Venezuela: razones detrás del aparente distanciamiento de China y Rusia respecto a Nicolás Maduro en medio de tensiones crecientes con EE.UU.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el Kremlin, Moscú, el 7 de mayo de 2025.

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Desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999, estableció vínculos estratégicos con China y Rusia para promover su visión de un mundo multipolar y contrarrestar la influencia estadounidense.

Estas alianzas fueron fundamentales en 2019, cuando Nicolás Maduro, sucesor de Chávez, enfrentó una fuerte crisis de legitimidad tras unos comicios señalados por denuncias de fraude: ambas potencias se negaron entonces a reconocer internacionalmente a Juan Guaidó, quien se autoproclamó presidente interino.

Pekín y Moscú incluso ofrecieron respaldo económico y militar a Maduro.

Seis años más tarde, Maduro atraviesa otra crisis, la más grave en sus más de doce años en el poder, pero ni China ni Rusia han manifestado voluntad de apoyarlo más allá de llamados generales a la tranquilidad y no intervención.

Todo indica que, en esta ocasión, Maduro se encuentra aislado frente a lo que él ha calificado como un intento de derrocamiento.

Desde septiembre, las fuerzas armadas de Estados Unidos, bajo el gobierno de Donald Trump, han desplegado aproximadamente 15.000 soldados y más del 20% de la capacidad combativa naval en el Caribe, frente a las costas venezolanas, incluyendo el portaaviones más grande y avanzado del mundo.

Aunque Trump afirmó que su propósito es combatir el narcotráfico, analistas coinciden con Maduro en que la verdadera intención de Washington podría ser promover un cambio de régimen en Venezuela.

Un apoyo que se restringe a la retórica

Fernando Reyes Matta, director del Centro de Estudios sobre China de la Universidad Andrés Bello en Chile, considera que la situación de Maduro es crítica.

«Su tiempo es limitado. Los respaldos que tuvo antes ya no existen en términos concretos, salvo algunas declaraciones meramente retóricas,» afirma en entrevista con BBC Mundo.

A finales de octubre, Maduro solicitó asistencia militar a Rusia y China, según informó inicialmente The Washington Post.

El periódico estadounidense tuvo acceso a documentos internos del gobierno de EE.UU., donde se detalla que Venezuela pidió ayuda a Moscú para reparar aviones Sukhoi de fabricación rusa, mejorar los sistemas de detección por radar y la entrega de misiles.

El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino (2-i), tras la llegada de dos bombarderos supersónicos pesados ​​estratégicos de largo alcance rusos Tupolev Tu-160 al Aeropuerto Internacional de Maiquetía, al norte de Caracas, el 10 de diciembre de 2018.

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Tras difundirse la noticia, Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, fue consultado sobre si Moscú estaba asistiendo a Caracas. Él solo mencionó que mantienen contacto permanente con Venezuela y evitó brindar más detalles.

Por otro lado, María Zajárova, vocera del Ministerio de Exteriores ruso, expresó en una rueda de prensa su «firme respaldo a las autoridades venezolanas en la defensa de la soberanía nacional».

«Una agresión directa complicaría la situación en lugar de resolver problemas que pueden solucionarse por vías legales y diplomáticas dentro del marco jurídico», añadió Zajárova.

El 7 de diciembre, la agencia rusa Tass informó que Sergey Ryabkov, viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, declaró que el país permanece «hombro con hombro» junto a Venezuela.

«Manifestamos nuestra solidaridad con Venezuela, con la cual firmamos recientemente un acuerdo de asociación estratégica y cooperación,» cita la agencia Tass.

«Respaldamos a Venezuela como ella nos respalda en múltiples áreas. En este momento de dificultad nos solidarizamos con Caracas y sus líderes. Esperamos que la administración Trump evite agravar la situación y no la lleve a un conflicto mayor. Le urgimos a actuar en ese sentido,» agregó.

Sin embargo, estas posturas distan bastante de lo sucedido en 2018, cuando Rusia envió a Venezuela más de 100 pilotos y militares, además de dos bombarderos estratégicos con capacidad nuclear, como demostración de fuerza y apoyo frente a Estados Unidos, que había rechazado los resultados electorales favorables a Maduro emitidos por el Consejo Nacional Electoral, controlado por aliados del oficialismo.

Prioridades diferentes

Reyes Matta, quien también desempeñó el cargo de embajador chileno en China durante el primer mandato de Michelle Bachelet (2006-2010), afirma que Venezuela ya no es un tema prioritario para Pekín y Moscú en el actual contexto geopolítico y aún menos tras la llegada de Trump a la presidencia estadounidense.

«Hoy no hay motivos para que ni Rusia ni China arriesguen recursos defendiendo a Venezuela, dadas sus propias problemáticas, como la guerra de Rusia en Ucrania y la búsqueda de China de coexistir en el escenario internacional con Trump,» señala.

El presidente estadounidense Donald Trump saluda al presidente chino Xi Jinping antes de una reunión bilateral en la Base Aérea de Gimhae el 30 de octubre de 2025 en Busan, Corea del Sur. Trump se reúne con Xi por primera vez desde que asumió su segundo mandato, tras meses de creciente tensión entre ambos países.

