Tomás Gómez afirma que Pedro Sánchez será recordado como el Bettino Craxi español y no descarta que pueda abandonar el país.

Tomas Gómez, exsecretario general del PSM, durante su entrevista con EL ESPAÑOL.

Tomás Gómez responsabiliza a Pedro Sánchez de haber destruido la historia del PSOE debido a su afán personal y de haber eliminado los límites tradicionales del partido.

Gómez establece una comparación entre Sánchez y Bettino Craxi y no descarta que el presidente termine huyendo del país ante el avance de las investigaciones judiciales.

El exlíder del PSOE critica la táctica de Sánchez basada en la polarización y el control interno del partido, y señala que muchos dirigentes socialistas han perdido la paciencia.

Gómez afirma que el PSOE ha dejado atrás la socialdemocracia para adoptar un populismo, lamentando la escasez de debate y control interno dentro de la formación.

Una de las primeras decisiones organizativas de importancia que tomó Pedro Sánchez al alcanzar la Secretaría General del PSOE fue la destitución del entonces líder del partido en la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez.

Este fue un movimiento brusco, inesperado y con gran carga simbólica política, que definió desde el principio el estilo de liderazgo instaurado en Ferraz.

La dirección federal defendió esta medida alegando que “la imagen del partido se estaba deteriorando” como consecuencia de una investigación judicial sobre presuntos sobrecostos en el tranvía de Parla, un proyecto impulsado mientras Gómez ejercía como alcalde de esta localidad al sur de Madrid.

Sin embargo, la Justicia no tardó en archivar la causa. Pero para ese entonces, el daño político ya era irreversible. Sánchez no esperó ni unas horas para ejecutar el cambio: ordenó a cerrajeros que cambiaran la cerradura del despacho de Gómez en la sede del PSM.

Dentro quedó un objeto casi íntimo y revelador: una miniatura de Vespa, su objeto de colección preferido.

Tomás Gómez no era un líder cualquiera. Había sido compañero de filas de Pedro Sánchez en la federación madrileña, donde ambos militaban desde Juventudes Socialistas. Se conocían desde hacía más de veinticinco años. Era el líder territorial con mayor conocimiento sobre Sánchez.

Diez años después de aquel episodio, Gómez ha reconstruido su vida alejado del foco político. Actualmente se dedica a la docencia universitaria como profesor de Economía, labor que combina con la abogacía.

Separado de la primera línea política, nos recibe en su despacho.

Sánchez lo destituyó sin acusación alguna, solo por una investigación sobre posibles sobrecostos en el tranvía de Parla, que luego fue archivada. Le hicieron un “corte de cabeza” para mostrar regeneración y limpieza. Esta semana vemos un desfile de detenciones y registros, pero nadie dimite. ¿Cómo analiza esta situación?

El tiempo acaba poniendo cada cosa en su lugar. Pedro Sánchez no ha cambiado; continúa siendo el mismo de hace diez años, cuando me apartó o provocó mi fin político.

Es el mismo desde hace 35 años, cuando lo conocí. Un joven ambicioso, sin escrúpulos, con una ética muy flexible.

Para él, lo esencial son sus objetivos personales, su propia ambición. Todo lo que haga para alcanzarlos, está justificado.

De modo que, con el tema del tranvía —que fue la excusa para apartarme de la Federación Socialista Madrileña y de la candidatura autonómica—, el tiempo finalmente ha aclarado las cosas.

Nunca hubo imputación. La Justicia archivó todo.

En términos judiciales, fue cero. Pero Sánchez lo empleó para fracturar una mayoría en el PSOE federal que se sustentaba principalmente en Andalucía, liderada por Susana Díaz; Valencia, con Ximo Puig, y yo mismo.

¿Por qué? Porque pocos meses después de asumir Sánchez la Secretaría General, ya sabíamos que negociaba con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), con independentistas, y que su prioridad era acceder al poder en Moncloa por encima de todo.

A Sánchez no le interesa gobernar en sí; solo le interesa el poder, y para ello no reconoce límites.

En aquella época, las líneas rojas eran claras: no podía formar un gobierno de coalición con el populismo de Podemos ni pactar con los independentistas.

Pero Sánchez ha dinamitado todas esas barreras en su búsqueda de poder personal.

¿Qué consecuencias tiene para el Partido Socialista y su futuro el hecho de que Sánchez haya roto esas líneas?

