Descubre el impresionante macizo montañoso de Aragón, una joya natural que incluye siete pintorescos pueblos en España

Entre desfiladeros, calizas ancestrales y siete pequeñas localidades, este enclave continúa siendo uno de los tesoros menos explorados por los viajeros

Foto: un tesoro escondido en Aragón entre paisajes y 7 pueblos. (Turismo de Aragón)
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Entre los escenarios naturales más impresionantes de Aragón se halla un macizo montañoso que todavía permanece fuera del radar de muchos viajeros y que se ha consolidado como una verdadera joya natural para aquellos que buscan rutas serenas, pueblos con encanto y un contacto genuino con la naturaleza. Alejado de las multitudes y rutas turísticas saturadas, este ámbito presenta barrancos, cañones, senderos y pequeños asentamientos rurales donde el tiempo parece transcurrir con más lentitud y la experiencia se adapta a cada visitante.

Este tesoro corresponde al Montsec de Aragón, la sección aragonesa de un imponente macizo que atraviesan los ríos Noguera Ribagorzana y Noguera Pallaresa y que, en la comarca de La Ribagorza, encuentra su máxima altitud en la sierra de Montgai. Sus robustas formaciones de calizas, areniscas y conglomerados forman pliegues sorprendentes, con laderas al sur pobladas por carrascales y vertientes al norte cubiertas de pinares y quejigares. A lo largo de sus más de 40 kilómetros, se localizan maravillas naturales como las lagunas de Estaña, el complejo de lagunas kársticas más relevante de Aragón, además de una destacada comunidad de rapaces en la que sobresale el quebrantahuesos. Todo esto sucede en un entorno orientado al turismo sostenible, donde tradición, naturaleza y conservación se integran.

Los 7 pueblos del Montsec de Aragón

El macizo se estructura alrededor de siete pueblos que concentran gran parte del carácter del Montsec de Aragón. En Arén, valle del Noguera Ribagorzana, es posible seguir las huellas de los últimos dinosaurios en Europa gracias al Museo de los Dinosaurios y al yacimiento de icnitas, además de visitar el Centro de Interpretación de La Ribagorza y las ruinas de un castillo del siglo IX. Muy cerca, Benabarre se reconoce como la “capital del sabor”: quesos artesanales premiados, embutidos y jamones de Ribagorza, pan de leña, las cervezas Dos Bous con nombre legendario y la fábrica de Chocolates Brescó convierten este lugar en una experiencia culinaria, complementada con visitas al Castillo de los Condes de la Ribagorza o la ermita de San Medardo. En Estopiñán, el punto más meridional, las vistas al embalse de Canelles y su castillo, así como la iglesia y ermitas, invitan a paseos pausados; mientras que la villa medieval de Montañana permite retroceder a la Edad Media entre calles empedradas, puentes y edificios antiguos.

La ruta prosigue hacia Sopeira, cercana a la frontera catalana, donde el Monasterio de Santa María de Alaón, del siglo XI, se erige como Monumento Nacional en un entorno de montaña y agua que se aprecia desde el embarcadero o el Pont d’Alt. En Tolva, el Congosto del río Cajigar ofrece un sendero bien cuidado, con piedras de variados colores y vistas panorámicas ideales para fotografía, complementado con la visita a Luzás, que cuenta con su torre del siglo XI y la iglesia de San Cristóbal, además de la Torre de Falces y la iglesia de Nuestra Señora del Puy. Por su parte, Viacamp y Literá es la puerta a la aventura: desde aquí comienzan las renombradas pasarelas de Montfalcó y el Congost de Montrebei, explicados en detalle en el Centro de Visitantes del Montsec de l’Estall, donde también se pueden conocer la Torre de Viacamp, el Santuario de la Virgen de Obac y la ermita de la Virgen del Congost de Chiriveta. Con actividades que incluyen descensos de barrancos, escalada, rutas en BTT y kayak, junto a opciones familiares como el Museo de los Dinosaurios o la ‘muralla china’ de Finestras, este macizo montañoso se reafirma como una maravilla natural y un tesoro oculto en Aragón que merece una visita pausada.

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Entre los escenarios naturales más impresionantes de Aragón se halla un macizo montañoso que todavía permanece fuera del radar de muchos viajeros y que se ha consolidado como una verdadera joya natural para aquellos que buscan rutas serenas, pueblos con encanto y un contacto genuino con la naturaleza. Alejado de las multitudes y rutas turísticas saturadas, este ámbito presenta barrancos, cañones, senderos y pequeños asentamientos rurales donde el tiempo parece transcurrir con más lentitud y la experiencia se adapta a cada visitante.

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