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Desde la invasión masiva a Ucrania en 2022, Rusia ha destinado grandes recursos financieros y militares a un conflicto que ha agotado sus finanzas y fuerzas armadas.

Esto también ha desencadenado múltiples sanciones impuestas por Occidente.

Estas circunstancias implican que Moscú dispone de menos fondos y armas para sus aliados ideológicos, quienes probablemente han dejado de ser prioridad para Vladimir Putin.

«Ni Rusia arriesgará recibir más sanciones de las que ya enfrenta, ni China se expondrá a aranceles adicionales por defender a Maduro,» comenta Vladimir Rouvinski, director del Laboratorio de Política y Relaciones Internacionales (PoInt) de la Universidad Icesi en Cali, Colombia.

Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China han estado marcadas por conflictos desde que Donald Trump asumió la presidencia y aplicó aranceles a varios países.

Aunque parecía un escenario complicado, una reunión a finales de octubre entre Trump y Xi Jinping en Corea del Sur, catalogada como positiva por los líderes, abrió la posibilidad de nuevos acuerdos.

Estados Unidos eliminó la mitad del arancel del 20% sobre productos chinos vinculado al control del fentanilo, aunque mantiene los gravámenes sobre otras mercancías con un promedio cercano al 50%.

Para Pekín, defender a Maduro probablemente implicaría poner en riesgo estos avances con escasos beneficios tangibles más allá de razones ideológicas.

China ha replanteado su respaldo a Maduro

De acuerdo con documentos oficiales filtrados y obtenidos por The Washington Post, Maduro envió una carta a Xi Jinping solicitando «mayor cooperación militar» para hacer frente a «la escalada entre Estados Unidos y Venezuela».

En dicha misiva, Maduro pidió que el gobierno chino acelerara la fabricación de sistemas de detección por radar de empresas chinas, presumiblemente para fortalecer las capacidades venezolanas.

Esta foto, tomada el 30 de julio de 2017, muestra a personal de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China (FAELP) participando en la ceremonia inaugural de los Juegos Militares Internacionales 2017 en Guangshui, provincia de Hubei, en el centro de China.

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Durante muchos años, los créditos otorgados por China a Venezuela fueron fundamentales para la inversión y el desarrollo económico del país.

De hecho, Venezuela fue el principal receptor de préstamos chinos en América Latina desde mediados de la década del 2000 hasta 2016.

Según el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), Caracas recibió durante ese periodo entre 50.000 y 60.000 millones de dólares en financiamiento.

Estos créditos representaron más del 40% del total de préstamos chinos otorgados en América Latina, convirtiendo a Venezuela en un actor clave para la expansión de la influencia china en la región.

Sin embargo, el colapso económico nacional y el deterioro de la industria petrolera han llevado a Pekín a reconsiderar el nivel de apoyo a Nicolás Maduro.

En los últimos años, China ha disminuido la entrega de nuevos créditos y se centra principalmente en el cobro de financiamientos previos.

Rouvinski opina que China busca mantener una buena relación con un posible gobierno de transición, sin arriesgar lazos futuros.

«China parece dispuesta a dialogar con cualquier administración que eventualmente sustituya a Maduro, y considera que un apoyo excesivo ahora podría traerle consecuencias negativas cuando el régimen termine», señala.

Recientemente, en su programa de radio Con Maduro, el líder venezolano afirmó que China «apoya abiertamente el derecho de Venezuela a ejercer su soberanía y a la paz».

«Maduro está totalmente aislado»

Fernando Reyes Matta, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China de la UAB, sostiene que los sucesos políticos en Venezuela durante el último año también han influido en el cambio de postura de Moscú y Pekín respecto al país.

«No creo que ninguno de los dos países esté dispuesto a respaldar a un régimen con tan bajo apoyo interno. Además, tanto Rusia como China son conscientes de que la última elección presidencial tuvo evidentes irregularidades», asegura.

La votación de julio pasado estuvo marcada por fuertes acusaciones de fraude. Aunque el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el oficialismo, declaró vencedor a Nicolás Maduro, no presentó evidencias ni datos segmentados como se había hecho previamente.

Sumado a esto, la oposición, encabezada por María Corina Machado—recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz—publicó actas electorales que mostraban que el candidato Edmundo González había ganado.

«En esta ocasión, Maduro está completamente solo,» enfatiza el politólogo ruso Vladimir Rouvinski. «Rusia y China pueden seguir criticando la intervención estadounidense, pero no están dispuestos a actuar más allá», concluye.

La postura de ambos países evidencia que el gobierno de Nicolás Maduro ya no cuenta con el apoyo total de estas potencias, que desempeñaron un papel clave en crisis anteriores.

Esta vez, la supervivencia de Maduro y su entorno dependerá mayormente de su propia capacidad para resistir, así como del grado de determinación del presidente Donald Trump para continuar su ofensiva contra él, al acusarlo de ser el líder del Cartel de los Soles, recientemente declarado organización terrorista.

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