El Ejecutivo de Pedro Sánchez considera superado el efecto de los recientes escándalos de corrupción, incluyendo las detenciones de Ábalos y Koldo García, y confía en que estos no impactarán de forma considerable en su base electoral.
Desde Moncloa esperan que un posible regreso de Carles Puigdemont, tras un fallo favorable del TJUE sobre la Ley de Amnistía, facilite la reconstrucción de relaciones con Junts y permita impulsar la aprobación de los Presupuestos.
Reconociendo su actual fragilidad parlamentaria, el Gobierno opta por aplazar propuestas hasta febrero, buscando acuerdos mínimos que eviten derrotas en el Congreso mientras se dilucida la postura de Junts.
Se subraya que la imprevisibilidad de Junts junto al cambio en la aritmética parlamentaria tras la suspensión de Ábalos dificultan la estabilidad, aunque descartan que Junts llegue a apoyar una moción de censura con PP y Vox.
«Continuaremos hasta 2027». Es el mensaje firme que mantiene el círculo más cercano a Pedro Sánchez.
Pese al escepticismo de quienes dudan que puedan resistir año y medio con los procesos judiciales activos y sin un respaldo sólido para los Presupuestos, los allegados a Sánchez repiten con seguridad el mensaje que transmite el propio presidente.
Aseguran que mantienen la fortaleza y que Sánchez se encuentra en estos días «calmado pero frustrado«. Ha solicitado a sus ministros que impulsen iniciativas y otorga gran peso a completar para mediados de 2026 la recepción y ejecución de los fondos europeos.
Esto ocurre a pesar de que, en los últimos meses, dos secretarios de Organización del PSOE, estrechos colaboradores de Sánchez, han estado en prisión, quienes en gran medida fueron responsables de asegurar el ascenso del líder socialista, su acceso a Moncloa y los pactos para conservar el poder.
También insisten en que ni José Luis Ábalos ni Koldo García poseen información que pueda comprometer a Sánchez, ni en términos políticos ni desde el punto de vista penal.
«Conviven con esta realidad desde hace tiempo. Ya ocurrió con la filtración de watshaps en los que el presidente comentaba sobre miembros del Gobierno, algo incómodo pero sin impacto electoral o desgaste», señalan en Moncloa.
«Ningún votante que nos apoyaba dejará de hacerlo por esto», añaden.
Contra Ábalos y Koldo
No descartan que Ábalos y Koldo continúen difundiendo lo que consideran «falsedades» sobre el presidente. A su vez, sostienen que, pese a todo, Alberto Núñez Feijóo no ha logrado sacar partido político al desgaste del Gobierno, ya que el PP no logra despegar en las encuestas internas.
En los últimos días han empezado incluso a calificarlos de «chantajistas«, tal como expresó el viernes María Jesús Montero y se refleja en un comunicado del PSOE.
Es decir, dan por descartado que mantengan silencio y se preparan para desacreditar su versión.
Reconocen que al Gobierno todo este «ruido» le afecta en un momento de vulnerabilidad; un virus impacta más cuando el paciente está débil.
La detención de Ábalos coincidió con la votación en la que el Congreso rechazó la senda de déficit, anticipando la ausencia de Presupuestos y culminando legislatura sin aprobar cuentas, algo sin precedentes.
Ante esta coyuntura, el Gobierno se aferra a la posibilidad de una reorientación que permita restablecer el vínculo con Junts.
Desde el entorno de Sánchez explican que confían en que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) pronuncie un fallo favorable sobre la Ley de Amnistía, siguiendo el informe del Abogado General, que avale su aplicación al expresidente de la Generalitat.
Se espera que esto ocurra en diciembre o enero, lo que permitiría a Carles Puigdemont regresar a España, siempre que el Tribunal Supremo aplique la ley y no plantee cuestionamientos que retrasen su retorno.
El voto de Junts
En ese escenario, el Gobierno estima factible obtener el respaldo de Junts a los Presupuestos en el primer trimestre de 2026 y asegurar el cumplimiento del mandato hasta 2027.
Puigdemont regresaría en una posición fortalecida y Sánchez podría exhibir una imagen de reconciliación y normalización en Cataluña, región que en 2023 apoyó el resultado que facilitó su gobierno.
Por esta razón, el Ejecutivo ha retrasado la presentación del proyecto de Presupuestos hasta febrero. El objetivo inmediato es llegar a esa fecha, con la reapertura del Congreso, evitando generar conflictos.
