Iván Espinosa de los Monteros cuestiona el discurso feminista de Pedro Sánchez, calificándolo de engaño y responsabilizándolo de poner en riesgo a las mujeres con la ley del ‘solo sí es sí’.
Espinosa de los Monteros se distancia de la política institucional y de Vox, aunque mantiene su afiliación, y manifiesta dudas acerca de su voto en futuras elecciones.
El ex portavoz de Vox destaca su nuevo ‘think tank’, Atenea, como un espacio para impulsar reformas viables para la derecha y fomentar la cooperación entre PP y Vox.
Critica el viraje estatalista y obrerista de Vox, lo equipara con Podemos y cuestiona la estrategia de priorizar la captación de votos frente a defender los principios fundacionales.
Iván Espinosa de los Monteros (Madrid, 1971) llega a la redacción de EL ESPAÑOL en un BMW Serie 5. Sabe perfectamente el trayecto: la sede de su antiguo partido está justo junto a la del periódico. Antes de entrar, ocurre una escena curiosa: se cruza con un diputado actual de Vox que está tomando un café frente al diario. Se saludan cordialmente, como si fueran viejos conocidos.
Es algo poco común. Con otros casi no mantiene relación. Y muchos que se han sumado al proyecto «al calor del éxito», comenta, son nuevos y ya no los reconoce.
De los cuatro ascensores que hay en el edificio, Espinosa escoge el montacargas, el más lento. «Soy una carga», bromea.
Lo que ya no es es un «cargo» público. Abandonó la política institucional en verano de 2023, siendo portavoz de Vox. Desde entonces, no ha tenido contacto con Santiago Abascal.
Permanece afiliado —»uno de los más antiguos»—, aunque confiesa que hoy no tendría claro a quién votar. De ahí surge Atenea, el think tank con el que busca promover reformas adoptables por la derecha.
Aunque está alejado de la política, aún se le escapa el plural, como alguien acostumbrado a hablar en representación de un partido durante muchos años.
Sin embargo, reconoce que algunas cosas en su partido han cambiado, «lo cual es legítimo», repite constantemente. Comienza por ese «giro estatalista y obrerista», una tendencia que le recuerda a Podemos: «No era ese el plan inicial».
Y plantea una pregunta: «¿Vox está para defender ciertas ideas o para obtener votos? Porque el PP consigue más votos que Vox».
Su inglés sigue siendo impecable. Antes de comenzar la entrevista hojea la revista Magas. «Bookazine», pronuncia casi como un angloparlante nativo. Y nadie maneja el término lawfare como él. Por eso lo apodaban «el políglota de Vox». Ahora, simplemente políglota.
El pasado domingo se le vio en una protesta convocada por el PP en el Templo de Debod de Madrid. Se afirmó que era «sin siglas», aunque los únicos dirigentes que hablaron fueron del PP: Ayuso, Feijóo… ¿Se interpreta su presencia como un acercamiento al PP?
El domingo participé en dos manifestaciones, una convocada por el PP y otra por Revuelta, la organización juvenil que era de Vox. Ahora acabo de enterarme de que ya no lo es.
Apoya toda manifestación cívica y legítima contra un Gobierno que está causando mucho daño a este país y que perdió la legitimidad que quizá nunca tuvo, pues es fruto de mentiras y engaños. Es el momento de finalizar esta agonía que viene de lejos. España ha acumulado casi dos décadas perdidas y la situación se ha agravado de forma insoportable en los últimos siete años.
Se lo plantearé de otra forma. Si mañana fueran elecciones generales, ¿por quién votaría Iván Espinosa de los Monteros?
En este momento no tengo claro a quién votar. Por eso fundé Atenea, para plantear reformas saludables y necesarias que deseamos que PP y Vox integren. Entiendo que quien está inmerso en política se absorbe por la actualidad del día, por el último tuit, la noticia reciente… pero desde fuera y con mayor perspectiva, se puede contribuir proponiendo reformas estructurales. Espero que alguno o ambos partidos las adopten y resulten más atractivos para personas como yo.
Usted dice que está «fuera», pero según tengo entendido, permanece afiliado a Vox.
Soy uno de los afiliados más veteranos de Vox, probablemente el de número más bajo después de Santiago Abascal.
¿No siente alguna nostalgia? Normalmente el militante suele votar por el partido al que pertenece.