Sánchez dejará un terreno arrasado. Ha destrozado la historia del Partido Socialista.

Estoy seguro de que no tardará en dejar la secretaría general, pero cuando lo haga, encontrará una organización profundamente dañada.

No creo que el PSOE actual sea realmente el PSOE; el proyecto termina en 2014.

Sánchez tomó una botella de Coca-Cola, la vació y la llenó con agua con gas.

Muchos votantes compran Coca-Cola porque dice eso en el envase. Pero eso no es el PSOE. Actualmente hay varios casos de corrupción; me preocupa más la corrupción política que la económica porque la primera no suele ser investigada judicialmente.

Corrupción política es que, por siete votos, aprueben una ley de amnistía que significa humillar al Estado español y pedir perdón a quienes atacaron al Estado.

Corrupción política es no convocar elecciones porque sabe que las perdería. Es mantenerse en el Gobierno sin Presupuestos Generales del Estado ni política fiscal.

Corrupción política es usar el Consejo de Ministros para intentar apaciguar a Puigdemont. Me parece gravísimo.

Las tres causas que obligan a Sánchez a irse son: corrupción económica, corrupción política e ingobernabilidad del país.

Tomás Gómez, durante la entrevista

Sánchez dice que no tenía conocimiento. Sobre Ábalos comentó hace unos días: “Era un gran desconocido a nivel personal”.

Está muy preocupado por la imagen que dejará en la Historia. Incluso lo ha consultado en ocasiones.

¿Sabe cómo pasará Pedro Sánchez a la Historia?

Será el Bettino Craxi de España. Sánchez acabará igual, para desgracia del PSOE.

¿Cree que también se fugara del país? (Bettino Craxi huyó a Túnez para evitar condena judicial)

Con los datos que salen a la luz, no es ni descabellado ni improbable contemplar esa posibilidad hoy día.

El cerco se va cerrando alrededor del presidente del Gobierno.

Tras Bettino Craxi y la operación Mani Pulite, el Partido Socialista italiano se hundió. ¿Piensa que el PSOE corre también el riesgo de desaparecer en unos años, como en Italia?

Esa es la preocupación de quienes pertenecemos al PSOE: Felipe González, Alfonso Guerra, quienes somos anteriores a 2014.

Nadie va a volver. Por edad, desarrollo profesional y porque las segundas partes nunca fueron buenas.

Nuestra inquietud no es personal. Nos preocupa porque están destruyendo un proyecto político que convirtió a España en país europeo.

Que España fuera una democracia comparable con las europeas.

Un partido que supo colaborar con otros: la UCD de Suárez, el Partido Comunista de Santiago Carrillo, y la Alianza Popular de Manuel Fraga.

Todos contribuyeron a hacer de España un lugar mejor, donde la Guerra Civil y la dictadura fueron parte del pasado y la mirada iba al futuro.

Eso es lo que ha destrozado Pedro Sánchez por un único motivo: su deseo de poder. No gobierna, pero ansía el poder.

Y me pregunto: ¿por qué alguien con tan gran ansia de poder no puede gobernar desde hace tres años?

Todo esto se ha acelerado en las últimas semanas. Antes había casi un escándalo semanal. Ahora, vemos uno diario, incluso el jueves hubo varios en una tarde (a los registros de la UCO se sumaron dimisiones por supuestos casos de acoso sexual).

Y seguimos arrastrando la condena al Fiscal General, la detención de la ‘fontanera’ Leire Díez y la del expresidente de la SEPI… Pero, pese a estos casos, el presidente y los ministros simulan normalidad y aseguran que continuarán con su agenda progresista.

¿Puede alguien hoy creer lo que dice este Gobierno y Pedro Sánchez?

Todos saben que mienten. Él sabe que miente y es consciente de que nosotros también lo sabemos.

¿Por qué puede permitirse tal engaño? Porque ya ha amortizado las críticas.

No creo que haya ningún español, ni votantes de Sánchez ni adversarios, que no tenga claro que su rasgo esencial en política es la mentira: mentir constantemente sobre todo lo que hace.

Esa imagen no podrá desprenderse nunca, por más que intente demostrar lo contrario; es una batalla perdida.

Entonces, ¿qué ha hecho? Aceptar que todos sabemos que miente y usar la mentira cuando le conviene.

Respecto a su afirmación de que agotará la legislatura hasta 2027, no tengo duda de que es imposible.

