Juan Carlos I admite en una entrevista para la televisión francesa que cometió «errores» a lo largo de su reinado, pero manifiesta que no siente arrepentimiento y aguarda el perdón del pueblo español.
El rey emérito señala que sus asuntos financieros y relaciones sentimentales han motivado críticas, aunque afirma que «todo está arreglado» y se encuentra en paz con su pasado.
En el transcurso de la entrevista, rememora los episodios más relevantes de su vida y subraya su contribución en la Transición española, destacando la significación de la Constitución y expresando gratitud hacia figuras clave como Adolfo Suárez y el cardenal Tarancón.
Juan Carlos I aporta detalles personales sobre su vínculo con la familia, la formación recibida bajo la influencia de Franco y sus relaciones con personajes como Augusto Pinochet, enfatizando el papel estabilizador de la monarquía para la democracia española.
El rey Juan Carlos I ha admitido este miércoles haber cometido «errores», aunque no se arrepiente de su pasado ni alberga remordimientos o procura «no tenerlos»: «He servido a España, a los españoles, y en ocasiones descuidé un poco a la familia. Confío en que me perdonen y que el pueblo español entienda mis acciones«. No obstante, agregó que, si pudiera retroceder, sería más cauteloso con sus decisiones.
Así lo manifestó en una entrevista con el canal francés France 3 durante la gira para promocionar sus memorias, tituladas Reconciliación, que la editorial Planeta publicará en español la próxima semana. «Todos los hombres cometen errores, y es algo que pasa a cualquiera», confesó.
El Emérito repasó en la entrevista para la televisión pública francesa los hitos más cruciales de sus 39 años de reinado (1975-2014). Al ser consultado sobre las polémicas financieras o fiscales y sus relaciones sentimentales, el monarca respondió: «Estoy habituado a todo tipo de críticas. Cada persona tiene derecho a su opinión, pero todo está saldado, todo ha concluido. Me siento en calma».
«Le atribuyen ser demasiado sensible o complaciente», comenta el entrevistador, el periodista franco-luxemburgués Stéphane Bern, experto en Historia, realeza y patrimonio, y conductor del programa Secretos de la Historia en France 3. «Así es», acepta Juan Carlos I.
Cuando se le preguntó si considera que los españoles enfrentaron peor los obsequios económicos que recibió o sus aventuras amorosas, el Emérito respondió que «pienso que en España el dinero tiene mayor relevancia, pero en ambos casos la percepción fue negativa».
Bern le remarca que en su libro afirma que «no es un santo» y le recuerda que «un rey permanece bajo constante vigilancia y siempre debe ser un ejemplo». «Recuerdo —dice Juan Carlos I— una frase que mi padre me decía de niño: ‘Juanito, hasta en el baño te están observando’. De adulto, comprendí su significado».
«¿Pero a veces lo olvidó?», insiste Bern, a lo que Juan Carlos I responde afirmativamente. «¿Se arrepiente de algo?», indaga el entrevistador. Su respuesta es sucinta: «No». «¿Y tiene remordimientos?», continúa el periodista. El rey emérito replica: «No, procuro no tenerlos». «Si tuviera que repetirlo, ¿sería más precavido?», sigue el presentador. «Sí, desde luego», afirma el soberano.
«Pelota de ping pong»
Juan Carlos se describió como víctima de la rivalidad entre su padre y Franco: «Sí, a veces, sentía que era como una pelota de ping pong». A pesar de todo, consideraba «normal en aquel entonces» vivir en España alejado de su familia durante la formación ordenada por Franco y regresar solo en vacaciones.
A los 17 años, iniciado su entrenamiento militar, tenía certeza de que permanecería en España. Luego, cuando fue designado como futuro rey, entendió que «era necesario preparar el futuro y mantener la calma mientras llegaba el momento». «Creo que en ese instante debíamos aceptar la realidad que vivía España. Me tocó aceptar las circunstancias tal como se presentaban», afirma.
Respecto a su padre, resalta que fue «un asesor excelente y un amigo posteriormente», en su etapa adulta como rey: «Lo quise mucho, y siento que me ha acompañado desde entonces». En el funeral, pese a no ser rey, Juan Carlos I decidió que fuera sepultado en El Escorial, porque allí descansan «los reyes» de España.
Por otra parte, Juan Carlos I reveló una solicitud del dictador chileno Augusto Pinochet: «Cuando fui al aeropuerto para recibir a Pinochet (…) en el automóvil me dijo: ‘Alteza, debe actuar como Franco, hacer exactamente lo mismo‘. Le respondí: ‘Sí, sí, por supuesto'», aunque luego llevó a cabo «lo que realmente querían los españoles».
Pilares de la Transición
«Hay que entender a la monarquía como aquello que aporta perdurabilidad y estabilidad a un país. Además, es una garantía para la democracia», destacó en otro fragmento de la entrevista. El Emérito expresó que su «mayor emoción» está vinculada a la Constitución, en la que otorgó «los poderes al pueblo, al Congreso». «Es la única Constitución en Europa con nombre propio. Se denomina la Constitución del rey Juan Carlos«.
Al narrar el proceso hacia la democracia, dedicó palabras de reconocimiento al cardenal Vicente Enrique de Tarancón, jefe de la Iglesia española cuando, el 27 de noviembre de 1975, pronunció el discurso durante la ceremonia de consagración de la Corona en San Jerónimo el Real, en Madrid.
Tarancón le solicitó que fuese «el rey de todos» y le deseó «acierto» para «abrir las vías hacia el futuro», a fin de proporcionar estructuras jurídico-políticas que permitan a los ciudadanos «participar libre y activamente en la vida nacional». «Su discurso fue crucial, afirmando la necesidad de abrirse al futuro. Me apoyó mucho», recalcó Juan Carlos I.
No obstante, recordó que sus aliados leales en la Transición, en la cual «nunca dudó», fueron el presidente de las Cortes (1975-1977) Torcuato Fernández-Miranda y el presidente del Gobierno (1976–1981) Adolfo Suárez. No disponían de «un plan concreto», pero trabajaron juntos para «hacerlo bien».
«En mi primer discurso (ante las Cortes) anuncié que caminábamos hacia la democracia. ¿Pero cómo hacerlo? Aún no lo sabíamos. Con varias personas diseñamos un plan y comenzaron a actuar bajo mi dirección, consiguiendo crear una Constitución para todos los españoles», relató. Sobre el líder comunista Santiago Carrillo, afirmó que «fue un verdadero amigo y colaborador».
Un asunto inevitable en la entrevista fue el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Juan Carlos resaltó que su discurso televisado, en defensa de la Constitución, brindó «una sensación de seguridad a los españoles». «No existía autoridad civil en ese momento. Pude actuar militarmente (…) Pues realmente tenía autoridad moral sobre las fuerzas armadas. Siempre estuve cercano a ellos y me veían como un líder».

