«Carteles gringos»: las bandas que distribuyen en EE.UU. drogas fabricadas en América Latina y la ausencia de capos tipo «El Chapo»

Detención de un presunto narco en EE.UU. en 2012

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Vestido con el uniforme carcelario azul y naranja, y avanzando con un paso lento y vacilante, Ismael Zambada García entró a una sala de tribunal federal en Nueva York el pasado agosto.

El que fuera el poderoso líder del Cartel de Sinaloa, conocido como el “jefe de jefes”, tomó asiento en el banquillo de los acusados y leyó una declaración reconociendo que dirigió durante décadas esa organización criminal dedicada al tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

“Desde 1980 hasta el año pasado, 2024, transporté y vendí al menos un millón y medio de kilogramos de cocaína, la mayoría destinada a Estados Unidos”, afirmó con voz calmada frente al juez.

Pam Bondi, fiscal general de EE.UU., calificó la confesión de culpabilidad de Zambada García como una “victoria histórica” para la justicia estadounidense.

“Fue uno de los narcotraficantes más prolíficos y poderosos a nivel mundial. Su socio era ‘El Chapo’ [Joaquín Guzmán]. Juntos fundaron el Cartel de Sinaloa. Cometieron asesinatos brutales y saturaron nuestro país con drogas. Su era de terror ha terminado”, declaró Bondi.

En su intervención, la funcionaria resaltó un reclamo constante de las autoridades antidrogas estadounidenses: que los carteles de México y otros países “inundan” de drogas el mercado en Estados Unidos.

Sin embargo, según el periodista e investigador mexicano Jesús Esquivel, en un país como EE.UU., uno de los mayores consumidores globales de estupefacientes, “las drogas no se venden solas”.

Esquivel, quien posee amplia experiencia como corresponsal en Estados Unidos, publicó recientemente una investigación que se extendió por varios años titulada “Los carteles gringos”, donde aborda un asunto polémico: la existencia de organizaciones estadounidenses de tráfico de drogas que, según sostiene, rivalizan con las mexicanas, colombianas y otras en América Latina y el mundo.

“Estos carteles adquieren drogas al por mayor de grupos criminales mexicanos que únicamente se encargan de llevarlas hasta la frontera sur de Estados Unidos”, explica Esquivel en entrevista con BBC Mundo.

“Desde ese punto, son los carteles gringos quienes manejan toda la logística: transporte, distribución, venta, fijación de precios y recuperación de dinero mediante el lavado de activos, tanto a través del sistema financiero como de forma clandestina, introduciendo efectivo por la frontera hacia México”, agrega.

Una ilustración de tribunal que muestra a Ismael Zambada leyendo una declaración al lado de su abogado

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No obstante, algunos especialistas en el tema opinan que las organizaciones que trafican drogas dentro de Estados Unidos no son comparables con los carteles latinoamericanos.

“En EE.UU. no existen carteles como los de América Latina, sino múltiples pandillas de blancos, afroamericanos e hispanos. En México y otros países, los carteles operan como fuerzas paramilitares, algo que no se observa en Estados Unidos”, señala Mike Vigil, exjefe de Operaciones de la DEA, en diálogo con BBC Mundo.

Steven Dudley, codirector de Insight Crime, una organización dedicada a la investigación y análisis, afirma que hay “algunas semejanzas” en el “control coercitivo” sobre el mercado de drogas en EE.UU., pero que las bandas locales no ejercen control sobre gobiernos o cuerpos policiales como ocurre en Latinoamérica.

Según estos expertos, en esencia no se trata sólo de etiquetas (carteles o pandillas), sino de las diferencias en la manera en que Estados Unidos desarrolla su “guerra contra las drogas” dentro y fuera de sus fronteras.

El principal mercado de drogas

Durante varias décadas, el consumo de drogas en Estados Unidos ha ido en aumento, abarcando desde cocaína, heroína y marihuana hasta opioides y sustancias sintéticas como el fentanilo.

Las organizaciones criminales latinoamericanas se convirtieron en los principales proveedores de drogas desde mediados del siglo XX, cuando surgió la primera referencia a los denominados “carteles” de narcotráfico.

Se les identificaba con ese término porque encajaban en el concepto alemán de “kartell”, que describe la alianza entre comerciantes para eliminar competencia y controlar precios y distribución de un producto.

Con la declaración de guerra contra las drogas iniciada por el presidente Richard Nixon (1969-1974), los carteles colombianos y mexicanos comenzaron a ser los principales objetivos de la política antinarcóticos en Estados Unidos.

Un agente de la Patrulla Fronteriza carga paquetes de droga encontrada en el maletero de un automóvil

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Steven Dudley advierte que el término “cartel” es una “etiqueta inventada” por Estados Unidos para identificar a grandes grupos criminales transnacionales. “No tiene un respaldo académico y se usa de forma tan amplia que ha perdido su significado real”, sostiene.

