El Congreso llevó a cabo dos actos conmemorativos: uno dedicado a la muerte de Franco con actuaciones musicales y representaciones, y otro para celebrar el 50 aniversario de la proclamación de Juan Carlos I como Rey, este último en una sala secundaria y con un formato sobrio.
La Familia Real ocupó los asientos asignados a portavoces de varios grupos políticos en la sala Constitucional, sin un papel destacado ni presidencia, en un ambiente que recordaba más a un congreso académico que a una ceremonia formal.
La ceremonia fue objeto de críticas por su carencia de solemnidad y la ausencia de la mayoría de los líderes políticos nacionales, con solo la asistencia de Alberto Núñez Feijóo entre los principales dirigentes y algunos ministros del Gobierno.
Durante el evento, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, evitó referirse al Rey Emérito en su discurso, en contraste con los ponentes, quienes resaltaron el papel de la Monarquía y de Juan Carlos I en la Transición española.
Con apenas un día de diferencia, el Congreso organizó dos eventos para recordar efemérides significativas: la muerte de Franco y la proclamación de Juan Carlos I como Rey.
La conmemoración del fallecimiento del dictador fue realizada a lo grande: incluyó música en el hemiciclo y actores que recrearon discursos de políticos de la Transición, todos ellos posteriores a 1977, aunque la muerte de Franco ocurrió en 1975.
En cambio, el segundo homenaje no se llevó a cabo en ninguna de las salas principales —como el salón de Pasos Perdidos—. Se eligió en su lugar una sala secundaria del Congreso, la Constitucional, situada en el edificio anexo.
Esta es la misma donde se reúne la Diputación Permanente, la entidad interna que coordina las sesiones fuera del periodo habitual.
La princesa de Asturias, Doña Leonor, ocupó el lugar de la portavoz de Bildu, Mertxe Aizpurua.
El Rey se sentó en el escaño correspondiente a Junts, cuya comisión alterna las portavoces entre Míriam Nogueras y Marta Madrenas.
La Reina, Doña Letizia, ocupó el asiento de la portavoz de Podemos, Ione Belarra; mientras que la Infanta Sofía se ubicó en el lugar de la diputada de ERC, Teresa Jordà. Por su parte, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, ocupó el escaño del portavoz de UPN, Alberto Catalán.
De acuerdo con fuentes de la Cámara Baja, el evento fue «acordado» entre los servicios de Protocolo del Congreso y los de la Casa Real.
Tampoco se ubicaron en un sitio principal o de presidencia. Se decidió que la Familia Real se sentara en la parte inferior, como si fueran asistentes a un coloquio formado por historiadores, filósofos y veteranos periodistas tales como Fernando Ónega e Iñaki Gabilondo.
Incluso se optó por una entrada discreta: los Reyes accedieron por el patio, sin usar la puerta de los leones con escalinata, como ocurre en ocasiones especiales.
Esto fue lo mismo que ocurrió la última vez que los Monarcas estuvieron en la Cámara, cuando la Princesa Leonor juró la Constitución al alcanzar la mayoría de edad hace dos años.
Críticas al evento
No faltaron las críticas tras concluir la ceremonia. «Un desastre«, reconoció un veterano integrante del Congreso.
Algunos asistentes resaltaron la «total ausencia de solemnidad» del acto, que se asemejaba más a un simposio académico que a una conmemoración solemne de la Monarquía y de una proclamación celebrada hace cincuenta años en el hemiciclo del Palacio de las Cortes.
La efeméride de la Cámara Baja, en palabras de un asistente, resultó ser «un evento bastante deslucido».
Un funcionario institucional presente admitió: «Quisieron hacerlo tan accesible y sencillo que el resultado fue algo extraño».
Las miradas se dirigieron hacia Armengol, mano derecha del Ejecutivo en las Cortes. «Era la intención del Gobierno», sentenció otro participante del acto, que lamentó la falta de atención al elegir el espacio.
La presidenta del Congreso, Francina Armengol, incluso ofreció su discurso institucional —uno de los pocos que pronuncia, aparte del día de la Constitución— frente a una cortina y sin banderas de fondo.
Durante varios minutos, destacó los avances de España en estos 50 años, pero en ningún momento nombró a Juan Carlos I, y la palabra «Monarquía» únicamente apareció en dos ocasiones.
Por otro lado, los ponentes —Fernando Ónega, Iñaki Gabilondo, Adela Cortina, Rosario García Manhunt, Juan José Laborda y Juan Pablo Fusi— sí resaltaron la importancia del Emérito y de la Corona en la Transición, enfatizando su papel y la función que deben desempeñar en el futuro.
Inicialmente, no estaba previsto que el Rey interviniera. Sin embargo, días antes se decidió que el cierre corriera a cargo de un discurso de Felipe VI, en el que enfatizó que «en este Congreso tuvo lugar la Proclamación del Rey Juan Carlos I, iniciando una nueva etapa en nuestra historia».
Varias ausencias
Al «sorprendente» acto tampoco asistió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien sí estuvo previamente en la entrega de los Toisones de oro en el Palacio Real.
Moncloa justificó su ausencia argumentando que el jefe del Ejecutivo debía desplazarse a la cumbre del G-20, celebrada a partir de este sábado en Sudáfrica.
El único líder político nacional que estuvo presente fue el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. No asistieron a la Cámara Baja ni los dirigentes de Sumar ni el líder de Vox, Santiago Abascal.
Su partido declaró no querer «compartir espacio con un Gobierno corrupto que emplea todas las instituciones del Estado, incluida la Corona, para intentar blanquearse y simular una normalidad institucional inexistente».
Mientras realizaba precampaña en Extremadura, el líder de la formación de derecha extrema justificó su ausencia en la ceremonia dirigida al Rey acusando a Feijóo: «Ahora estará posando para la foto con la mafia socialista«.
La presencia de portavoces separatistas, nacionalistas o de Podemos no se esperaba en absoluto.
Incluso ministras que acudieron al Palacio Real, como Margarita Robles, se ausentaron del acto posterior en el Congreso, donde únicamente estuvieron presentes María Jesús Montero, Félix Bolaños y Ángel Víctor Torres.
Junto a ellos, sí participaron los portavoces parlamentarios del PP, Ester Muñoz, y del PSOE, Patxi López.
A pesar de la polémica generada por la ceremonia, que fue tema recurrente entre los asistentes, el Rey no mostró ningún reproche, aunque, como señalaron otras fuentes presentes, «jamás lo hace».
En la calle, decenas de personas se congregaban a lo largo de la carrera de San Jerónimo, a quienes ovacionaron al Monarca, mientras algunos abucheaban al ministro Bolaños y a la vicepresidenta Montero.

