Experiencias cotidianas y efectos del sobrepeso en la vida con obesidad

El éxito de una obra teatral demuestra que, aunque muchos se consideren ‘body positive’, las personas con obesidad continúan enfrentando discriminación laboral y en sus relaciones personales

Foto: Las actrices Teresa López y Paloma García-Consuegra como protagonistas de la obra de teatro 'Gordas'. (Teatros Luchana) EC EXCLUSIVO

«La piel se nos descama en pedazos y algunas tenemos tanto relieve en los muslos que parecen la cordillera Cantábrica«, exclaman dos actrices en el cierre de la obra de teatro Gordas. “Otras debemos usar el extensor para abrochar el cinturón al volar, porque como siempre, vosotros os encargáis de recordarnos que no encajamos. ¡Observen! Este es un cuerpo real lleno de cicatrices externas, pero las internas duelen más, porque dentro está oscuro y no circula el aire.”

Con casi ninguna escenografía y mostrando parte de sus cuerpos, Teresa López y Paloma García-Consuegra han presentado en numerosas ciudades de España esta obra escrita y dirigida por Carlos Mesa. Abordan y analizan los obstáculos que enfrentan las personas con obesidad, enfocándose en el impacto psicológico derivado del estigma social asociado a esta condición. Rechazan los matches que hallan en Tinder, lamentan la escasez de relaciones sexuales y destacan lo complicado que es conseguir empleo siendo “gordas”. Narran con humor cómo viven o podrían vivir millones de españoles, ya que el 62,2% de los hombres y el 48% de las mujeres sufren sobrepeso u obesidad en España, según cifras de 2023 del Ministerio de Sanidad.

Quizás debido a la gran cantidad de españoles con problemas de peso, la obra ya está en su sexta temporada (dos en Barcelona y cuatro en Madrid), sumando más de 150.000 espectadores. El caluroso aplauso del público concluye tras un monólogo final: “Los cuerpos perfectos no existen, porque vuestra perfección es inexistente y muchas personas se enferman intentando alcanzarla. Yo abandono ese ideal, no me interesa vuestra perfección porque me acepto tal como soy, con todas mis partes. Somos altas, bajas, gordas, delgadas… Tenemos arrugas, granos y párpados caídos. Una teta mira hacia Cuenca y la otra hacia Badajoz. Se nos marca la vulva en los pantalones y jamás hallamos la talla adecuada, pues no estamos hechas para tallas; somos demasiado singulares para que una talla nos defina. Gordas, eso somos. No pienso luchar más contra mí misma. Si queremos comernos este dónut, mira lo que hacemos.”

La obesidad podría considerarse un tema superado por la escasez de discusión pública, pero permanece como un tabú para muchos. Solo reaparece ocasionalmente en debates públicos a través de obras teatrales cargadas de humor como esta, o películas como Gordos (2009). Ni siquiera quienes más sufren obesidad encuentran fácil hablar del tema y prefieren evitar declaraciones a los medios, señala Federico Moya, presidente de la Asociación Nacional de Personas que viven con Obesidad (ANPO). “El problema comienza cuando nos llaman ‘obesos’, porque a un enfermo de cáncer no se le dice ‘canceroso’, ni a alguien con diabetes ‘diabético’. Ese lenguaje contribuye a culpar al paciente por su condición. En una ocasión, un medio me pidió opinar sobre un paciente con obesidad que no podía ser sacado de su casa por los bomberos. Esas noticias nos dañan y forman parte de la retórica que denunciamos.”

Qué es y cómo afecta el estigma

Las dificultades de quienes padecen obesidad no siempre dependen de la alimentación o la actividad física practicada. “Todo parte de una percepción errónea, porque existe la creencia social de que la persona con obesidad es responsable de ello”, explica Santos Solán, psicólogo especializado en estos pacientes. “Se asigna una responsabilidad exclusiva al individuo por su salud, cuando en realidad la obesidad tiene múltiples causas, como la genética, factores ambientales, el estado psicológico o el sistema endocrino. Alguien que coma poco y haga ejercicio puede padecer obesidad por otras razones”.

Laura*, una madrileña de 34 años con obesidad grado 2 durante 12 años, por ejemplo, comenzó a aumentar de peso tras la pérdida de un familiar y desarrollar una depresión combinada con ansiedad excesiva por la comida. Ha conseguido bajar peso por breves períodos, pero nunca ha estado cerca de alcanzar su rango ideal.

