El español atravesó un capítulo muy difícil tras dejar el fútbol y comenzar a consumir drogas con cierta regularidad, lo que derivó en una adicción.
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Julio Alberto Moreno, exdefensa lateral del Atlético de Madrid y FC Barcelona, transformó una infancia marcada por la pobreza y una adultez plagada de adicciones y problemas financieros en una historia de resistencia y compromiso social.
Originario de Oviedo, nacido en 1958, creció en un entorno muy modesto y pasó parte de su niñez en un orfanato, donde ha relatado haber enfrentado abusos y carencias alimentarias. Antes de dar el salto al profesionalismo, trabajó como botones en el Banco Vitalicio, ganando unas 8.500 pesetas mensuales, mientras soñaba en que el fútbol sería su vía de escape de esa situación.
Su oportunidad surgió cuando tanto el Atlético de Madrid como el Real Madrid buscaban jóvenes promesas; él se presentó mediante una carta, lo que le llevó a firmar en 1975 su primer contrato relevante, con un salario ligeramente superior a 68.000 pesetas (412 euros).
Durante la década de los 80 se afirmó como uno de los mejores laterales izquierdos, primero defendiendo los colores del Atlético y posteriormente en un Barça campeón, con el que conquistó múltiples títulos y fue convocado para la selección nacional española.
Julio Alberto ha señalado en varias ocasiones que su reacción al recibir aquel primer cheque de 68.700 pesetas con el Atlético no fue comprarse un vehículo ni darse algún lujo, sino abastecer la nevera de la casa.
Explica que su familia atravesaba tal pobreza que ese dinero se destinó a comprar alimentos, saldar deudas en la carnicería y el supermercado, además de adquirir ropa esencial para su madre y hermanos, incluyendo pijamas, batas, zapatillas y material escolar.
Caída al abismo: drogas y ruina
Tras su retiro oficial en 1991, en vez de consolidar una estabilidad, inició un prolongado periodo de dificultades personales y financieras.
Ha admitido que sufrió una fuerte dependencia a las drogas, con múltiples sobredosis, ingresos en coma y dos infartos, sumado a fracasos empresariales, un incendio en un establecimiento y disputas con Hacienda que le hicieron enfrentar una deuda considerable.
En entrevistas y reportajes ha hablado de «embriagarse con el éxito» y cómo esa combinación de fama, mal manejo del dinero y adicciones arruinó su existencia.
También ha relatado que la adicción destruyó no solo su economía, sino también sus vínculos con hijas, padres, amigos y su entorno, dejando un vacío difícil de superar solo con la abstinencia.
Durante años ha impartido charlas en prisiones, centros para menores y colegios, acumulando cientos de conferencias destinadas a alertar a jóvenes y familias sobre los peligros asociados a las drogas y otras dependencias.
Julio Alberto, en un partido con España.
Hoy en día, Julio Alberto permanece ligado al entorno del Barça, al que agradece haberle ofrecido un empleo en momentos en que pocos confiaban en él, definiéndose más como educador que como exfutbolista.
Afirma que desea pasar sus últimos días trabajando en la fundación y en la defensa de los jóvenes, convencido de que su experiencia puede prevenir que otros cometan sus mismos errores.
Desde entrevistas, conferencias y colaboraciones con centros de rehabilitación, recalca que las adicciones «no son un asunto trivial» y que detrás de cada persona adicta hay una familia que también padece.
El niño que llenó la nevera con 68.700 pesetas hoy está dedicado a que nadie tenga que aprender, como él, a encontrar el amor por la vida pasando por el sufrimiento.