Es cierto. Pero este partido está evolucionando en una dirección distinta a la que esperaba, cosa legítima, pero se aleja de lo que yo hubiera querido.
¿Puede poner algún ejemplo?
Todavía no comprendo bien la decisión de salir de ECR en Europa, que nos acogió incluso antes de tener representación parlamentaria. Es un grupo conservador y reformista, liberal en lo económico, fundado por Margaret Thatcher y con socios importantes como Meloni, la primera ministra más destacada actualmente en Europa; o los polacos de Ley y Justicia, con quienes tenemos mucha afinidad, y alejado de partidos estatalistas presentes en otros grupos donde ahora está Vox.
Ese es un ejemplo. El giro hacia el estatalismo y obrerismo no encaja con mis expectativas iniciales. Un partido puede cambiar, es legítimo, pero el plan original no era ese. También pueden influir los nuevos integrantes con ideas diferentes que no coinciden con el proyecto comenzado.
«En este momento no tengo claro a quién votar; sigo afiliado a Vox pero el partido se ha alejado de mis expectativas»
Hablando de Meloni, usted participó hace poco en un evento de ECR en Valencia y afirmó que «algunos movieron Roma con Santiago» para impedir su intervención. Esa misma semana Abascal se reunió con la primera ministra en Roma. ¿Cree realmente que intentaron vetarle desde Vox?
Sé que sí, pero no quiero ahondar en el asunto porque mi intención no es atacar a Vox ni al PP, aunque hay muchas cosas que no me gustan. Ya he expresado mi crítica a Vox y podría emitir muchas más críticas hacia el PP. Mi objetivo es denunciar a un Gobierno que está dañando mucho y buscar puntos de entendimiento entre PP y Vox.
¿Debería Feijóo presentar una moción de censura?
Presentarla sin apoyos garantizados es un riesgo. Para asegurar apoyos, asumiendo que Vox lo apoyaría bajo ciertas condiciones, hay que convencer a partidos que se niegan o imponen condiciones inaceptables. Comprendiendo el riesgo de no lograr éxito, creo que no es una mala idea.
Lo creo tanto como que Vox presentó dos mociones en la legislatura pasada cuando tenía más de 50 diputados, algo que consideré positivo y sigo considerando así. También apoyé cuando Felipe González presentó una moción contra el Gobierno de Suárez como jefe de la oposición.
¿Por qué? Porque genera una dinámica de liderazgo y marca un rumbo para el país. Se enfoca la atención en el discurso del candidato y, aunque parezca que no lograr aprobar la moción pueda ser una victoria para el Gobierno, pueden surgir sorpresas, matices o posturas de otros partidos que definan sus posiciones, algo útil dada la postura de los partidos separatistas.
Usted ha defendido la ilegalización de partidos separatistas.
Atenea propone que partidos con representación en el Congreso, aunque provengan de una única circunscripción, deben conseguir al menos un 5% del voto a nivel nacional.
Además, aquellos que no renuncien a la violencia y a la fragmentación de España no deberían participar en democracia. No digo que no existan o participen en otros ámbitos, pero no en Congreso ni Senado. Igual que no se aceptaría un partido totalitario contrario a la democracia o la separación de poderes.
¿Existe alguno así?
Hay uno en el poder que contradice la separación de poderes, como demuestra diariamente.
¿Está a favor de ilegalizar el PSOE?
No, no abogo por ilegalizar al PSOE. Apoyo la preservación de la separación de poderes. Aunque el PSOE actúa en contra de esta separación y España pierde calidad democrática cada día, Atenea promueve reformas para mantener los contrapesos, la independencia judicial, y un proceso constitucional para elegir a los miembros del CGPJ.
Estas reformas no deberían ser rechazadas por ideologías. Sea quien sea el gobernante, interesa que existan contrapesos para evitar abusos.
«Sea por electoralismo o convicción, el giro de Feijóo en inmigración es acertado»
Si se limita la presencia de partidos separatistas como propone, el PP sólo podría gobernar de la mano de Vox.
Al proponer una reforma, no es necesario prever la consecuencia inmediata porque el panorama político cambia rápido. Lo relevante es si la idea tiene valor intrínseco.
El PP ha gobernado con mayoría absoluta en algunos casos y gobierna con Vox en otras regiones. Que yo sepa, no pacta con más partidos. No alteraría mucho la situación actual.
La semana pasada Feijóo solicitó a la patronal catalana que persuadiera a Junts, parece que hay acercamientos.
