Sonia Lucena, psiconutricionista, señala que los trastornos de la conducta alimentaria están vinculados a problemas en la microbiota

La experta conversó con ‘Infobae España’ acerca del estrecho nexo que vincula una relación saludable con la alimentación y una microbiota equilibrada. Además, describe su método para realizar un tratamiento psiconutricional

La relación entre la salud

El vínculo entre la microbiota intestinal y la salud mental es un área que la ciencia explora cada vez más, así como profesionales que atienden a diario a pacientes con trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Sonia Lucena, psiconutricionista, promueve un enfoque integral donde cuerpo y mente se traten conjuntamente. En diálogo con Infobae España, Lucena aclaró que una microbiota deteriorada no solo impacta la salud física, sino que puede ser un factor clave en trastornos como ansiedad, depresión o bulimia.

De acuerdo con su experiencia, el primer paso para cuidar este “segundo cerebro” consiste en evaluar la alimentación. Recomienda optar por alimentos básicos y naturales: “Cuanto menos procesados, mejor. Cuanto más directamente de la tierra, del ave o del pescado, mucho más beneficioso”. Asimismo, recalca la importancia de eliminar productos que perjudican directamente las bacterias intestinales beneficiosas: “Evitaría azúcares refinados, harinas refinadas y alimentos ultraprocesados”.

La relación entre la microbiota y un TCA

Visualización microscópica de bacterias en

No obstante, la relevancia de la microbiota trasciende lo nutricional. Lucena señala que “el 90% de la serotonina se produce en el intestino, al igual que el cincuenta por ciento de la dopamina”, neurotransmisores fundamentales para el bienestar emocional. Esto indica que una microbiota deteriorada puede desencadenar o agravar dificultades emocionales. Según sus palabras: “Si la microbiota está dañada y no aporta suficiente serotonina, se desencadena un problema emocional grave”.

Esta conexión justifica por qué muchos pacientes con trastornos alimentarios registran desequilibrios intestinales. Para Lucena, la relación es directa: “Una persona con trastorno de la conducta alimentaria presenta un problema de microbiota, ya que está infraalimentada”. Tras años de práctica clínica, asegura que la recuperación del microbioma puede producirse antes de lo esperado: “En tres semanas es posible observar una mejoría considerable en el estado de la microbiota”.

Cómo se aborda un tratamiento psiconutricional

Nutrición

Uno de los elementos centrales de su método es el tratamiento psiconutricional, que combina terapia emocional y reeducación alimentaria de manera simultánea. Lucena defiende que la mente y el cuerpo no pueden tratarse por separado en estos casos: “Lo habitual es que alguien con ansiedad acuda al psicólogo y quien tenga problemas intestinales, al digestólogo… Sin embargo, esta fragmentación no resulta efectiva porque no se aborda el problema de forma conjunta”. Ella promueve una intervención integral que atiende tanto el origen emocional del trastorno como la restauración nutricional, que romperá el ciclo de atracones, hambre física y sentimiento de culpa.

Según la psiconutricionista, muchos mitos populares alrededor de la alimentación dificultan la terapia. Uno de ellos es la creencia equivocada de que comer menos genera adelgazamiento: “Muchos piensan que dejar de comer adelgaza… Existe la idea errónea de que pesar menos significa estar más delgado, lo cual no es cierto”. También critica la popularidad de productos milagro y dietas rápidas: “Son muy comerciales, generan grandes ingresos y eximen del esfuerzo necesario”, comentó en relación a métodos como Ozempic o suplementos para bajar de peso.

A pesar de la complejidad de los TCA, Lucena mantiene una visión optimista: “Hay esperanza y con un buen trabajo se logran resultados”. Su mensaje final es contundente: la recuperación comienza comprendiendo que el intestino y la mente funcionan de manera interconectada.

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