La falta de enseñanza sobre la Transición en la escuela: «Estudiantes terminan la educación obligatoria sin conocer los eventos posteriores a la muerte de Franco»

Los profesores destacan la escasa presencia de este periodo histórico en el currículo escolar. A los jóvenes les sorprende que políticos de diferentes partidos pudieran alcanzar acuerdos.

Alumnos del colegio Dominiques de Barcelona.Alumnos del colegio Dominiques de Barcelona.CARLOS GARCÍA POZO

Hugo Alonso, de 17 años, empezó a interesarse por la Transición el verano pasado después de ver en el cine La infiltrada, el relato de una policía que vivió ocultando su identidad durante ocho años compartiendo piso con dirigentes de la banda terrorista ETA. Este estudiante de 2º de Bachillerato en el colegio Dominiques de Barcelona quedó impresionado por «la valentía» de la agente. «A partir de ahí me interesé por ETA y eso me llevó a investigar lo que había sucedido antes. Quería comprender por qué ocurrieron los atentados y cómo se transitó de una dictadura a la democracia», rememora. Al preguntarle si podría nombrar figuras destacadas del periodo entre la muerte de Franco, en 1975, y el golpe de Estado de 1981, enumera rápidamente, y en orden, a «Adolfo Suárez, Felipe González, Josep Tarradellas, Jordi Pujol y el Rey emérito».

Son las 13:30 de un miércoles otoñal, una semana antes del 20-N, en la clase de Historia de 2º de Bachillerato de Dominiques, un centro concertado católico con 1.000 alumnos situado junto a la Sagrada Familia. El aula es funcional, con pocas decoraciones en las paredes, aparte de la pizarra digital, una bandera LGTBI y un par de carteles sobre la importancia de las emociones. ELMUNDO ha desafiado a Hugo y sus compañeros a relatar lo que conocen de la Transición — un tema que no abordarán formalmente hasta primavera— mostrándoles las imágenes más emblemáticas de aquella etapa. Han pasado cinco décadas y esas fotografías ya no forman parte del imaginario de adolescentes que han crecido con smartphones y reels de Instagram. Sin embargo, Hugo reconoce el emblemático «Españoles, Franco ha muerto» que un apesadumbrado Arias Navarro pronunció en blanco y negro por televisión.

Casi toda la clase es capaz de identificar a Juan Carlos, Sofía y Felipe, retratados tal como eran hace medio siglo, aunque algunos confunden a las infantas Elena y Cristina con Leonor y Sofía. Los alumnos se sorprenden al ver a Susana Estrada enseñando un pecho junto a Tierno Galván y desconocen las películas del destape. Excepto Hugo, no reconocen a González ni a Suárez. «Los sentimos muy lejanos», se justifica Marc Basco, alumno impresionado por la complicidad que mostraban el presidente del Gobierno y el líder de la oposición. «Me asombra que estén los dos tan tranquilamente compartiendo cigarrillos siendo de partidos distintos», comenta. «¿Se imaginan a Puigdemont, Abascal, Pedro Sánchez, Yolanda Díaz o Feijóo llegando a un acuerdo?», pregunta el profesor de Historia, Pau Farràs. La respuesta es unánime: «Nooooo». «Pues eso fue lo que ocurrió».

Hugo, Marc y sus compañeros manejan la materia bastante bien si se considera que nunca han recibido educación formal sobre la Transición. No se estudió en Primaria, donde ni siquiera se incluye, ni en 4º de la ESO aunque la materia debería abordarse. «El temario es muy amplio y rara vez se llega a la dictadura. Lo ocurrido tras la muerte de Franco generalmente no se explica a menos que el profesor lo decida», señala Farràs, quien afirma que «los alumnos pueden terminar la educación obligatoria sin haber aprendido sobre la Transición».

Alumnas del colegio Dominques de Barcelona.Alumnas del colegio Dominques de Barcelona.CARLOS GARCÍA POZO

El currículo de la Lomloe de 2022 no exige su enseñanza en Primaria y lo contempla de forma muy vaga en la ESO, donde la Historia universal — incluida la española — compite con numerosos contenidos geográficos y sociopolíticos. A diferencia del currículo de la Lomce de 2014, que sí indicaba expresamente impartir la Transición en la ESO, el actual no lo menciona. Esto ha provocado disparidad entre las comunidades autónomas. Algunas lo dejan claro, otorgándole mayor peso en los desarrollos curriculares (Cataluña, Madrid, País Vasco, Canarias, Galicia, Murcia, Andalucía, Castilla y León, Comunidad Valenciana, La Rioja y Cantabria), mientras que otras, como Aragón, Asturias, Baleares, Castilla-La Mancha, Navarra y Extremadura, reproducen la fórmula compleja del Gobierno, que presta atención a ciertos hechos (por ejemplo, el Holocausto) pero es imprecisa respecto a otros, como este periodo.

¿Y en Bachillerato? «En 1º no se imparte Historia de España. En 2º sí, y supone un tema habitual en la Selectividad. En esta etapa deberían reservarse unas ocho sesiones —equivalentes a dos o tres semanas de clase— pero suelen ser menos», comenta Mariano González Clavero, profesor titular en un instituto de Valladolid y autor de libros de texto, que recuerda que «no todos cursan Bachillerato, una etapa no obligatoria».

«Muchos jóvenes que abandonan prematuramente el sistema educativo jamás recibirán conocimiento reglado sobre estos contenidos. Votarán en sus primeras elecciones, participarán en la vida pública sin que nadie en la escuela se los haya explicado. Su visión histórica vendrá de internet; su percepción del pasado será la de un videojuego», reflexiona el historiador Gutmaro Gómez Bravo en su obra Los descendientes (Crítica). Este profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid lleva 20 años impartiendo clases en la carrera de Historia, elegida por aquellos bachilleres que disfrutan la materia. ¿Llegan bien preparados?