La realidad práctica cambia constantemente, pero la idea principal permanece. Hasta ahora, el PP sólo ha pactado con Vox, y viceversa. Colaboran diariamente, gobernando juntos en decenas de municipios y varias autonomías.
Aunque no sean acuerdos de gobierno formales, en muchas votaciones el PP coincide con PNV o Junts, por ejemplo en inmigración.
El PP está modificando su postura en inmigración, volviéndose más exigente. Esto no coincide con las posiciones del PNV o Junts.
¿Considera positivo ese cambio en el PP?
Hasta ahora, había dos posturas en inmigración: la de Vox y la del resto. Se puede debatir si sus medidas son adecuadas, radicales o insuficientes.
No se discute que Vox lleva años señalando los problemas derivados de la inmigración, no la inmigración en sí, sino sus consecuencias en convivencia, empleo y seguridad.
Actualmente, la izquierda sigue negando el problema y atacando a quienes lo señalan. El PP, que antes tenía esta postura, parece que se dirige hacia posiciones intermedias.
¿Cree que lo hacen por electoralismo?
No lo sé, pero independientemente de la razón, es acertado. Negar un problema no ayuda a solucionarlo. La inmigración supone un problema para millones en España.
Isabel Díaz Ayuso dijo que sin inmigración no habría mano de obra para tareas como limpieza o construcción.
Me sorprende. Cuando se habla de inmigración, no se hace desde una perspectiva más amplia. Parece que la inmigración es la nueva esclavitud. Pero también hay inmigrantes cualificados capaces de trabajar en ingeniería, medicina, biotecnología, arquitectura y campos STEM.
¿Qué tipo y cuánta inmigración necesita España? ¿De dónde? No se trata de raza o color, sino de cultura e intención. El país receptor debe decidir quién entra legalmente, lo que no significa otorgar nacionalidad inmediata, sino un permiso de trabajo que facilite su autosuficiencia.
Quizá se requiera mano de obra poco cualificada, como carpinteros o fontaneros, o profesionales como médicos e ingenieros. Pero esa decisión debe tomarla el país, no las mafias que ponen en riesgo vidas y dinero, dado que inmigrar ilegalmente es muy costoso.
Además, hay quienes vienen con la intención clara de vivir de los subsidios sociales de España. Aquí la generosidad con las ayudas es alta y un número importante aprovecha estos subsidios. España, con menos de 50 millones de habitantes, no puede sostener a un planeta de 6.000 millones. No es viable.
Eso abre otro debate: ¿se distingue la inmigración de Hispanoamérica de la de origen musulmán?
Los problemas de convivencia han sido más evidentes con ciertos colectivos musulmanes, aunque no se puede generalizar por religión sino por mentalidad. Hay musulmanes integrados, trabajadores, contribuyentes y respetuosos con la sociedad.
¿Prohibiría la entrada por religión? No. Sin embargo, existe una correlación significativa entre quienes no aceptan nuestras normas sociales, como la separación Iglesia-Estado, la jurisdicción civil sobre la religiosa, o la igualdad de género.
«¿Vox está para defender ideas o para captar votos? Porque el PP consigue más votos que Vox»
Aspectos como que el hombre no va por delante de la mujer, la mujer no debe ir cubierta, las niñas no practican la ablación, o que la libertad incluye coexistir con distintas costumbres sin imponerlas. Si llega gente que no acepta esas reglas, no puede ser bienvenida, aunque sea un ingeniero nuclear.
La relación entre Vox y el PP no parece atravesar su mejor momento, salvo en Valencia, donde hubo un acuerdo rápido para relevar a Mazón. Se ve en Extremadura, Baleares o Aragón.
No creo que estén en crisis. Aunque discuten públicamente, cuando toca pactar, lo hacen en todas partes. No queda ningún ayuntamiento ni comunidad sin gobierno conjunto PP-Vox. El 100% de las veces que tuvieron que acordar, lo hicieron. Los acuerdos pueden ser fáciles o complicados. En Valencia fue muy sencillo: se resolvió en días y sin contrato escrito.
¿Por qué hay elecciones en Extremadura?
Tras estar de acuerdo para gobernar, la presidenta [María Guardiola] decidió equivocadamente que le convenían más elecciones anticipadas que gobernar con presupuestos anteriores.
Es un error que no la beneficiará. Creo que después de esos comicios habrá un gobierno PP-Vox. La proporción puede variar y Vox podría estar dentro o fuera. Ya veremos.
