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"El cambio climático es únicamente una consecuencia, no el verdadero problema", señala Mathis Wackernagel a BBC Mundo.
El ingeniero suizo es reconocido por haber desarrollado en los años 90, junto al canadiense William Rees, el concepto de huella ecológica. Ha recibido múltiples premios internacionales por diseñar una métrica que evalúa el impacto humano sobre el planeta.
"El problema real es que utilizamos recursos mucho más allá de lo que soporta la capacidad del planeta", destaca el director de Global Footprint Network, una red global de especialistas que elaboran y promueven herramientas para la sustentabilidad.
Para Wackernagel, la mayoría de los problemas ambientales —desde la acumulación de gases de efecto invernadero hasta la deforestación y la reducción de biodiversidad— tienen una causa común: la explotación excesiva de la naturaleza.
"El recurso más valioso no son las tierras raras, sino la capacidad regenerativa del ecosistema, que es la base de la producción de alimentos, madera y fibras", afirma, y añade: "Sin naturaleza, nada funciona correctamente".
Las actividades humanas están cada vez más limitando la habilidad del planeta para renovarse.
No obstante, existe la posibilidad de adoptar un camino más sostenible. Según Wackernagel, Uruguay ofrece enseñanzas importantes para el resto del mundo.

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El Día del Sobregiro de la Tierra
Wackernagel introduce dos conceptos clave: huella ecológica y biocapacidad.
La huella ecológica mide cuánto se extrae de la naturaleza. Representa la superficie terrestre y acuática necesaria para generar todos los recursos que consumimos.
"Cada naranja que consumes requiere un área que la produce cada año", aclara.
Mientras tanto, la biocapacidad es la habilidad de los ecosistemas para reponer lo que demandan las personas y absorber sus residuos.
A partir de estas nociones, Wackernagel calcula anualmente el Día del Sobregiro de la Tierra: el momento en que el consumo global supera la capacidad regenerativa anual del planeta.
Es decir, el instante en que el planeta entra en déficit ecológico.
Este año, el Día del Sobregiro se produjo el 24 de julio: "Desde el 1 de enero hasta esa fecha, hemos consumido la misma cantidad que la Tierra puede recuperar en todo un año", explica.
"El 25 de julio no significa el fin del mundo, pero marca el inicio de usar de manera excesiva los recursos naturales, generando una deuda ecológica para las futuras generaciones, con más CO2 en la atmósfera, menos bosques, tierra más degradada y menor disponibilidad de agua en los acuíferos".
Actualmente, Wackernagel estima que la humanidad usa los recursos naturales 1,8 veces más rápido que la capacidad de regeneración del planeta.
Esto implica que consumimos recursos equivalentes a 1,8 planetas Tierra para sostener nuestro modo de vida.

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La vía de la sustentabilidad
En los últimos veinte años, el Día del Sobregiro se ha adelantado tres meses.
Sin embargo, esta tendencia no puede continuar indefinidamente.
"Físicamente, no es posible consumir cada vez más. Puedes vivir a crédito financiero hasta que los fondos se agotan y llega la bancarrota. Lo mismo ocurre con la naturaleza: el sobreconsumo llegará a su fin, sin dudas", señala Wackernagel.
"La incertidumbre está en cómo se agotará: si será por una transición hacia la sostenibilidad, o porque la naturaleza limite nuestras opciones al quedar sin recursos".
Para ilustrar posibles caminos hacia la sostenibilidad, Wackernagel calcula los Días del Sobregiro por País, es decir, cuándo la Tierra entraría en déficit si toda la población mundial consumiera como la de un país concreto.
Es importante aclarar que esto difiere del día en que cada país alcanza su propio déficit, es decir, cuando demanda más de lo que los ecosistemas en su territorio pueden regenerar en un año; dato también disponible en el portal de Global Footprint Network.
Los Días del Sobregiro por País, que Wackernagel calcula utilizando alrededor de 15.000 datos estadísticos de la ONU, permiten comparar las prácticas de diferentes países.
Por ejemplo, si toda la humanidad consumiera como Qatar, el 6 de febrero se agotarían los recursos anuales del planeta. Este país árabe encabeza la lista nacional para 2025.
En contraste, Uruguay es la nación con el patrón de consumo más sustentable entre más de 80 países evaluados. Si todos vivieran como los uruguayos, el Día del Sobregiro sería el 17 de diciembre.
Wackernagel aclara que no se incluyen países con datos insuficientes o aquellos cuyo nivel de consumo es tan bajo que no generan déficit ecológico, como Bangladesh.
Reconoce también que Uruguay todavía no ha descarbonizado algunos sectores económicos, como el transporte, muy dependientes de combustibles fósiles.
De todas maneras, sostiene: "Si toda la población mundial adoptara el estilo de vida de Uruguay, el planeta entraría mucho más tarde en déficit ecológico".
Para él, "un aspecto en que Uruguay sobresale, y lo ha hecho excelentemente, es la transformación de su matriz energética hacia fuentes renovables".
El país modificó radicalmente su sistema eléctrico, pasando de depender un 50% en 2008 de combustibles fósiles, a generar actualmente un 99,1% de energía renovable.
¿Cómo se logró este cambio?

