
Fuente de la imagen, Familia Valderrama-Casallas
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- Autor, José Carlos Cueto
- Título del autor, Corresponsal de BBC News Mundo en Colombia
- 6 mayo 2025
Para conocer Colombia no se requiere gran cosa.
La familia Valderrama-Casallas, conformada por una pareja colombiana y sus dos hijos de 10 y 13 años, explora el país con escasos recursos, pocas pertenencias y sin dependencias.
Frecuentemente pasan las noches bajo tiendas de campaña en páramos, llanuras y montañas, limitan el uso de transporte y se alimentan gracias a la generosidad o con fondos recolectados durante la ruta.
Para muchos esto puede parecer una aventura; para otros, en una nación marcada por décadas de violencia, crimen y conflicto, se trata de una audacia.
Sin embargo, para esta familia es la realización de un sueño.
"Nos hemos enriquecido. Hemos conocido realidades y personas que jamás imaginamos y nuestros hijos han crecido enormemente", comenta Óscar Valderrama desde el patio de su vivienda en Cundinamarca.
Desde el primero de enero de 2022, decidieron dejar prácticamente todo para recorrer Colombia, departamento por departamento.
Temporalmente retiraron a sus hijos del colegio, vendieron los objetos innecesarios, no se frenaron por las limitaciones presupuestarias y emprendieron el recorrido.
"Después de la pandemia surgieron inquietudes. Pensamos que sería una oportunidad para explorar juntos nuestro país durante los últimos años de niñez de nuestros hijos", declara Óscar.
Así comenzó un viaje que ya supera los tres años y en el que han obtenido aprendizajes poco conocidos por millones de colombianos y visitantes extranjeros.
La razón para dejarlo todo
La vereda donde habitan los Valderrama-Casallas se encuentra a aproximadamente una hora y media a pie de Fómeque, un municipio en Cundinamarca a unos 55 kilómetros al este de Bogotá. Cuenta con cerca de 12.000 habitantes.
Como muchos en zonas rurales colombianas, esta familia reside relativamente aislada de un centro urbano con servicios completos.
Matías y Gabriel, los pequeños, asisten a una escuela rural donde una sola maestra enseña a entre 15 y 27 estudiantes de diferentes edades y niveles.
Hasta hace poco carecían de internet, y su instalación fue posible gracias a las gestiones que Óscar Valderrama, licenciado en educación física, y Yaqueline Casallas, ingeniera industrial, realizan para potenciar la educación de sus hijos y compañeros.
"Existe una brecha considerable entre la educación rural y urbana en Colombia. Aquí tratamos de reducirla gestionando con proveedores de internet, universidades e instituciones para que envíen estudiantes de arte y ciencia a hacer pasantías en la escuela rural", relata Óscar.
En 2023, el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana presentó datos acerca de la desigualdad educativa en Colombia.

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Entre los datos destacados se señaló que cerca del 80% de las escuelas rurales no cuenta con acceso a internet.
Además, en 2022, el 90,8% de la población rural de 15 años sabía leer y escribir, frente al 97,3% en zonas urbanas de la misma edad.
Esta realidad ayudó a moldear la decisión de los Valderrama, quienes optaron por educar a sus hijos viajando por Colombia en lugar de permanecer en clases tradicionales por un tiempo.
Yaqueline comenta que descartaron todo lo superfluo y dejaron de preocuparse por el dinero.
"Si enfocábamos en el presupuesto, el viaje no habría sido posible porque nuestros recursos son limitados. Óscar y yo trabajamos de forma independiente, sin compromisos. Viajamos livianos: solo mochilas, carpa, libros y…
…¡juguesitos, pero muy pocos!", interrumpe Matías, el adolescente.
Explorando Colombia
La familia inició sus desplazamientos por veredas y territorios próximos a su hogar. Querían experimentar, determinar lo esencial para el viaje y comprobar si lograban adaptarse a esa vida nómada que deseaban vivir.
Durante este proceso, se deshicieron de aún más pertenencias.
"Luego nos dirigimos hacia Santa Marta, en la Sierra Nevada, donde reside un amigo de papá. Allí empezó la primera etapa del recorrido", relata Matías.

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Dividen sus recorridos en temporadas. Llevan realizadas dos y ahora descansan mientras aguardan la tercera. Esperan que la inseguridad en varios departamentos desconocidos, como Arauca, Norte de Santander, Chocó, Vaupés y Caquetá, disminuya.
Han visitado ya 27 de los 32 departamentos colombianos.
"Mis favoritos fueron Antioquia por su naturaleza y la variedad de aves; Nariño por la hospitalidad de su gente, y Casanare, porque nunca antes había visto una sabana tan extensa ni montado a caballo tanto tiempo", rememora Matías.
"Le fascinó tanto la Orinoquía que aprendió varios poemas llaneros de memoria, los recita con mucho respeto", comparte Óscar sobre su hijo mayor.
La familia cumple esta experiencia con un presupuesto ajustado.
Mayormente, pernoctan bajo su carpa y se alimentan en plazas de mercado, centros donde se venden productos frescos, fondas sencillas y tiendas locales que atraen a colombianos de diferentes estratos sociales por su buena calidad y precios accesibles.