¿Qué cree que harán?
No haré predicciones sobre Vox.
Cuando abandonaron gobiernos autonómicos en verano de 2024 pareció una apuesta arriesgada, pero ahora crecen en encuestas. ¿Parece que están más cómodos fuera?
Sí, esa es la impresión.
¿Es algo real?
Lo veremos en los próximos meses con elecciones en Extremadura, Andalucía y Castilla y León. En Andalucía está por definirse, pero en las otras dos parece necesaria la alianza. Tras eso vendrán las generales y también lo veremos.
Feijóo afirma que hay una pinza entre Vox y el PSOE.
El PP dice que el PSOE y Vox hacen pinza. Vox sostiene que el PP está aliado con el PSOE en todos lados, pero la realidad es que cuando hay que acordar, PP y Vox acuerdan. El 100% de las veces. Me alegra que sea así.
¿Entonces, por qué no fueron a la manifestación del domingo?
Porque no era para acordar un gobierno. Pero si al día siguiente hubiera que formar un nuevo gobierno en Castillejo de Abajo, se haría. Lo digo con optimismo, porque si en las generales, que espero que sean pronto aunque no lo creo, suman más de 176 escaños, hay esperanza de gobierno conjunto y, ojalá, estable.
Abascal no asistió a los actos institucionales el 12 de octubre pasado. ¿Lo aprueba? ¿Comparte esa decisión? ¿Cree que no hay que hacerse fotos con Sánchez y «la mafia» como acusa Vox, o que se debe asistir?
Vox siempre participó en actos oficiales con el Rey. Siempre respetaron al Rey, sus discursos y eventos. No entiendo el cambio. Pero no es ilegítimo. ¿Se debe a que detectaron una corriente republicana en España?
Esto no era habitual antes. Y cabe recordar que gobernaba Pedro Sánchez.
Vox dice que no es una cuestión de monarquía, sino por la presencia del Gobierno.
Pero el Gobierno está presente en todos los actos oficiales desde 2019, cuando entraron en el Congreso. Tampoco entiendo por qué en algunas manifestaciones de Vox se exhiben banderas con el escudo recortado o por qué no apoyan ni comentan el discurso del Rey en Nochebuena.
«Girando hacia el estatalismo y la idea de que el Estado puede proveer bienes y servicios, Vox está haciendo lo mismo que la izquierda»
¿Existe un PSOE bueno?
Nunca creí en un PSOE bueno, pero al escribir España tiene solución, reflexioné bastante. Me di cuenta de algo interesante: los que crecimos en los años 80 y 90 con Felipe González como presidente —que nunca apoyé ni voté y siempre me pareció nefasto— teníamos una percepción del PSOE que, con Zapatero y luego Sánchez, se deterioró mucho más.
Ninguno es bueno, pero algunos son peores. Estos dos últimos destacan por eso. Podría parecer que lo raro es lo de Zapatero o Sánchez, pero mirando atrás, fue al revés. Lo excepcional fue Felipe González. No era un PSOE bueno ni un gobierno libre de corrupción, pero distinto al actual. Lo de ahora es el PSOE genuino.
El PSOE actual es el de Largo Caballero. Es un PSOE que fue violento en su origen, con armas en el Congreso ya en los años 20, creador de la Guerra Civil, agitador de masas si no gana, con la idea de «iremos a las elecciones mientras ganemos, si gana la derecha, iremos a la revolución». Eso es el PSOE. Felipe González fue un espejismo temporal.
Esto lo ve ahora, pero no lo percibió en su momento.
Es que uno hace parecer bueno al anterior. Jamás habría hablado bien del PSOE entonces. En una escala de 0 a 10, este PSOE es 0, y el de Felipe quizás un 3 o 4. Nunca me convenció, pero comparado con el actual, era mucho menos malo.
Este sábado se celebra el Día de la Constitución, que cumple 47 años. ¿La reformaría?
Hay muchos aspectos que me gustaría modificar, pero no creo que sea el momento. Me gustaría reforzar elementos que luego no se cumplieron. El sistema autonómico necesita revisión porque no ha funcionado como se esperaba; la anexión de Navarra al País Vasco con el título adicional la eliminaría.
Hay muchas reformas posibles, pero distinguir entre querer mejorar el sistema y querer derribar todo el régimen. He escuchado últimamente a personas, no solo de extrema izquierda, sino de otros sectores, cuestionar el sistema.