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Las 3 claves de Uruguay
En 2008 Uruguay atravesaba una "tormenta perfecta" que incentivó la búsqueda de nuevas fórmulas para la generación de electricidad.
"Fue la confluencia de varios factores", explica a BBC Mundo Ramón Méndez Galain, físico de partículas y director nacional de energía en Uruguay entre 2008 y 2015, considerado el artífice principal de esta transformación energética.
Este año, Méndez Galain recibió el prestigioso premio Climate Breakthrough por demostrar que "los países pequeños pueden liderar la acción climática global al tiempo que fortalecen sus economías y mejoran la calidad de vida de su población".
En 2008, Uruguay, sin reservas de combustibles fósiles, enfrentaba una crisis de suministro energético.
"Habíamos utilizado ya nuestros ríos principales para instalar hidroeléctricas", recuerda Méndez Galain.
"Además, Uruguay depende mucho del fenómeno de El Niño. Por ello, la única fuente renovable disponible, la hidroeléctrica, variaba considerablemente año tras año, provocando serios problemas y un aumento constante en la necesidad de importar combustibles".

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Méndez Galain detalla que la renovación de la matriz eléctrica se sustentó en tres pilares fundamentales.
El primero fue lograr en 2010 un consenso multipartidario para la transición hacia fuentes renovables y locales de energía.
"Llegar a un acuerdo entre todos los partidos políticos sobre la dirección a seguir durante los siguientes 25 años fue clave para el proceso", comenta.
"Cinco gobiernos consecutivos han mantenido esta política".
El segundo pilar fue establecer una gobernanza con liderazgo estatal fuerte y colaboración público-privada.
"Uruguay cuenta con UTE, la empresa estatal distribuidora de electricidad, aunque la mayoría de las inversiones provinieron del sector privado. Fueron cerca de US$6.000 millones, equivalentes al 12% del PIB de Uruguay entonces, un monto considerable para una economía pequeña", comenta.
Los inversores privados apostaron por parques eólicos, pero bajo normas definidas por el Estado.
Las firmas privadas vendieron la energía a UTE, que se comprometió a comprar toda la electricidad generada durante 20 años.
El tercer elemento fue desarrollar un ecosistema adecuado para la integración de las energías renovables.
"Los sistemas energéticos en el mundo suelen estar sesgados para favorecer las energías fósiles", señala, lo que limita la competitividad de las renovables.
"Por ello, hicimos una revisión profunda del marco regulatorio y rediseñamos el mercado para ajustarlo a las particularidades de las fuentes renovables".
Crear ese ecosistema transformador implica modificar regulaciones, roles institucionales, generar capacidades nuevas, carreras universitarias, líneas de investigación y obtener datos e indicadores nuevos, expone Méndez Galain.
"Todo ello conforma un ecosistema con múltiples enfoques que permite desarrollar un sistema energético diferente".
Actualmente, la electricidad proviene de una combinación de energía hidroeléctrica (cerca del 45%), eólica (aproximadamente un tercio), biomasa y solar. El resto se genera mediante centrales térmicas que usan combustibles fósiles, cuyo uso aumenta en periodos climáticos adversos, como sequías.

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La transición brindó múltiples ventajas, señala Méndez Galain.
"Los costos de generación se redujeron a la mitad, pasando de alrededor de US$1.100 millones anuales a 600 millones. Además, las tarifas para los usuarios bajaron un 20%".
"No se trasladó todo a las tarifas porque UTE, la empresa pública, también aporta ingresos al Estado para financiar políticas públicas en educación, salud, desarrollo, entre otras áreas".
La transformación energética generó 50.000 empleos y convirtió a Uruguay en exportador eléctrico.
"UTE es actualmente el mayor exportador de bienes y productos del país, generando hasta US$450 millones en divisas por excedentes energéticos".
La nueva matriz también estabilizó las tarifas y logró independencia ante shocks geopolíticos como la guerra en Ucrania.
Tras este éxito, Méndez Galain fundó Ivy, organización que apoya transiciones climáticas y energéticas en América Latina y el Caribe.
A su juicio, el modelo uruguayo "puede replicarse en cualquier país, sin importar sus particularidades".
"Una estafa piramidal"
El caso de Uruguay resulta especialmente relevante en el contexto actual, señala Wackernagel.
"Vivimos en un mundo donde el factor limitante son los recursos físicos, y la base de todos ellos es la biocapacidad".
Incluso la energía fósil está limitada no solo por la cantidad en los yacimientos, sino por la capacidad de la biosfera para absorber los gases de efecto invernadero.
"Podríamos absorber más CO2 con la reforestación, pero a costa de reducir la superficie para la producción de alimentos. Es una competencia directa por territorio productivo", explica el especialista.
En este nuevo escenario, "América del Sur es un continente rico", afirma, dada la abundancia de recursos ecológicos en proporción a su población, si se compara con el mundo.
Sin embargo, el valor de la biocapacidad no está adecuadamente reflejado por una "gran falla de mercado": "La cuestión es cuánto tendrían que subir los precios de los recursos para que la demanda se ajuste a un nivel sostenible para el planeta".

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Para Wackernagel, el futuro nunca ha sido tan claro: "Está claro que enfrentaremos cambio climático y una creciente escasez de recursos".
Sin embargo, la humanidad continúa con "una estafa piramidal con los recursos planetarios", consumiendo hoy a costa del futuro.
"La economía funciona como una locomotora que necesita alimentos —es decir, recursos— y cada vez recurrimos más a los recursos futuros para mantener el motor del presente".
El experto sostiene que las soluciones a retos como el cambio climático o la explotación excesiva de la naturaleza no deben esperarse exclusivamente de acuerdos globales, sino también de iniciativas locales como la de Uruguay.
"No enfrentamos un problema común, sino un contexto común, y depende de cada país cómo se prepare para el futuro", concluye Wackernagel.
"El futuro será regenerativo o no será".
Gráficos por Carlos Serrano, del equipo de Periodismo visual de BBC Mundo.

