a 2023 y en 10,7 puntos respecto a 2021, alcanzando el valor más alto registrado en la serie.

