La evolución conectó el desarrollo del cerebro brillante con su vulnerabilidad a trastornos mentales

Las mismas mutaciones genéticas que incrementaron nuestras capacidades cognitivas también podrían haber elevado la susceptibilidad a trastornos como el autismo y la esquizofrenia

Foto: (istock)

¿Cuál ha sido el costo para los humanos al desarrollar inteligencia? Si bien siempre se ha valorado la evolución del cerebro humano como uno de los hitos fundamentales de nuestra especie, la ciencia comienza a revelar que este progreso pudo haber traído un efecto secundario: una mayor vulnerabilidad a enfermedades mentales.

Una investigación reciente ha establecido una relación directa entre el avance de la inteligencia humana y el incremento en la incidencia de trastornos neuropsiquiátricos como el autismo y la esquizofrenia. La hipótesis resulta inquietante: nuestros cerebros evolucionaron hasta ser más complejos, pero esa misma complejidad también los hizo más susceptibles.

El estudio examinó más de 33.000 variantes genéticas humanas relacionadas con funciones cognitivas, estructura cerebral y enfermedades psiquiátricas. Empleando técnicas avanzadas de genética evolutiva, el grupo de investigadores pudo estimar el momento en que estas mutaciones aparecieron a lo largo de la historia evolutiva del ser humano.

Los resultados indicaron que las variantes genéticas vinculadas a una inteligencia superior, como la capacidad para resolver problemas nuevos o el uso del lenguaje, surgieron hace aproximadamente 500.000 años. Poco tiempo después, emergieron variantes relacionadas con trastornos mentales, como la depresión, esquizofrenia y autismo. Este patrón sugiere un ‘intercambio evolutivo’ en el que, a medida que el cerebro se volvía más funcional, también aumentaba su vulnerabilidad a desequilibrios.

“No disponemos de registros sobre la cognición de nuestros antepasados ni sobre sus problemas mentales. Queríamos comprobar si era posible construir una especie de ‘máquina del tiempo’ a través de nuestro genoma para descubrirlo,” comenta Ilan Libedinsky, del Centro de Neurogenómica e Investigación Cognitiva de Ámsterdam y coautor del artículo publicado en la revista Cerebral Cortex.

El cerebro humano, un mecanismo potente pero frágil

Durante más de cinco millones de años, el cerebro humano ha triplicado su tamaño. Sin embargo, lo más revolucionario fue la expansión del neocórtex, la capa externa cerebral encargada del pensamiento abstracto, el lenguaje, la planificación y la autorreflexión.

Según especialistas, uno de los cambios más notables ocurrió en las neuronas excitatorias de la capa 2/3 del neocórtex, conocidas como células intratelencefálicas (localizadas en el telencéfalo). Estas células experimentaron una evolución mucho más acelerada en humanos que en otros primates, lo que refleja una intensa presión selectiva sobre las habilidades cognitivas superiores. Sin embargo, estas mismas neuronas se relacionan con trastornos del espectro autista y esquizofrenia. Por ello, los científicos concluyen que los avances cognitivos estuvieron acompañados por un riesgo mayor de disfunción neurológica.

Una historia codificada en nuestro ADN

Los investigadores emplearon estudios de asociación genómica masiva (GWAS, por sus siglas en inglés) para identificar qué variantes genéticas se asocian tanto a la inteligencia como a enfermedades mentales. Luego, mediante el análisis de la ‘edad molecular’ de estas mutaciones, pudieron reconstruir una línea temporal evolutiva. En realidad, la mayoría de las mutaciones ligadas al sistema nervioso aparecieron entre hace tres millones y cuatro mil años. No obstante, el incremento más notable se produjo hace un aproximado de 60.000 años, coincidiendo con la expansión del ‘Homo sapiens’ fuera de África.

Resulta especialmente interesante que las mutaciones relacionadas con las funciones básicas del sistema nervioso antecedieron a las vinculadas a la cognición avanzada. A su vez, estas últimas precendieron a las asociadas a trastornos psiquiátricos, reforzando la teoría de que la estructura física cerebral se desarrolló primero, luego la inteligencia y, finalmente, las posibles disfunciones.

Que la evolución no eliminara estas mutaciones es evidente, puesto que una sola mutación puede producir efectos múltiples, positivos y negativos. Por ejemplo, una mutación que fortalece la inteligencia verbal podría también predisponer a la ansiedad en situaciones de alta estimulación. En esencia, autismo y esquizofrenia serían manifestaciones de una evolución cerebral más amplia, que incluye tanto beneficios como vulnerabilidades.

Curiosamente, lo más sobresaliente es que estas condiciones apenas se presentan en otros mamíferos no humanos, sugiriendo que están vinculadas a los mismos mecanismos que otorgaron el lenguaje, la conciencia y la cultura. Comprender esta conexión entre evolución cognitiva y salud mental no solo permite entender nuestro pasado, sino que también invita a reconsiderar el presente y en lugar de considerar la enfermedad mental como un defecto aislado, podríamos interpretarla como parte intrínseca de la historia evolutiva humana.

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