Lejos de ser derrotados en la guerra declarada por Nixon, carteles como Medellín y Cali en Colombia o Guadalajara (más tarde conocido como del Pacífico o de Sinaloa), Juárez, Tijuana y Golfo en México, se transformaron desde los años 80 en poderosas organizaciones criminales que generaron miles de millones de dólares en el mercado de drogas más grande a nivel global.

“En su momento se creía que El Chapo era el principal capo mundial y del narcotráfico. La narrativa de la DEA sugería que capturarlo significaría el fin del narcotráfico en México”, señala Esquivel.

“Ya está detenido y sentenciado, pero nada ha cambiado”, agrega el periodista.

El consumo de drogas en EE.UU. no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado en las últimas décadas, y los carteles latinoamericanos, asiáticos y de otras regiones siguen siendo los proveedores principales.

Pandillas y carteles

En su estudio, Esquivel identifica varias pandillas y clubes de motociclistas como las organizaciones criminales encargadas de vender drogas en las calles de Estados Unidos, las cuales denomina “carteles gringos”.

Entre ellos, según el periodista, figuran Arizona Mexican Mafia, Barrio Azteca, Border Brothers, Hells Angels, Latin Kings, Los Bandidos, Los Carnales, Los Hermanos Pistoleros Latinos, Los Mongols, Los Negros, Mexican Mafia, Mexikanemi, MS-13 o Mara Salvatrucha, New Mexican Syndicate, New Mexico Syndicate, Partido Revolucionario Mexicano, Raza Unida, Sinaloa Cowboys, Sureños, Texas Chicano Brotherhood, West Texas Tangos y Wet Back Power.

Según Esquivel, estas pandillas, que cuentan con miles de integrantes, no mantienen exclusividad con carteles mexicanos o colombianos, sino que operan bajo el principio del “mejor postor” para obtener cargamentos de droga en la frontera.

Mike Vigil comenta que la mayoría de drogas cruza la frontera transportada por personas que ingresan legalmente al país. El intenso comercio con México imposibilita que las autoridades inspeccionen exhaustivamente todos los cargamentos.

Un miembro de la pandilla Mara Salvatrucha muestra un tatuaje del grupo en su espalda

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Estas organizaciones han estado presentes en todo Estados Unidos por décadas. La vastedad del territorio y la densidad poblacional de las grandes ciudades americanas hace que sus “territorios” estén mucho más fragmentados que las extensas áreas controladas por los carteles latinoamericanos.

El Departamento de Justicia señala a una decena de estas pandillas como “traficantes de drogas” y una “amenaza nacional seria”, aunque no las clasifica como carteles.

BBC Mundo solicitó comentarios al Departamento de Justicia y a la DEA, pero no recibió respuesta.

Esquivel indica que su estructura es distinta a la de los carteles latinoamericanos: poseen la membresía típica de pandillas o clubes de motociclistas, funcionan como células locales bajo un líder (a menudo llamado “presidente”), un sublíder (vicepresidente) y otros rangos menores. La mayoría son distribuidores y vendedores en las calles.

“Aunque puedan operar o pertenecer al mismo grupo, no reciben órdenes de un único presidente”, explica Esquivel, quien revisó miles de documentos de investigaciones y procesos judiciales de la DEA contra estos integrantes.

“Eso las vuelve más sofisticadas que las organizaciones mexicanas. Por ejemplo, los Hells Angels pueden tener hasta 20 líderes en un solo estado, pues no controlan territorios amplios como en México, sino calles o cuadras donde circula la droga en EE.UU.”, añade.

Varios miembros del club Hells Angeles en una calle de EE.UU.

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El periodista comenta que estas organizaciones no muestran “lealtad” hacia ningún cartel mexicano, colombiano u otro extranjero; en cambio, acuerdan la entrega de drogas a las fronteras, y desde ahí se encargan de la logística para transportar, distribuir y comercializar, además de repartir ganancias y pagar a los carteles a través del lavado de dinero en EE.UU. y mediante el traslado clandestino de efectivo por la frontera sur.

Para los carteles latinoamericanos esta modalidad de entrega en la frontera resulta rentable y segura, según Esquivel.

“A los carteles mexicanos les interesa cobrar el monto pactado en el tiempo acordado para que se distribuya la droga”.

“Para los carteles estadounidenses es más sencillo porque ellos fijan el precio a su conveniencia, sin depender de precios establecidos por organizaciones criminales foráneas”, añade.

Dudley también señala que hace años se produjo este cambio en la dinámica, donde los carteles latinoamericanos hacen entregas en la frontera de EE.UU. en lugar de controlar todo el proceso.

¿Quién es “El Chapo de EE.UU.”?