«Arriban con un conocimiento muy limitado», contesta. «Cometen errores, confunden personajes, asignan a la democracia hechos propios de la dictadura. Les cuesta situar a Arias Navarro o a Fraga, desconocen a Tierno Galván e incluso con el Rey cometen numerosos fallos. Me veo obligado a colocar subtítulos en las diapositivas con los nombres para que puedan identificarlos», reconoce.

Coincide con él Emilio Cerdá, docente de Historia en un instituto público de Madrid, quien también observa «grandes lagunas» en los jóvenes: «A veces me ponen en un examen que el primer presidente de la democracia fue Barajas, porque confunden el aeropuerto con Adolfo Suárez».

Alumnos del instituto José Luis López Aranguren de Fuenlabrada (Madrid).Alumnos del instituto José Luis López Aranguren de Fuenlabrada (Madrid).CARLOS GARCÍA POZO

El instituto público José Luis López Aranguren de Fuenlabrada (Madrid) es de gran tamaño, con 1.700 alumnos. En la clase de Historia de 2º de Bachillerato, el jefe del Departamento, Diego López, reunió a 18 estudiantes que explicaron a EL MUNDO lo que saben sobre la Transición, que estudiaron en 4º de la ESO y abordarán nuevamente en el tercer trimestre. Suárez les suena más que González, aunque menos que Franco y, principalmente, que el Rey Juan Carlos. Han oído hablar del asesinato de los abogados de Atocha y conocen lo que fue ETA. Sobre los GAL comentó Pablo Montero de Espinosa, de 16 años, futuro fisioterapeuta o enfermero: «Eran terroristas realizando contraviolencia en nombre del Gobierno». Nerea Recio, alumna de 17 años que planea estudiar Biomedicina, afirma que «la Transición es el periodo más relevante del siglo XX y da forma a lo que tenemos actualmente». Joshua Félix Tatis, de 17 años y nacido de padres dominicanos, concluye que «la muerte de Franco es un periodo fundamental porque marca el fin de la dictadura» y pide «que se estudie con más profundidad porque se enseña muy rápido y al final del curso».

La falta de concreción en el currículo estatal genera aún más diferencias territoriales. Los alumnos del Aranguren dedicarán entre cinco y seis sesiones a la Transición porque, en Madrid, la Historia de España cuenta con cuatro horas semanales. En Dominiques de Barcelona dedicarán cuatro sesiones, ya que disponen solo de tres horas semanales y deben aprender tanto Historia de España como Historia catalana.

¿Y el contenido? Varía según el profesor, pero siempre orientado a la Selectividad. «Les explico las alternativas tras la muerte de Franco, con el búnker, los reformistas y la oposición desde el exilio. Tratamos a Suárez, las elecciones, la Constitución, los Pactos de la Moncloa, la restauración de la Generalitat, el Estatuto de los Trabajadores y el 23-F», enumera Diego López, docente en el Aranguren, quien señala que la enseñanza de este periodo «ha cambiado mucho en los últimos años». «Hoy la Transición no se contempla como en los años 90, cuando todos valorábamos más el país que teníamos. En los últimos tiempos ha cobrado relevancia la idea de que no fue solo un acuerdo entre las élites políticas, sino que también hubo presión desde la ciudadanía».

Alumnos de 2º de Bachillerato del instituto José Luis López Aranguren de Fuenlabrada.Alumnos de 2º de Bachillerato del instituto José Luis López Aranguren de Fuenlabrada.CARLOS GARCÍA POZO

«Propongo temas para el debate: ¿hasta qué punto la Transición fue una etapa de acuerdos? ¿Quién ha votado al Rey? ¿Por qué resulta tan complejo reformar la Constitución? Doy importancia al contexto de la tensión en las calles, ya que rompe con el estereotipo de una Transición pacífica y consensuada», comenta Pau Farràs, de Dominiques.

Gómez Bravo sostiene que «durante muchos años se ha transmitido una visión demasiado idealizada de la Transición» porque «parece que con la muerte de Franco todo fue perfecto» y porque «el relato tradicional sobrevalora la figura del Rey». Argumenta que, en general, «los alumnos no valoran el significado profundo de abandonar una dictadura para instaurar una democracia» y no logran conectar con este periodo como sí hicieron las generaciones anteriores. Esta falta de vínculo emocional con un pasado aún reciente relacionaría, según él, con el aumento de estudiantes «con una visión muy ideologizada de la Historia». Los datos del CIS revelan que, en esta época polarizada, los jóvenes están más descontentos con la democracia que en el pasado. Si en 2009 entre el 7% y 8% consideraban la dictadura como una posible opción, hoy este porcentaje alcanza el 17% o 18%.

«No lo perciben cercano. Nacieron en una Monarquía constitucional dentro de una UE consolidada, con derechos ya conseguidos y una democracia que no necesitan defender», interpreta Manuel Sanguino, director del Aranguren, quien conoce alumnos que confundieron al golpista Antonio Tejero con Fernando Tejero, el actor de La que se avecina. «Para ellos no es una historia vivida como para nosotros, y por eso cuando mencionas la UCD es como si les hablaras de Atapuerca», añade el catedrático González Clavero. Gómez Bravo concluye: «Mientras la historia reciente no se enseñe desde los primeros cursos, seguiremos expuestos a la reinterpretación de nuestro pasado y prevalecerán los contenidos validados solo por el número de likes o descargas en internet».

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