“Tengo una amiga con obesidad, como yo, que ahora está demasiado delgada por las inyecciones que ayudan a bajar peso rápidamente”, comenta la joven de Entrevías. No recuerdo haber sufrido discriminación en mi trabajo o relaciones personales por mi peso. Mi problema es de salud, pues recientemente sufrí un infarto silencioso y mi presión arterial sigue elevada. Mi amiga, en cambio, ha atravesado una situación muy difícil y ahora vomita casi todo lo que come, además de usar esas inyecciones constantemente. Eso es lo que provoca el sufrimiento de ser gordo”.

Solán puntualiza que no existe evidencia científica que avale estereotipos comunes asociados a personas con obesidad: “No son más perezosas, ni menos disciplinadas o cuidadosas con su higiene que quienes tienen un cuerpo normativo. Sin embargo, estos prejuicios están tan arraigados que muchos pacientes los interiorizan. Por eso frecuentemente se autodevalúan, pierden fuerza de voluntad y se maltratan. Esto crea barreras que dificultan la pérdida de peso, como la depresión, el estrés y la ansiedad, que a su vez causan baja autoestima, aislamiento social y más consumo de alcohol y otras sustancias”.

En resumen, estas personas lidian con dos “enfermedades”: la obesidad y la percepción social de esta. Además de las consecuencias psicológicas y físicas que provoca, la sociedad ha normalizado tratarlas peor por su apariencia física, lamenta Solán. “Esto sucede únicamente con humanos. En un estudio con ratas, por ejemplo, las obesas no son discriminadas por su entorno. Si alguien con cuerpo normativo se disfrazara de obeso y convenciera, notaría cómo lo tratan diferente. Sería maltratado incluso en centros sanitarios y tendría menos posibilidades laborales”.

Solán opina que todos ejercemos cierto nivel de gordofobia, ya que son patrones adquiridos desde la infancia a través de personajes de cine y televisión. “El gordo en cualquier ficción es el cómico o el villano, y raramente vemos un protagonista con cuerpo grande. Petancas, una de las hormigas de El Hormiguero, siempre hace bromas sobre cuánto come y lo vaga que es”.

Cuidado con lo que ves

Un informe reciente del Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA) revela que los personajes con “corporalidades no hegemónicas” representan apenas un 9% de más de 1.700 personajes analizados en un centenar de películas y cerca de 80 series españolas. “Preocupan los estereotipos sobre diversidad corporal en los audiovisuales: los hombres gordos se definen por su afición a la comida, y las mujeres, por su relación con su cuerpo. Además, filmes como La virgen roja o series como Las abogadas han eliminado la gordura de figuras históricas, un adelgazamiento de referentes que perpetúa imaginarios gordófobos”, indica el estudio.

Este fenómeno resaltado por la ODA refuerza la pérdida de popularidad del body positive como tendencia en los cuerpos más mediáticos. La llegada de fármacos como Ozempic, que permiten adelgazamientos antes imposibles en meses o años, también ha hecho que muchos famosos opten nuevamente por cuerpos estilizados y socialmente aceptados.

«Lo peor es que al tratarse de una enfermedad crónica, el cuerpo se opone a adelgazar»

Sobre los miles de videos viralizados en redes con cambios físicos de personas, Solán aclara que muchos tienden a idealizar la situación. Los considera “mala publicidad” para el problema de obesidad porque enfatizan la pérdida de peso, aunque muchas personas continúen con cuerpos que no cumplen el ideal estético. “Lo peor es que, al ser una enfermedad crónica y recurrente, el cuerpo se resiste a ese cambio y cualquier progreso puede revertirse fácilmente”.

Así le pasó a César Julio Arencibia, un joven que habló con este diario desde El Médano, en Tenerife. Allí enfrenta diariamente el sedentarismo causado por el teletrabajo mientras padece obesidad grado 1. Hipertenso desde los 18 años, conoce lo que implica recuperar su peso ideal y gozarlo a mejor calidad de vida, pero no ha logrado mantener esos avances a largo plazo. Hace casi una década, cuando intentó adelgazar por primera vez, sufrió gastritis crónica por la dieta demasiado estricta que siguió.

“Hace cuatro años alcancé un buen peso, pero me lesioné una rodilla haciendo deporte, pasé meses en cama en diferentes períodos y volví a engordar”, detalla el ingeniero informático de 29 años. “Es un ciclo: si pudiera moverme más con la rodilla, bajaría de peso, pero para ejercitarla necesito poder moverme mejor. Aquí intento hacer senderismo regularmente y antes caminaba mucho en Madrid. Debería pesar 85 kilogramos y estoy en 117. Lo más importante es aceptar que se tiene un problema y hacer todo lo posible para superarlo, incluido perdonarse por la culpa que uno piensa tener. En relaciones personales, la obesidad nunca me impidió encontrar pareja, aunque de adolescente era más tímido y me costaba acercarme a las chicas”.