¿De qué ámbitos habla?
De gente que no pertenece a la extrema izquierda. Lo dejaré ahí. La pregunta es: ¿qué régimen proponen? ¿Cuál sería su sistema ideal? Proponemos reformas diarias, de la Constitución y otras leyes. Pero también requerimos cambios culturales. Eso no implica destruir el sistema.
¿Existe el ‘lawfare’ en España?
Depende del significado. Muchos que emplean el término desconocen su sentido. Lawfare deriva de warfare, la guerra física. Lawfare es la guerra jurídica. En Vox entendemos que hay instituciones o partidos que acuden a tribunales para exigir justicia sobre actos ilegales.
Por ejemplo, Vox logró dos sentencias del Constitucional declarando anticonstitucionales acciones de este Gobierno o imponiendo justicia ante el golpe de Estado en Cataluña, donde nadie más actuó: ni Parlamento ni Fiscalía.
Sólo Vox, siendo extraparlamentario, activó un mecanismo que condenó a los golpistas del 1-O. Eso es lawfare: usar legítimamente tribunales para exigir el cumplimiento de la ley. Me parece positivo.
Pero en España se usa con otro sentido.
¿Qué significan realmente? Que toda sentencia que no les conviene es manipulación. Por eso insisto en lo de antes: necesitamos contrapesos y equilibrios. Si un presidente comete un delito, sigue siendo delito, aunque sea presidente. Lo mismo que Nixon tuvo que dimitir por actos ilegales.
Tribunales que revisan al Ejecutivo forman parte de los contrapesos. Eso no debe preocuparnos, al contrario, aporta seguridad.
Desde que se conocieron las conversaciones del caso Koldo, las encuestas reflejan pérdida de voto femenino al PSOE. Esta semana surgieron denuncias contra Paco Salazar. ¿Esta tendencia se agudizará o el discurso feminista del Gobierno revertirá la situación?
El discurso feminista es un engaño desde el primer día. Nadie ha puesto más en peligro a las mujeres que Sánchez, con la ley del solo sí es sí y la reducción de penas a violadores, asesinos y pederastas. Además, la mirada complaciente cuando sus aliados actuaban de forma reprobable.
Sin olvidar el impacto de la inmigración masiva e irregular sobre la seguridad de las mujeres. En España existen delitos que hace 20 años no existían y que han sido introducidos por inmigrantes con ideas distorsionadas sobre la mujer.
El 70% de las agresiones sexuales en grupo fueron cometidas por inmigrantes, quienes representan entre el 10 y el 12% de la población. La izquierda afirma que la relación es con la pobreza, no con el origen. Pero hay personas pobres en otros grupos que nunca han cometido tales delitos.
Usted afirma que la oposición no genera ilusión. ¿Es por su mensaje o falta de líderes? ¿Cuál es su diagnóstico?
España atraviesa el peor momento de nuestras vidas, no el peor histórico. El país ha vivido etapas terribles: los años 40 y principios de los 50 fueron una España devastada, muy pobre, con cartillas de racionamiento y entre las más pobres del mundo. Eso fue ayer.
No es el peor momento histórico, pero sí el peor de nuestra vida. Llevamos 17 años sin crecimiento económico. El PIB per cápita aún no alcanza el nivel de 2007. Ajustado por inflación, el poder adquisitivo actual es inferior al de 2007. Algo no visto desde la Guerra Civil.
«Si llega gente que no acepta nuestras reglas, no puede ser bienvenida. Aunque sea ingeniero nuclear»
La crisis política actual es inédita: un Gobierno que no gana las elecciones, genera inestabilidad por no aprobar presupuestos ni legislaciones ni acuerdos con socios, que exigen condiciones inasumibles.
También hay crisis social por tensiones generadas por la izquierda: campo vs ciudad, hombres vs mujeres, heteros vs gays y ahora mayores vs jóvenes o boomers vs jóvenes.
Esta situación delicada tiene la ventaja de que sólo puede mejorar. Además de criticar, la oposición debe proponer soluciones concretas que inspiren entusiasmo. Por eso escribí España tiene solución, porque España requiere respuestas en economía, política, sociedad, fiscalidad, comercio, trabajo, energía, infraestructuras, industria, servicios y turismo.
Parece que se vota más por cansancio que por ilusión.
Quizá porque no se genera suficiente entusiasmo.
¿Es culpa de la clase política?
