El delantero que defendió los colores de clubes como Manchester City y Sevilla habló sobre su relación con el dinero a lo largo de su carrera deportiva.
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Manuel Agudo Durán, conocido popularmente como Nolito, conversó en Offsiders para repasar una trayectoria que lo llevó desde los terrenos polvorientos de Sanlúcar de Barrameda hasta los estadios más prestigiosos de Europa, bajo la dirección de Guardiola y Luis Enrique.
Lo que destaca en Nolito no es solo su recorrido, sino la sencillez con la que admite que nunca se imaginó llegar a ser el futbolista de élite que finalmente fue.
«Solo empecé a tomarme el fútbol en serio cuando ingresé al Barcelona B», confiesa sin filtros. En sus etapas en Écija, jugando en Segunda B, Nolito tenía una actitud completamente distinta a la de muchos jóvenes futbolistas.
«Ganaba 3.000 euros al mes y el segundo año 3.600, que para mí ya era una gran cantidad sinceramente», rememora. Aunque esas sumas hoy resulten modestas, en ese momento significaban un mundo para el joven andaluz.
«Pensaba: ‘A ver si consigo jugar en Segunda, me compro una casita, mis cosas y poco más, y después monto un negocio. Esa era la idea que tenía», cuenta el exjugador.
Su visión a futuro era limitada: una casa propia, un negocio, nada más. «No pensaba más allá. Nunca imaginé jugar tantos años en Primera, ni en los clubes en los que acabé jugando».
El cambio comenzó cuando Luis Enrique lo tomó bajo su tutela en el Barcelona B. El técnico asturiano, a quien Nolito llama su «padre deportivo», no solo visualizó su potencial, sino que le ayudó a transformar su mentalidad.
La clave: una metáfora que se volvió icónica en la carrera de Nolito. «Recuerdo que me dijo: ‘Eres un Ferrari. A un Ferrari hay que ponerle gasolina de calidad. Debes alimentarte bien. No puedes comer esto, esto y esto'», evoca.
Lo que parecía una simple conversación sobre dieta significó un cambio radical. Nolito comenzó a incluir pan integral, azúcar moreno, yogures —productos que nunca antes había probado—. Los resultados fueron evidentes al instante: «Bajé de peso, perdí 5 o 6 kilos y volaba. La verdad, estaba en otra dimensión».
Junto con la mejoría física, llegó la evolución mental. Al sumarse al Barcelona B, ese mismo espíritu competitivo que despertó Luis Enrique le dio una confianza renovada frente a sus compañeros.
«De manera interna y egoísta pensaba: ‘Soy mejor que este'», reconoce sin arrogancia, solo con la sinceridad de quien ha experimentado un cambio profundo.
Lo admirable en Nolito es que, pese a su posterior éxito —participó en la Champions League, Premier League y Eurocopa 2016— nunca perdió la conciencia sobre la fortuna que tuvo y las desigualdades del sistema.
«La gente suele decir de los futbolistas: ‘Ganan demasiado…’. Pero, ¿qué podemos hacer? No es nuestra culpa. Deberían ganar más los médicos que salvan vidas. Ojalá tuviese el poder para pagar a los médicos y hospitales, pero este es el sistema en que vivimos. No soy culpable de ello».
A sus 39 años, Nolito reflexiona sobre cómo un chico que soñaba con una casa y un negocio en Sanlúcar terminó convertido en uno de los mejores extremos de su generación. «En la vida hay que ser agradecido», concluye.
Una enseñanza que absorbió no solo de sus goles, sino de quienes creyeron en él cuando aún no confiaba en sí mismo.