Discriminación por parte de compañeros de trabajo y parejas

Solán ha atendido pacientes adolescentes varones que, al “no querer relacionarse con otros gordos”, evitan salir con chicas con sobrepeso u obesidad. “Muchas pacientes son objeto de fetichismo debido a la creencia de que pertenecen a una clase emocional inferior. Esto conduce a que estas mujeres estén predispuestas a tener pareja o relaciones sexuales, o simplemente normalicen el maltrato al aceptar cierta inferioridad moral. Finalmente, sienten rechazo social porque su valor depende de su cuerpo. Todo esto puede derivar en relaciones tóxicas de pareja”.

Una escena de la obra Gordas ilustra la experiencia de mujeres con sobrepeso u obesidad intentando ligar en discotecas o por aplicaciones de citas. En la primera, buscan captar la atención de hombres que pudieran satisfacer su deseo sexual, y en la segunda, reciben propuestas degradantes. Los diálogos transmiten la sensación de pedir intimidad como un favor.

La obesidad provoca muchas dificultades para encontrar pareja o tener una vida sexual activa, explica Jorge Medrano desde Castelldefels, quien a sus 64 años presume haber perdido 50 kilogramos tras una cirugía bariátrica. “En amistades, ahora es menos complicado, pero cuando era joven y apenas podía hacer ejercicio por el cansancio, quedaba excluido de actividades deportivas con amigos. Además, tener que usar pantalones cortos o bañador en la playa con obesidad es casi imposible sin sentir vergüenza o incomodidad al compartir con otros. En el trabajo, dependiendo del cargo, serás visto como un extraño, porque nadie quiere a una persona corpulenta en la recepción de un hotel, por ejemplo”.

El 54% de los adultos con obesidad sufren algún tipo de estigmatización en el ámbito laboral

La cirugía bariátrica suele ser vista como el último recurso, señala Medrano. “La mayoría que la solicita tiene entre 30 y 50 años o más, y ya ha intentado bajar peso sin éxito duradero”, detalla Fátima Sabench, presidenta de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad y de las Enfermedades Metabólicas. “Sienten con fuerza las consecuencias emocionales y físicas de la obesidad. Predominan las mujeres, que representan dos tercios aproximadamente de quienes buscan esta intervención, no necesariamente porque sean quienes más la necesitan, sino porque suelen ser las que toman la iniciativa para buscar ayuda profesional. La obesidad en España ya no se limita a colectivos con bajos niveles educativos o económicos, sino que afecta a diferentes estratos sociales, incluyendo personas con estudios medios o altos y recursos”.

Amaya Prado, psicóloga educativa con amplia experiencia en atención a personas con sobrepeso u obesidad, indica que los espacios digitales toleran más ciertos actos de gordofobia. “No es que quienes padecen obesidad tengan formas especiales para ligar, sino que a menudo desarrollan estrategias adaptativas usando humor o carisma para relacionarse. No es el peso lo que reduce la vida sexual de estas personas, sino la discriminación y el estigma asociados a sus cuerpos. Es cierto que la obesidad puede afectar la actividad sexual debido a cansancio o limitaciones en ciertas posturas, pero en general pueden mantener relaciones sexuales como cualquier otra persona”.

La experta aclara que, según la evidencia, la obesidad no obliga a trabajar menos ni deteriora directamente la capacidad laboral, aunque la obesidad severa puede acarrear dolencias y limitaciones físicas. Sin embargo, el entorno de estas personas limita las oportunidades laborales. “Dado que a menudo se cuestiona su rendimiento, las personas con obesidad suelen ocupar puestos de menor responsabilidad en ciertos sectores. Otro problema es la mala ergonomía, con espacios no adaptados, sillas pequeñas o equipos incómodos que dificultan su trabajo. La influencia del entorno es tan fuerte que la mayoría de bajas laborales en obesos no se deben a causas físicas, sino a motivos psicológicos.”

La Organización Mundial de la Salud indica que el 54% de los adultos con obesidad sufren algún tipo de estigma laboral. Reciben trato desigual, peores condiciones de contratación, menos promociones y salarios inferiores, añade Solán. “También sufren más acoso escolar y comentarios ofensivos de profesores o entrenadores. En la familia, frecuentemente enfrentan comparaciones con miembros sin sobrepeso y burlas por su alimentación”.

*Nombre cambiado para proteger la identidad de la persona.

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