Muchos problemas de España derivan de su clase política, pero no todos. Todos debemos reflexionar si merecemos esta clase política o no. Si seguimos votando igual, haga lo que haga, no sé si la culpa es de ellos o nuestra como votantes.
Si tratamos el voto como un partido de fútbol y siempre votamos a nuestro equipo, la señal para el líder es que da igual lo que haga, seguirá teniendo votos. Debemos ser más exigentes con nuestro voto y políticos, porque quizá no son muy distintos a quienes los eligen.
Ha dicho que la política protege a los profesionales contra el talento y que estos no son bienvenidos tras el sector privado. ¿Puede dar ejemplos con nombres propios, uno por partido?
Los líderes de todos los partidos.
¿Tendrían problemas en el sector privado si abandonaran la política?
Algunos no, pero otros sí. Por ejemplo, Carme Artigas, una mujer muy cualificada en tecnología, con una trayectoria profesional exitosa, fundadora de su propia empresa y exdirectiva de Telefónica. Se le ofreció ser Secretaria de Estado de Inteligencia Artificial bajo Nadia Calviño.
Seis años después de incorporarse al sector público, al intentar regresar al sector tecnológico, se le impidió por la Oficina de Conflictos de Interés por haber regulado ese sector.
Como resultado, aceptó ofertas en otros países. Se perdió así talento para España. Muchos expertos que participan en política temen no poder volver a su sector, lo cual desanima su participación.
No se puede prohibir el retorno al mismo sector porque de lo contrario el talento no acudiría a la política.
¿Usted ha sufrido un perjuicio por pasar por la política?
No quiero entrar en detalles, pero sí. Primero las críticas opositoras, eso es normal. Luego ataques periodísticos que fueron muy personales. También ataques administrativos y, finalmente, del propio partido cuando me fui.
Son barreras para quien viene de fuera de la política.
¿Cree que hay una campaña contra usted dentro de su partido?
No digo nada nuevo. Vox tiene cuentas en Twitter que atacan a exmiembros. Me abrieron un expediente por algo falso, que fue archivado.
Me llevaron dos veces a Fiscalía por acusaciones infundadas. Hay que entender la naturaleza humana y de los partidos.
¿Y aun así siente la tentación de volver a la política?
Previsiblemente no regresaré a un partido político tras lo vivido. Pero creo que, a pesar de las miserias humanas, España está por encima de ello. Comprendo las limitaciones de cada uno. Cuando hay oportunidades para aportar mejoras, es una obligación hacerlo.
«Nuestra capacidad adquisitiva está por debajo de 2007. Algo no visto desde la Guerra Civil»
Pedro Sánchez y Santiago Abascal lideran sus partidos por más de diez años. ¿Es necesaria una renovación? ¿Hay relevo? ¿Deberían establecerse límites en mandatos, no sólo en Gobierno sino en partidos?
No considero necesarios límites en partidos. El problema es que no hay democracia interna para generar corrientes alternativas reales. Esto está bloqueado en el partido que conozco y sospecho que en el otro también.
Pedro Sánchez debe irse, no por tiempo, sino por sus acciones. Podría haber gobernado 13 años como Felipe González. El problema es qué hace durante su mandato. Desde el principio estuvieron los compinches de Peugeot solicitando comisiones de licitaciones no iniciadas.
En Estados Unidos el límite son ocho años.
Los sistemas son distintos. Ahí hay un sistema presidencialista. No estoy en contra de límites constitucionales ni morales. Aznar intentó establecer eso con ejemplo personal. Zapatero estuvo ocho años porque su salida era evidente. Rajoy no completó ocho. Este presidente seguirá hasta el último día.
Si puede estar 16 años, lo hará. El problema no es poner límites, sino la falta de democracia interna.
Algunos exdiputados acusan a Vox de un «giro lepenista» en vivienda, mientras otros lo comparan con Podemos.
Eso lo dicen Podemos y Más Madrid, que afirman que se les ha copiado el discurso.
¿Puede Vox conseguir votos ahí?
Esta cuestión abre un debate interesante. ¿Está Vox para defender ideas o para ganar votos? Si el objetivo es obtener más votos, ¿por qué se fueron algunos del PP? Porque el PP obtiene más votos que Vox.
Si se buscaba defender ideas concretas, ¿por qué justificar el cambio por la cantidad de votantes? Girar al estatalismo y creer que el Estado proveerá bienes y servicios es sólo viable en situaciones excepcionales, como cuando España era un país empobrecido en los años 40.