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En otras ocasiones se hospedan en casas de huéspedes solidarias o pagan hoteles modestos.
"Conseguimos fondos a lo largo del camino de diferentes maneras. Elaboramos y vendemos pulseras, los niños cantan y tocan guitarra para recaudar unos pocos miles de pesos, y Matías, aficionado a fotografiar aves, vendió algunas fotos por más de 100.000 pesos", comenta Yaqueline.
La interacción constante con desconocidos les permite descubrir una Colombia poco conocida para ellos y les brinda una educación complementaria a los niños.
"Extraño a mis compañeros, pero viajando tenemos más libertad; aprendemos con la experiencia, conociendo culturas y personas amables que nos ofrecen sus casas, aunque a veces tengan poco, dan mucho", expresa Gabriel, el menor de la familia.
Aprendizajes en un país inmenso
En 2024, Colombia alcanzó un récord histórico con casi siete millones de visitantes internacionales.
Esta cifra sorprende para un país que, pese a la inseguridad y los estigmas, poco a poco muestra una imagen distinta al mundo.
Y también a sus propios ciudadanos.

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"Mi madre se alarmó cuando visitamos Cauca porque en las noticias solo se habla de esa zona cuando ocurren hechos violentos o inseguros. Para nosotros fue una maravilla y aprendimos cómo muchos campesinos viven gracias a la hoja de coca sin involucrarse en narcotráfico ni violencia, como usualmente se piensa", reflexiona Yaqueline.
Luego del acuerdo de paz firmado entre las Farc y el gobierno en 2016, numerosos colombianos han empezado a conocer otras regiones de este vasto país, ubicado entre dos océanos y atravesado por cordilleras, ríos, desiertos, sabanas, selvas y valles.
Zonas antes inaccesibles por el conflicto y deficiencias en infraestructura se abren gradualmente al turismo, permitiendo descubrir realidades distintas a las imaginadas.
Esa es una de las enseñanzas que extraen los Valderrama-Casallas sobre su país.
"Confirmamos que es un país muy diverso en cuanto a personas, paisajes, especies y etnias indígenas con realidades únicas. Diría que estos viajes nos han hecho más cautelosos al generalizar, especialmente cuando uno habla desde el centro, una región más moderna, desarrollada y comunicada", considera Óscar.

Fuente de la imagen, Cortesía Óscar Valderrama
Han observado, por ejemplo, que los habitantes de Leticia y Puerto Nariño, en la Amazonía colombiana, pagan precios más altos por productos y deben desplazarse durante horas por ríos debido al aislamiento y la falta de carreteras.
También han visto las dificultades para acceder a electricidad en Puerto Carreño, en los Llanos Orientales, donde dependen de la energía proveniente de Venezuela.
"Estas disparidades regionales revelan la verdadera Colombia. Hay que ser muy prudentes al emitir opiniones o generalizar. No todo es conflicto ni corresponde a lo que sucede únicamente en las grandes ciudades".

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"Son otros niños"
Óscar y Yaqueline no buscan promover una educación alternativa exclusiva para sus hijos, quienes combinan estos viajes con clases virtuales y realizan exámenes para certificar su avance respecto a la educación presencial que se pierden.
Reconocen también que, aunque viajen con un presupuesto limitado, esta experiencia no está al alcance de muchos colombianos que enfrentan condiciones más precarias o no disponen de tiempo para hacerlo.
Los niños viven esta aventura como una forma de fortalecer su aprendizaje.
"No es lo mismo que te expliquen la historia de Colombia en clase a que te la relaten sus propios protagonistas o estudiar geografía y biología viajando y apreciando los lugares con tus propios ojos", dice Matías.
Los padres aseguran que los niños han crecido y madurado más de lo previsto en este periodo. Ahora son otros.
"Han sido testigos de la abundancia y la carencia. Valoran y aceptan las diferencias. Dialogan con cualquier persona. Maduran y analizan sus puntos de vista. Saben ser felices independientemente de la cantidad en la alacena", coinciden los adultos.
La familia planea retomar su travesía en junio próximo, con mochilas casi vacías de objetos, pero llenas de sueños y deseos de descubrir.

Fuente de la imagen, Cortesía Óscar Valderrama