Solo quedan dos sesiones plenarias en la Cámara, con una derrota ya anticipada en la propuesta de senda de déficit.
El Gobierno procurará presentar únicamente medidas con consenso garantizado para luego disponer de unas Navidades largas y un enero con el Congreso prácticamente inoperativo.
Por ejemplo, el decreto de ayudas para los afectados por la dana, aprobado el jueves con amplio respaldo, sin impulsar nuevas iniciativas y tratando de mitigar tensiones políticas cuando sea posible.
No obstante, el Gobierno advierte que Puigdemont ya ha mostrado inestabilidad y existe el riesgo de que intente forzar unas elecciones generales, aprovechando que Aliança Catalana no se presentará a las elecciones al Congreso.
Descartan que Junts avale una moción de censura del PP, pues implicaría a Vox, un escenario inaceptable para Puigdemont y sus seguidores.
Moncloa considera que la suspensión de Ábalos obliga a todas las partes a reajustar posturas, generando un efecto mariposa en la composición parlamentaria.
La suspensión de Ábalos como diputado convierte la abstención de Junts en un voto crucial, capaz de bloquear propuestas del Gobierno.
Según el Ejecutivo, en los últimos meses evitaron negociar con Ábalos para que su voto no fuera decisivo, negociando con grupos sin contar con su voto para evitarle poder de veto y la imagen negativa asociada.
Moncloa explica que Junts hasta ahora ejercía un «daño controlado«, castigando con abstenciones sin impedir el avance de iniciativas; ahora esa estrategia ya no funciona, pues su abstención implica derrota para el Gobierno.
Escenario distinto
El equipo de Carles Puigdemont deberá replantear su estrategia y todos «deben actuar» en febrero, ya que el contexto habrá cambiado, según Moncloa.
En medio de este panorama están las elecciones en Extremadura, donde el PSOE prevé malos resultados y solo aspira a visibilizar la dependencia del PP de los votos de Vox en una posible investidura de María Guardiola.
La subida de Vox es, paradójicamente, un triunfo para el PSOE que pueden usar políticamente.
Luego seguirán las elecciones en Castilla y León y Andalucía, que dominarán la agenda política en 2026.
La contraofensiva
Estas citas electorales y las novedades judiciales que van surgiendo se perciben respecto a la continuidad del Gobierno como un juego de torre de piezas de madera que se quitan hasta que todo colapsa, según el periodista Aimar Bretos en Cadena Ser.
La detención de Santos Cerdán supuso una pieza retirada importante, seguida de la de Ábalos, pérdidas en votaciones y así sucesivamente, hasta que el equilibrio desaparezca.
Un miembro del círculo cercano a Sánchez responde a esa metáfora señalando que no se debe olvidar que el presidente también está colocando piezas nuevas para remplazar las que desaparecen y reforzar esa torre inestable.
Ejemplos son la subida salarial a funcionarios, el desgaste del PP por el cribado de cáncer en Andalucía, la corrupción en Almería, el caso Mazón, el discurso sobre persecución desde el Tribunal Supremo, el debate sobre el aborto en Madrid y, por supuesto, los pactos de Feijóo con Vox en distintas regiones y el temor a la ultraderecha.
Así se mantiene la estructura. La vuelta de Puigdemont y un acuerdo hipotético con Junts sobre Presupuestos añadirían muchas piezas para sostener la torre durante un año y medio más.
Se relaciona lo que llaman «la impaciencia del PP» por anticipar la caída del Gobierno cada semana, hasta causar molestia entre sus propios votantes por no cumplirse, con la supuesta debilidad de Feijóo para capitalizar la mala situación gubernamental.
También vinculan esto a la manifestación contra la corrupción de este domingo, que, según Moncloa, corre el riesgo de cansar a los votantes del PP porque tales convocatorias no han logrado destituir a Sánchez.
Consideran que el PP intenta evitar que Vox tome la delantera en la protesta callejera y en la carrera por liderar el «antisanchismo». Esto puede implicar desviar la atención del encarcelamiento de Ábalos a la afluencia a la manifestación, beneficiando así al Gobierno.
Sánchez cuenta con la ventaja de un partido muy controlado, donde la única disidencia relevante proviene de exdirigentes críticos, irreverentemente denominados entre la actual dirección como «las Juventudes Socialistas«.