Además, con el ritmo actual de avances judiciales y cómo se estrecha el cerco político y familiar alrededor del presidente, dudo que lleguemos a Semana Santa sin unas elecciones.

Habla de un cerco que se estrecha. Lo compara con Bettino Craxi. ¿Cree que Sánchez o su entorno se han enriquecido personalmente?

En España nos hemos acostumbrado a no respetar al Poder Judicial.

Cuando hay una investigación que le incomoda, Sánchez ataca a los jueces: dice que son de derechas, parte de la fachosfera.

Tengo total confianza en que, si la justicia investiga, es porque existen indicios. No dudo que todo quedará aclarado.

Eso sí, hay conductas claramente poco éticas. Que la esposa del presidente desarrolle su carrera profesional no puede cuestionarse, pero hacerlo bajo el paraguas del cargo político e institucional de su esposo no sé si es delito, pero éticamente resulta inaceptable, aún más para un líder socialista.

Tomás Gómez, recuerda su época al frente del PSM.

Esta semana salió a la luz la sentencia contra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Ministros como Óscar López, su sucesor al frente del PSOE-M, la criticaron diciendo que no parecía ni un guion de Hollywood.

El Gobierno construye un relato y lo repite una y otra vez, como si siguiera el manual de propaganda de Goebbels: repetir hasta que alguien lo crea por simple repetición.

Probablemente algunos votantes socialistas, al escuchar diariamente que la justicia es una conspiración de derechas, terminen pensando: “Lo oigo tantas veces que debe ser cierto, estos jueces serán muy conservadores y están politizando para sacar a Sánchez”.

Esa es la táctica.

No comprendo la postura de Óscar López, ni la de Pilar Alegría, Diana Morant o María Jesús Montero.

¿Cómo puede alguien ser ministro de España, con una responsabilidad institucional hacia todos los ciudadanos y en especial hacia los gobiernos autonómicos con los que debe colaborar, mientras endurece la oposición a esos mismos gobiernos?

«El Gobierno construye un relato y lo repite una y otra vez, como si siguiera el manual de propaganda de Goebbels»

¿Cómo pretende Óscar López, como ministro, llegar a acuerdos con Isabel Díaz Ayuso si cada día actúa en Madrid como adversario político?

¿Cómo se puede sostener esta esquizofrenia política donde, por un lado, eres institución que debe pactar y, por otro lado, ejerces una oposición dura diaria?

Esto no tiene sentido político alguno: Pedro Sánchez no desea gobernar ninguna comunidad autónoma.

Pero sí aspira a controlar el partido a través de los secretarios generales.

Controla mediante sus ministros, que cobran por decreto y nombramiento de Sánchez.

Si hubiese más presidentes autonómicos del PSOE habría más Emiliano García-Page. Page dice lo que quiere porque solo debe cuentas a sus votantes —y piensa como socialista.

Volviendo a la sentencia del fiscal general del Estado, usted es abogado. ¿Comparte sus argumentos?

Respeto al Tribunal Supremo, pues es el responsable de crear jurisprudencia.

Las fuentes del Derecho están claras: además de la ley y la costumbre, está la jurisprudencia.

Si una sala del Supremo, con mayoría significativa, dicta una sentencia, lo mínimo con humildad es aceptarla y pedir disculpas por los errores cometidos.

María Jesús Montero ahora se distancia de Víctor Fernández, expresidente de la SEPI y su interventor en Andalucía. ¿Cree en esto?

La veo muy nerviosa, sinceramente.

Se está convirtiendo en una caricatura de sí misma.

No sé si para ella vale la pena el coste que está pagando al ser vicepresidenta y candidata en Andalucía.

Debe importarle mucho, porque desde luego Pedro Sánchez le está cobrando un precio alto.

El jueves, el Congreso rechazó el techo de gasto del Gobierno y Junts avisó que votaría en contra del Presupuesto. ¿Puede mantenerse en el poder con un margen así de estrecho?

Claramente no. Hay abandono.

No ha presentado Presupuestos en tres años.

Es su obligación. Que no se los apruebe la Cámara, es otro problema político diferente.

¿Presenta usted la declaración de IRPF?

No me queda alternativa.

¿Qué pasa si se atrasa un día en el pago?

Que le sancionan.

Además, le imponen recargos por pasarse un día del plazo.

Hacienda es implacable y así está la norma: obligación cumplida en fecha o sanción.

¿Sabe quién es la jefa de Hacienda en España?

