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Después de meses de arduas negociaciones, a principios de agosto entraron en vigor los aranceles establecidos por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afectados a más de 90 países, incluyendo varios de América Latina.
El presidente justificó su política alegando que el mundo ha aprovechado indebidamente la economía estadounidense y que las tarifas contribuirán con millones de dólares a las finanzas públicas.
"Nuestros contribuyentes han sido perjudicados durante más de cinco décadas, pero eso ya no sucederá jamás", afirmó.
Los aranceles son tributos aduaneros que, desde el surgimiento del sistema de libre comercio global tras la Segunda Guerra Mundial, se han reducido paulatinamente.
En efecto, la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha definido normativas claras sobre las condiciones bajo las cuales pueden implementarse.
No obstante, han reaparecido con fuerza bajo la administración del presidente estadounidense.
Trump sostiene que las tarifas son indispensables para salvaguardar a la industria nacional, aunque también las ha empleado como herramienta de negociación frente a diversos países, muchos de ellos considerados aliados de Estados Unidos antes de su llegada al poder.
En Latinoamérica, el presidente estadounidense y la jefa de gobierno de México, Claudia Sheinbaum, anunciaron hace poco una extensión hasta noviembre del arancel del 25% sobre los productos mexicanos no cubiertos por el tratado T-MEC entre Estados Unidos, México y Canadá.
Brasil es el país de la región que experimentó las tarifas más elevadas, con un impuesto del 50% sobre sus productos al ingresar a Estados Unidos (con ciertas excepciones).
A continuación se explica qué son los aranceles, su funcionamiento, las razones por las que Trump los emplea y el impacto en los países afectados.
Qué son los aranceles y cómo se aplican
Los aranceles constituyen impuestos que gravan las mercancías importadas de otros países.
Esta carga tributaria debe ser cubierta por la empresa importadora —en este caso, la firma estadounidense— cada vez que la mercancía pasa por la aduana. El importe recaudado se destina al tesoro público al igual que cualquier otro impuesto.
Por lo general, los aranceles se calculan como un porcentaje del valor del producto. Así, un arancel del 20% para un artículo valorado en 10 dólares implica que el importador debe abonar 12 dólares.
Las compañías importadoras pueden asumir el costo extra, trasladar parte o la totalidad del incremento a los consumidores.
Históricamente, los gobiernos han establecido aranceles a bienes específicos para proteger sectores puntuales de la industria nacional, no a la producción completa de una nación.
En este sentido, las tarifas impuestas por Trump han puesto en duda las normas que han regido el comercio mundial durante más de 50 años.

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La economía de Estados Unidos, al igual que la mayoría de las naciones, está fuertemente vinculada en su actividad con otros países.
Más aún con México y Canadá, sus principales socios comerciales, con quienes mantiene un tratado conocido como T-MEC en español.
Esto provoca que muchas manufacturas producidas por los tres países, especialmente en el sector automotor, crucen las fronteras repetidamente antes de alcanzar al consumidor final.
Los aranceles o derechos aduaneros cambian según el país y tienden a ser menores en economías más desarrolladas.
Sin embargo, la política arancelaria del presidente republicano solo encuentra paralelo en periodos de conflictos bélicos o, más recientemente, en guerras comerciales.
Las tarifas que Trump activó el 7 de agosto comprenden un rango amplio, desde un 10% hasta un 50%, dependiendo del país de procedencia de los productos.

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Qué busca Trump con los aranceles
Las tarifas forman parte fundamental de la estrategia económica de Trump.
En sus intervenciones públicas, el presidente estadounidense sostiene que estos impuestos impulsarán la producción nacional, crearán empleos nuevos, ampliarán los ingresos fiscales y fomentarán el desarrollo económico.
Según el republicano, Estados Unidos registra un gran déficit comercial con otros países —es decir, importa más de lo que exporta— y las tarifas modificarán esta balanza, generando ingresos millonarios.
Por su parte, los críticos señalan que esta medida perjudicará a las empresas importadoras estadounidenses, que deben afrontar estas cargas; elevará el costo de los productos para los consumidores, alimentando la inflación; y afectará a los exportadores de otros países.
Además, argumentan que el intento de «repatriar la manufactura» es incierto, ya que reubicar fábricas desde el extranjero hacia Estados Unidos es un proceso costoso, que requiere inversiones elevadas y puede prolongarse durante años.
Sostienen también que los recursos obtenidos con los aranceles no compensarán la posible desaceleración económica en EE.UU. ni la reducción tributaria aprobada recientemente y que Trump firmó el 4 de julio.

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Más allá de lo económico, Trump ha empleado las tarifas para alcanzar otros fines.
Por ejemplo, justificó el aumento de aranceles contra México y Canadá argumentando que estas naciones “no han hecho lo suficiente” para frenar el flujo migratorio y el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
A China la acusó de facilitar el envío de fentanilo y productos químicos para fabricar drogas sintéticas, amenazando con subir a más del 100% las tarifas contra el gobierno de Xi Jinping, además de otras acusaciones formuladas contra ese país.
Recientemente, el mandatario anunció un arancel del 50% para productos provenientes de India, en respuesta a la compra de petróleo ruso a pesar de las sanciones impuestas por EE.UU. y Europa debido a la invasión rusa a Ucrania.
Trump señaló que esta medida entraría en vigencia el 27 de agosto, salvo que India suspenda las adquisiciones de crudo ruso.
En este marco, expertos consideran que Trump ha sustituido la diplomacia por amenazas arancelarias, usando estos impuestos como instrumento para que otros países cedan a sus demandas.
¿Qué países se han visto afectados?
Los aranceles de Trump han impactado a las naciones en distintas intensidades.
En cuanto a la Unión Europea (UE), la Casa Blanca y el bloque pactaron a fines de julio un arancel del 15% a productos europeos. Además, la UE se comprometió a invertir 600.000 millones de dólares en Estados Unidos.
Dentro de la UE, Alemania será una de las naciones más afectadas, especialmente en la industria automotriz y farmacéutica, debido a su estrecha vinculación comercial con Estados Unidos.
Japón, otro socio comercial relevante, recibió un arancel del 15% tras meses de negociaciones, y también acordó invertir 550.000 millones de dólares en Estados Unidos.
Los productos canadienses que no están dentro del T-MEC enfrentan un arancel del 35%.
En América Latina, Brasil es el país más impactado: sus artículos deben abonar un arancel del 50%, aunque existe un listado de unas 700 excepciones.
Entre los exentos se incluyen varios de los principales productos que Brasil exporta a Estados Unidos, tales como petróleo, combustibles, aviones, minerales y jugo de naranja.
A pesar de estas excepciones, la medida afecta considerablemente productos como café, carnes y frutas.
En el resto de la región, los bienes procedentes de Bolivia, Ecuador y Costa Rica pagan un arancel del 15%, cifra que también aplica a los productos venezolanos y que es levemente inferior al impuesto del 18% para productos nicaragüenses.
Los países latinoamericanos que mantendrán un arancel del 10% son Argentina, Chile, Colombia, Perú, Paraguay, Uruguay, Panamá, Honduras, Guatemala, El Salvador y República Dominicana.
Consulta en la gráfica siguiente los aranceles que aplican a los productos de cada país.
¿Qué queda pendiente? Actualmente la suspensión de los aranceles contra México y China se extiende hasta noviembre, mientras que el impuesto para productos indios se mantiene hasta el 27 de agosto.