En la historia criminal estadounidense del siglo XX surgieron grandes capos como Al Capone, John Gotti o Frank Costello, quienes dirigieron sindicatos, apuestas, extorsiones y contrabando, pero no se especializaron principalmente en narcotráfico.

Desde entonces no apareció algún gran capo dedicado al narcotráfico, ¿por qué?

En gran medida, explican los expertos, porque a los líderes criminales no les conviene llamar la atención en un país con fuerte presencia policial y severas sanciones que fácilmente podrían dejar sin sus ganancias.

Los especialistas coinciden en que no hay un “El Chapo de EE.UU.”.

Pero Esquivel señala en su obra que esto no implica ausencia de cabecillas ni de alto volumen de tráfico de drogas: “El FBI nos proporcionó un informe que indica que en EE.UU. existen unas 33,000 pandillas violentas con aproximadamente 1.4 millones de integrantes”.

Joaquín "El Chapo" Guzmán es custodiado por miembros de la Marina de México tras su captura de 2014

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Contrario a lo que se piensa, asegura Esquivel, “la mayoría de ellos son hombres blancos”.

“Incluso existe racismo en la manera en que se denomina el narcotráfico en Estados Unidos”, señala.

El investigador advierte que en las noticias sobre detenciones y acusaciones que difunden el Departamento de Justicia y la DEA, los sospechosos latinos son asociados con carteles de América Latina, pero no se etiqueta igual a los de origen anglosajón.

“Si se revisaran los expedientes judiciales de los arrestados y condenados, se descubriría para quién trabajan realmente esas personas, y allí se podría desentrañar redes de gran tamaño”, sostiene Esquivel.

¿Por qué no son “carteles”?

Para el exagente de la DEA Mike Vigil, las pandillas y clubes de motociclistas estadounidenses no califican como carteles ya que carecen del poder paramilitar y no ejercen violencia ni control territorial como los grupos en México, Colombia u otros países.

“Se denomina cartel (a los latinoamericanos) porque cuentan con una gran infraestructura. El cartel de Sinaloa y otros emplean ametralladoras calibre .50 montadas en camiones, como vehículos militares. Operan en seis de los siete continentes”, explica.

“Los integrantes del Cartel Jalisco Nueva Generación visten como militares, usan chalecos antibalas, camuflaje, cascos de guerra, y circulan en camiones blindados rudimentariamente, como tanques”, subraya el experto.

Militares custodian un vehículo blindado artesanalmente por miembros de un grupo delictivo en México

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De forma similar, Steven Dudley de Insight Crime comenta que las pandillas estadounidenses carecen de capacidad trasnacional y no tienen el poder para corromper autoridades como sus contrapartes latinoamericanas: “Sus lazos con las fuerzas de seguridad o las élites políticas y económicas son mínimos. Su capacidad para perturbar el orden democrático local es muy limitada y no desafían el monopolio estatal del poder”.

“La diferencia principal con los grupos mexicanos radica en el tamaño y la escala de sus ganancias respecto a la economía local, así como en su capacidad para desafiar al Estado”, señala Dudley.

No obstante, considera que “ambos grupos [estadounidenses y extranjeros] ejercen un control coercitivo sobre los mercados minoristas”.

“Ambos son actores dominantes en numerosos mercados importantes”.

Los especialistas coinciden en que la lucha antidrogas en Estados Unidos es intensa, lo que mantiene al país con la tasa más alta de población carcelaria en el mundo desarrollado (550 presos por cada 100,000 habitantes).

Para Esquivel, es claro que los carteles mexicanos y de otros países ejercen un tipo de violencia y poder distinto al de las redes traficantes dentro de EE.UU., aunque en este último existen amplias redes de tráfico y venta de drogas.

Agentes custodian la escena de un crimen en Chicago

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En su informe, el periodista recuerda que en mayo de 2016 el exjefe interino de la DEA, Jack Riley, reconoció la existencia de carteles estadounidenses al presentar ante el Congreso la “Iniciativa de Carteles Domésticos” (Domestic Cartels Initiative, ICD).

El objetivo de la ICD era concentrar recursos en la lucha contra organizaciones de narcotráfico dentro de EE.UU., aunque el programa fue suspendido poco después.

Esquivel opina que a funcionarios de la DEA y otras agencias no se les permite nombrar a estas agrupaciones como “carteles estadounidenses”.

“No es que no actúen contra ellos, sino que hablar de ‘carteles propios’ reduciría el efecto imperialista de imponer reglas internacionales en el combate al narcotráfico”, explica.

“Se nota el juego narrativo, un doble discurso gubernamental… Si el presidente dijera ‘nuestros carteles’, eso daría munición a otros países para decir ‘Si tú admites que tienes carteles, ¿con qué derecho me acusas a mí?’”.

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