La gestión de la crisis ha generado una corriente crítica que exige actuar con mayor contundencia e incluso acudir a la Fiscalía, en contraste con la postura mantenida por la dirección del partido, mientras el escándalo agrava las antiguas divisiones internas.

El Gobierno de Pedro Sánchez inició su mandato el 1 de junio de 2018 apoyándose, entre otros pilares fundamentales, en dos ejes: la lucha contra la corrupción y la defensa del feminismo. Sin embargo, hoy ambas banderas ondean dañadas y deterioradas. La trama Ábalos/Koldo/Cerdán y el caso Salazar constituyen dos heridas que afectan al PSOE. Al shock producido por haber colocado en posiciones de poder a dos «manzanas podridas» dentro de los secretarios de Organización, se añade la gestión deficiente de las denuncias de acoso sexual por parte de Francisco Salazar —otra persona de confianza de Sánchez— hacia trabajadoras de Moncloa. La presión interna llevó a Ferraz a reconocer ayer públicamente «perdón» y «disculpas» a las víctimas, después de que transcurriesen cinco meses sin que se estableciera contacto alguno y, además, los escritos desaparecieran de la plataforma de denuncia anónima del PSOE.
«La impresión que se transmite es que no se ha hecho lo suficiente. Es necesario actuar con mayor firmeza ante Salazar», son las conclusiones de varias mujeres socialistas consultadas para este diario. «Esta situación debe resolverse», manifiestan dentro del partido. El escándalo, además, abre una profunda brecha interna entre un sector partidario de trasladar ya las denuncias a la Fiscalía, representado por Adriana Lastra, ex número dos del PSOE hasta 2022, y Ferraz, que prefiere esperar a que concluya la investigación interna que debe realizar el Órgano contra el Acoso —designado por la dirección nacional— para decidir entonces si las denuncias se llevan a la Fiscalía o no. El envío a la Fiscalía fue solicitado por varias federaciones en una reunión urgente convocada por Ferraz el miércoles por la noche para abordar el asunto. «Esperaremos a que haya un informe». Ayer, Pedro Sánchez evitó por completo referirse a este tema al inicio de la campaña para las elecciones en Extremadura junto a Miguel Ángel Gallardo.
La tormenta, lejos de amainar, complica aún más un terreno ya de por sí embarrado. Fuentes socialistas de alto nivel reconocen el «error» de haber tardado demasiado en contactar con las víctimas. De hecho, el primer contacto se produjo esta misma semana, tras la publicación por parte de eldiario.es del contenido de las denuncias y el hecho de que nadie se hubiera comunicado con las afectadas. Como respuesta, solo recibieron un acuse de recibo automático como único feedback.
El delegado del Gobierno en Madrid asegura que Moncloa no conocía el supuesto acoso de Salazar
Las fuentes consultadas admiten que la gestión fue deficiente, aunque puntualizan que no hubo intención de ocultar información. No obstante, la presión interna para una respuesta más enérgica y rápida persiste. «La bola de nieve crece cada vez más», afirman en el interior de la formación. Ni siquiera una reunión improvisada por videoconferencia el miércoles por la noche con las responsables de Igualdad del partido y las portavoces parlamentarias logró calmar la situación. Debido a las críticas por la precipitación y la falta de tiempo para debatir, se ha convocado una nueva reunión, esta vez presencial, para la próxima semana.
El malestar dentro del partido ha obligado a la dirección a asumir responsabilidades públicamente. Ministros y dirigentes socialistas se han apresurado a condenar los «comportamientos inapropiados» de Salazar, estableciendo un cortafuegos y mostrando solidaridad con las víctimas. Entre las palabras que aparecen en los testimonios publicados por eldiario.es figuran términos como «repugnancia», «tristeza», «vomitivo», «asqueroso», «daño»… Algunas víctimas relatan: «Salía del baño a medio vestir y no se subía la cremallera hasta que estaba cerca de tu cara (porque tú estabas sentada y él de pie)»; «Un día escenificó en medio del despacho una felación con todo lujo de detalles sin motivo aparente»; «Llegaba por la mañana y te decía lo bien que te quedaba ese pantalón o te pedía que le mostrases el escote».

Pilar Bernabé, secretaria de Igualdad del PSOE y delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, calificó como un «fallo» el hecho de no haberse contactado con las víctimas ni tampoco de haber desaparecido las denuncias. «Hemos identificado el problema, implementado la solución y continuaremos trabajando en ello».
El caso Salazar también reaviva luchas internas y cuentas pendientes. Adriana Lastra perdió la batalla contra el dúo Santos Cerdán-Francisco Salazar por el control del partido, dimitiendo como vicesecretaria general en julio de 2022. No fue la única: su círculo cercano también abandonó en distintas fechas cargos relevantes —Mario Moreno dejó la gerencia; Felipe Sicilia renunció a la portavocía, Andrea Fernández cesó como secretaria de Igualdad—. La actual delegada del Gobierno en Asturias, que formó parte del núcleo próximo a Sánchez que retomó el control del PSOE y llegó a La Moncloa, reclamó públicamente ayer la transferencia «inmediata» a la Fiscalía de toda la documentación sobre las denuncias internas, en contra del criterio de Ferraz.
En efecto, el pasado 5 de julio, cuando estalló el caso Salazar, Lastra fue la primera voz autorizada que criticó públicamente el ascenso de Salazar como secretario de Organización en la sombra. En junio, además, acusó a Cerdán de haberla sometido a una campaña de «acoso y derribo hasta que dimitió enferma y embarazada».
El escándalo generado por las denuncias de acoso ha tenido un efecto boomerang sobre el PSOE. En un principio, logró ser contenido en menos de 10 horas. La dirección de Ferraz forzó la salida inmediata de Salazar a pesar de que no constaba que las acusaciones se hubieran presentado a través «de ninguno de los canales internos habilitados» y anunció la apertura de «diligencias previas informativas». La polémica quedó opacada por la celebración de un Comité Federal tenso, tras la detención de Santos Cerdán, quien durante las tres semanas anteriores fue el máximo responsable del control interno del partido y que está acusado de liderar una red de sobornos para amañar contratos públicos.
En ese momento, la cúpula socialista no podía permitirse otro incendio político fuera de control. Aun así, la rapidez con la que actuaron provocó que en la siguiente Ejecutiva presidida por Pedro Sánchez algunos asistentes propusieran buscar un balance entre la contundencia frente a comportamientos inapropiados dentro del partido y la presunción de inocencia.
Actualmente, la situación se ha invertido completamente respecto a la gestión de Ferraz. La «falta de diligencia» al tramitar las denuncias —que finalmente se comunicaron a través del canal interno del partido hace casi cinco meses; que se eliminaron del sistema cuando el acusado dejó de ser militante la semana pasada— y, sobre todo, la gravedad de su contenido, han irritado a muchas mujeres dentro del PSOE, quienes no están dispuestas a permanecer en silencio. Aunque desde Ferraz insisten en que el procedimiento por posible acoso continúa abierto y seguirá su curso, en la práctica ya no se aplicarán medidas disciplinarias debido a la baja del implicado en la afiliación.

