El plan de Sánchez consiste en enfrentarse a las comunidades del PP y directamente con Díaz Ayuso

Colgado en la nevera, en el corcho, en la pared del despacho o sobre la mesa. El calendario es un objeto que muchos en el PSOE y en el Gobierno revisan una y otra vez estos días. Así como lo hicieron en junio. ¿Cuánto falta para las vacaciones? En ese momento era verano, ahora son las Navidades. Los escándalos que rodean al Ejecutivo —los informes de la UCO sobre Santos Cerdán, las sentencias de prisión para José Luis Ábalos y Koldo García, la condena al fiscal general del Estado…— generan entre los socialistas una sensación de inquietud: «¿cuándo terminará todo esto?» Los miembros del partido y del Gobierno consultados reconocen que atraviesan una etapa de «desgaste constante». «En términos de gestión y de marcar la agenda es inviable. No tenemos margen porque hay demasiados frentes abiertos».
«No podremos lograr nada. Sólo será bronca, estar en la bronca», reflexiona un alto cargo del Gobierno respecto a la sentencia que condena al fiscal general. En el Ejecutivo saben que esta situación incrementará los ataques de la oposición y que, al menos en el corto plazo, será difícil tomar la iniciativa y posicionar su acción gubernamental. Con ese objetivo retomaron el curso político, impulsando medidas e iniciativas sociales e ideológicas —como la defensa del derecho al aborto y los servicios públicos— que les permitieron avanzar, pero que quedan sepultadas por cada informe o pesquisa judicial.
Dentro de esta estrategia se enmarca el plan de Sánchez de confrontar con las autonomías del PP, intentando trasladar el debate a la gestión sanitaria. Pretende un escenario de «debate autonómico» sobre la gestión, lo que implica un enfrentamiento directo con Isabel Díaz Ayuso, ahora intensificado aún más tras el fallo del Supremo. El choque con la presidenta madrileña ocupa gran parte de la acción de Gobierno —con el trasfondo de activar desde La Moncloa el tique Mónica García-Óscar López para esta comunidad— y forma parte de la estrategia de La Moncloa para hacer frente a los barones populares, con el fin de restar valor a Alberto Núñez Feijóo, a la vez que disimular la escasa presencia autonómica del PSOE presentando a Sánchez como el candidato principal en todo el territorio, el rival a batir.
El último informe de la UCO, junto con el revés que supuso la condena del Tribunal Supremo a Álvaro García Ortiz por revelación de secretos, ha hecho que los socialistas revivan momentos difíciles semejantes a los previos al verano. En el círculo más próximo a Pedro Sánchez reconocen que aquellos días fueron los más complicados —«estábamos muertos»; «lo pasamos mal, también a nivel personal»— y aunque aseguran que «esto no es como lo de junio», admiten que la situación es «grave». «Es muy serio».
Por ello, muchos en partido y Gobierno encuentran alivio en la cercanía de las vacaciones, tal y como hicieron en junio con el descanso estival. «Ahora llegan las Navidades y eso podría tranquilizar las cosas. Pero también lo pensábamos en verano y ya se vio…», comenta un dirigente socialista. «La conducta de Cerdán está dañando al partido», reconoce un ministro.
Los socialistas intentan defenderse centrando la atención en la corrupción del PP. La reciente detención del presidente y vicepresidente de la Diputación de Almería, del PP, por contratos irregulares en obra pública, les ha proporcionado cierto respiro. Sin embargo, altos cargos consultados sobre la reacción de Sánchez al caso Cerdán alertan sobre el peligro del «y tú más». «Nos perjudica y para nosotros es peor que se instale la percepción de una corrupción generalizada y sistémica. Esa sensación genera frustración entre nuestros votantes». Desde el círculo más cercano a Sánchez ofrecen otro análisis que, consideran, encendió las alarmas: «Los errores del sistema benefician a Vox».
La gran duda que ronda en La Moncloa y en Ferraz es cómo pudo suceder todo sin que nadie lo detectara. Sin que nadie reportara o se percatara, dado que tanto Ábalos como Cerdán eran los lugartenientes de Sánchez.
«No podemos hacer más de lo que hemos hecho», afirman desde el equipo del presidente del Gobierno. «Más vergüenza de la que sentimos no podemos tener, pero estamos convencidos de que no hay nada más». «No puede ser cuestión de in vigilando», asegura alguien muy cercano a Sánchez. «El asunto de Santos es muy complicado de identificar».
Dentro del Gobierno hay ministros que opinan que lo revelado ahora por la UCO «es darle vueltas a lo mismo» y que el temor y riesgo en La Moncloa y en Ferraz es que pudiera existir financiación irregular. Por eso, según fuentes socialistas consultadas por EL MUNDO, durante todo el verano en la sede central del PSOE trabajaron para determinar si esto había sucedido o no. «Hemos comprobado, ahí no hay riesgo«, aseguran.
Otro foco de conflicto sería que la trama Cerdán-Ábalos-Koldo se amplíe y supere el perímetro que intentan delimitar el Gobierno y Ferraz. «Se trata de unos garbanzos negros«, afirma un alto cargo del Ejecutivo. «No hay nada que comprometa al presidente».
Sin embargo, no todos en el Gobierno y en el partido tienen un enfoque negativo. «Lo del fiscal general nos favorece», señalan fuentes gubernamentales. Algunos consideran que la sentencia del Supremo muestra una «instrumentalización de la Justicia con fines políticos» y que eso ayuda a «movilizar» a su electorado. El Ejecutivo no oculta su enfado y descontento con el Supremo, ya que consideran que la sentencia es «indecente» porque «no había pruebas para condenarlo». «Los magistrados saben que no es culpable», concluye una figura relevante dentro del Gobierno.
Los datos que manejan en la dirección del PSOE no reflejan, al menos de momento, «desafección». Pero altos cargos llaman a la cautela: «Habrá que ver si afecta a corto o medio plazo»; «nos afecta, tiene un impacto moral, pero también personal»; «la corrupción siempre perjudica». No obstante, está pendiente observar cómo influirá en este comienzo del ciclo electoral. «Todo el castigo sufrido en junio ya lo hemos recuperado», aseguran desde la central de análisis de La Moncloa. «En junio no había partido, ahora sí. A pesar de todo lo que nos está cayendo seguimos moviéndonos en torno al 30% del voto. Es un dato impresionante. Y las elecciones aún están lejanas».