Entonces el Estado creó empresas como Seat, que no competía con marcas privadas. Cuando España se abrió al mundo, entraron Ford, Opel, Citroën, Peugeot, Nissan… El Estado reconoció que no podía competir con el sector privado que lo hacía mejor. Esto aplica tanto a coches como a viviendas.
En los años 50, cuando no existían constructoras ni promotoras, el Estado construía casas. Pero en 2025 pretender que el Estado haga viviendas es tan absurdo como que intente fabricar microchips o vehículos de tracción mecánica.
Lo correcto es que el Estado establezca un marco regulatorio para que se construyan viviendas. No parece difícil. Hay terrenos, como un gran descampado al norte de las torres de la Castellana que no tienen valor ambiental.
«No entiendo por qué en algunas manifestaciones de Vox se exhiben banderas de España con el escudo recortado»
También hay demanda, al menos para un millón de viviendas, considerando que han llegado cinco millones de personas nuevas en los últimos años. ¿Sabemos construir? Aunque no fabricamos microchips, tenemos constructoras y promotoras. ¿Hay financiación? España ostenta las hipotecas más baratas del mundo.
¿Por qué no hay ya un millón de viviendas disponibles? Porque los poderes públicos lo impiden, los ayuntamientos especulan con el suelo, aplican impuestos que dificultan adquirir viviendas, y normativas medioambientales inasumibles que encarecen los precios para comprador.
Todo está diseñado políticamente para impedir la construcción, pero es uno de los problemas más fáciles de resolver, sólo depende de voluntad política.
Jorge Buxadé dijo que el suelo está secuestrado por ayuntamientos y comunidades autónomas. En este punto de la política de vivienda parece que coinciden.
Cuando se habla de prohibir la financiación del parque de viviendas —como propone Vox—, y de que la propiedad de vivienda debe tener una función social con límites para tener más de una propiedad, se está señalando que todo está al revés.
Es desconocer cómo funciona el sistema de viviendas y repetir errores de la izquierda que provocaron un déficit de un millón de viviendas. Profundizar en el error, aunque provenga de otro partido, no ayuda a solucionarlo.
Quien defiende esa línea ha sido promovido tras apartar a Javier Ortega Smith. Él asistió a la presentación de su ‘think tank’ y ahora está donde está.
No sé si hay relación causa-efecto. Espero que no.
Él ha señalado que «los valores fundacionales del partido no se están cumpliendo». ¿Qué futuro cree que le espera dentro de Vox?
No tengo la bola de cristal, pero le deseo lo mejor. Fue fundamental en la fundación de Vox. Muchos que han llegado al calor del éxito no recuerdan el trabajo que hizo cuando Vox era sólo unas siglas sin apoyo.
Su labor en tribunales como acusación popular contra el 1-O en Cataluña, en el Supremo, y con el fiscal general Maza para perseguir delitos del 1-O.
Poca gente recuerda la repercusión mediática que obtuvo para un partido inexistente. Quedan pocos de los fundadores.
Queda Abascal.
Sólo queda Abascal, pero nadie parece acordarse del desierto inicial, las ideas y personas que, lideradas por él, formaron un partido donde antes no había, y plantearon temas que nadie trataba entonces.
Las ideas actuales sobre vivienda ya las dice Podemos. Javier fue clave para que Vox creciera y tuvo un valor personal enorme.
La fe del converso es intensa, y ahora han llegado algunos de otros partidos o de ningún sitio que desprecian a los históricos y traicionan a sus predecesores. Esa es la política de partidos, desafortunadamente también en el que quería ser diferente.
«Hay quienes llegaron a Vox al calor del éxito y no recuerdan el esfuerzo de Ortega Smith, por eso denigran a los que estaban antes»
¿Cuándo fue la última vez que habló con Santiago Abascal?
El día que me fui.
¿Cómo se financia Atenea?
Con donaciones particulares. Contamos con varios embajadores y personas que aportan más fondos. Gente que se preocupa por España y cree en las soluciones que proponemos. Además, todos somos voluntarios, lo que reduce gastos. Toda organización equilibra ingresos y gastos; si los ingresos son mínimos y el gasto bajo, se gestiona mejor. Si se gasta mucho, es diferente.
¿Habrá más presentaciones?
Sí, varias por mes en toda España. La próxima será en Toledo.