La señora que ha incumplido tres años consecutivos su deber constitucional de presentar los Presupuestos Generales.

Tomás Gómez conversa con EL ESPAÑOL

Respecto a los casos de acoso sexual, ¿estamos ante un giro feminista en el PSOE?

Creo honestamente que lo que ocurre es que el PSOE ha amortizado a Pedro Sánchez.

Algunos lo hacen de forma explícita, otros de forma implícita; están diciendo: no haré nada por Sánchez, que caiga quien tenga que caer. Eso es lo que está surgiendo y sorprende a muchos.

¿Quién lo está dando por amortizado? ¿Todo el partido?

El PSOE siempre tuvo cuadros medios muy inteligentes.

Desde 2023, en municipales y autonómicas, el PSOE recibió un castigo de sus votantes, que no iba dirigido a los candidatos sino a Pedro Sánchez.

Es difícil que alcaldes y presidentes autonómicos hayan trabajado mal.

Solo resistió Emiliano García-Page, y porque sus posturas eran muy diferentes a las de Sánchez. Su electorado supo discernir.

Ahora Sánchez evita convocar generales porque quiere que antes sean las municipales, para que la rabia recaiga allí sobre candidatos del PSOE a nivel local y autonómico.

Sánchez espera que así el votante socialista se desahogue y luego, ante el auge de Vox con PP, vuelva a votar a Sánchez «tapándose la nariz».

Esta es la estrategia de Sánchez: sobrevivir y conservar el poder, aunque no gobierne, a costa del esfuerzo de otros.

Y percibo que a algunos líderes del partido se les acaba la paciencia.

¿Cree que el temor a Vox seguirá teniendo peso como en los últimos comicios?

No soy de derechas ni lo seré jamás. Pero quienes se consideran socialistas reales deberían ser coherentes consigo mismos y no votar a Sánchez.

Por otro lado, los votantes de derecha deben priorizar el interés nacional, dejar de dividir el voto para lograr un cambio de Gobierno.

Cada voto a Vox mantiene cautivo al votante de izquierdas que se siente obligado a votar a Sánchez por rechazo a Vox.

¿Qué opción tiene entonces el votante socialista?

Que vote a quien quiera, menos a Pedro Sánchez.

¿Qué opina de celebrar el año de Franco?

¿Qué se conmemora? ¿Que el dictador murió en su cama? Lo que Sánchez hace es darle munición a Vox para que responda y así polarizar más. Vox está encantado; nunca le fue mejor que con Sánchez.

¿Volverá el PSOE a la socialdemocracia o está ya atrapado en esta izquierda populista sin retorno?

No tengo bola de cristal.

Pedro Sánchez es producto del 15M. Él es el hijo directo del 15M, no Pablo Iglesias. ¿Recuerda cuando decían “rodeemos el Congreso”? ¿Qué dice Sánchez ahora?

Hay que gobernar sin el Poder Legislativo.

Cuando hay crisis o apagones, ¿quién es el culpable?

Las eléctricas, la casta.

Son las grandes compañías que toman decisiones desde sus oficinas en las altas torres de Madrid.

¿Qué representan los jueces para el 15M? Colaboradores de un sistema burgués corrupto.

Sánchez se ha erigido en portavoz de la voluntad del pueblo.

La cuestión es: ¿quién interpreta la voluntad popular?

La interpreta el súper líder: «Si votáis ahora, os equivocáis y elegiréis a la derecha. Eso es malo para vosotros. Por eso estoy aquí, para impedir que votéis ahora y os diré cuándo hacerlo, cuando considere que no os equivocaréis».

Esto es populismo puro, según Ernesto Laclau. Ese es el PSOE de hoy. Ese es Pedro Sánchez.

Entonces, no vislumbra alternativas a Sánchez dentro del partido hoy.

Veo muchas opciones: personas sin responsabilidades previas pero con perfiles valiosos. Sin embargo, el PSOE ha perdido la cultura del control.

Hubo una época en que, en los Comités Federales, solo se permitía intervenir para criticar a la Ejecutiva federal. No se aceptaban intervenciones a favor.

Felipe González fue duramente criticado en el Comité.

Hoy, quien cuestiona algo no para de criticar, es liquidado, como a Luis Tudanca [exsecretario general del PSOE en Castilla y León, destituido por Ferraz].

Estos han sido eliminados por no obedecer a Pekín al 100%. Y últimamente, la obediencia a Pekín parece encajar muy bien (sonríe).

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