Estas estelas de condensación generan efectos peligrosos vinculados con el calentamiento global
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Las líneas blancas que frecuentemente surcan el cielo tras el paso de un avión se han vuelto un elemento habitual en la vida diaria. Algunas personas las denominan chemtrails y las vinculan con una reducción progresiva de las precipitaciones en ciertas regiones.
En España, este tema ha ganado relevancia entre quienes creen en diversas teorías conspirativas, ya que figuras deportivas como el futbolista Marcos Llorente han expresado sus dudas y especulaciones sobre este fenómeno. Algunas hipótesis llegan a señalar posibles fumigaciones con agentes esterilizantes o sustancias tóxicas.
No obstante, estas estelas no son más que estelas de condensación, un fenómeno explicado por la física. Aunque no sean inofensivas. Un estudio reciente señala que estas estelas son uno de los factores principales que impulsan el calentamiento global, y si no se interviene, la situación puede agravarse.
Pueden provocar el cambio climático
La investigación mencionada fue realizada por científicos de la Universidad de Gotemburgo y la Universidad Tecnológica de Chalmers, enfocándose en evaluar la influencia de la aviación en el cambio climático. Identificaron dos contribuciones: una, la más esperada, es que el dióxido de carbono actúa como un gas efecto invernadero; la otra, el vapor de agua, da origen a lo que erróneamente se llama chemtrails.

Previo a este estudio, ya se conocía la relación entre las estelas de condensación y el cambio climático. Sin embargo, no se había cuantificado con precisión su impacto hasta ahora. Actualmente, se reconoce que constituyen un factor significativo en el calentamiento global, por lo que los investigadores recomiendan implementar medidas al respecto.
De qué manera contribuyen
Un estudio publicado en 2020 en la revista Atmospheric Environment atribuía a la aviación aproximadamente el 3,5% de las emisiones relacionadas con el cambio climático. El principal gas emitido es el dióxido de carbono, representando el 70% de las emisiones de los aviones, un porcentaje semejante al de los automóviles, aunque liberado en una capa de la atmósfera más próxima a la estratosfera.
El restante 30% corresponde a hollín, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y vapor de agua. Este último es responsable de la formación de estelas: al entrar en contacto con el aire frío, el vapor liberado por el motor se condensa rápidamente sobre partículas de hollín, generando pequeñas cristales de hielo, idénticos a los que forman las nubes. Estas nubes impiden que el calor se escape como debería, ejerciendo un efecto similar al de los gases de efecto invernadero, según explicó la física Mar Gómez a Maldita.
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Gracias al amplio volumen de datos de vuelos y condiciones meteorológicas recopilados sobre el Atlántico Norte, los investigadores han calculado el impacto climático y social de cada fuente de emisión. Por tanto, el efecto de las estelas de condensación no debe considerarse menor, ya que, sin basarse en teorías, tienen un impacto negativo que exige la búsqueda de soluciones.
Como posible solución, los autores sugieren modificar las rutas de los aviones, dado que cuanto menor es la humedad ambiental, menores son las probabilidades de que se formen estelas de condensación. Otra propuesta es volar a altitudes inferiores si las temperaturas no son muy bajas, aunque los expertos advierten que esta práctica incrementaría las emisiones de CO₂. Actualmente, la prioridad consiste en encontrar medidas efectivas para resolver esta problemática.
