Errores comunes al tratar las heridas que debes evitar para una correcta cicatrización

Se nos ha enseñado que es necesario limpiar las heridas con insistencia cada día, cambiar los apósitos, aplicar pomadas antibióticas y retirar las costras. Sin embargo, parece que esta idea es errónea

Foto: (istock)

Este verano, antes de viajar a África, contacté a la doctora Elena Conde, dermatóloga de reconocido prestigio internacional en cicatrización de heridas, para comentarle que en Burundi, país donde realizamos una campaña dermatológica anual, atendemos a numerosos pacientes —especialmente niños— con úlceras de gran tamaño que en ocasiones requieren amputación de extremidades. La invité a integrarse a nuestro equipo un mes antes del viaje mediante un mensaje por WhatsApp. Diez minutos más tarde me respondió: “Cuenta conmigo”.

Durante nuestra estancia en Burundi, la doctora Elena Conde nos impresionó no solo por su conocimiento y habilidades médicas, sino también por la generosidad y empatía demostradas hacia los pacientes. Implementamos su método para tratar las heridas y constaté personalmente que superaba en eficacia a lo que veníamos aplicando. Además, tomamos biopsias para realizar estudios de PCR en búsqueda de material genético de bacterias relacionadas con este tipo de úlceras, como Mycobacterium ulcerans, causante de la úlcera de Buruli.

La conclusión que propone la Dra. Elena Conde es contundente: numerosos protocolos de curación son más rituales que prácticas basadas en evidencia científica. Por años hemos repetido procedimientos casi automáticos: limpiar durante cada cura, retirar costras, desbridar sistemáticamente, cambiar apósitos diariamente y administrar antibióticos. Las investigaciones actuales revelan que estas acciones no siempre resultan beneficiosas y, en muchas ocasiones, obstaculizan la cicatrización. Se puede consultar el artículo recientemente publicado por la Dra. Elena Conde en una revista científica de prestigio.

En la mayoría de úlceras y heridas, una manipulación mínima suele promover una mejor sanación. El exudado y la costra crean un microambiente que facilita la epitelización. Alargar el intervalo entre curas y mantener el apósito cuando la evolución es favorable puede acelerar el cierre, disminuir el dolor y reducir el consumo de materiales médicos.

Las costras no son enemigas

Lejos de obstaculizar el proceso, la costra funciona como un apósito natural: protege la herida, mantiene la humedad adecuada y contribuye a la regeneración. Inspirarse en ella ha impulsado el desarrollo de apósitos fibrosos y matrices que fomentan la formación de tejido de granulación y epitelización. Además, actúa como un buen fotoprotector.

Menos antibióticos, más óxido de zinc

Una recomendación fundamental de la Dra. Conde es disminuir el uso de antibióticos, tanto tópicos como sistémicos, reservándolos únicamente para casos con infección clara, ya sea local o sistémica. El uso indiscriminado de antibióticos no acelera la cicatrización y favorece la aparición de resistencias bacterianas.

La Dra. Conde sentada a la derecha en Burundi. (Cedida)

En contraste, recomienda incrementar el uso de óxido de zinc: es económico, seguro y efectivo para modular la inflamación, proteger la piel circundante y favorecer la cicatrización en distintas dermatosis inflamatorias y úlceras crónicas. Incorporarlo de forma habitual en el cuidado de heridas o úlceras mejora el confort del paciente y acelera la epitelización.

Menos curas, menos trauma, más cicatrización

Cada cambio de apósito genera microtrauma y arrastra factores de crecimiento esenciales. Al espaciar las curas cuando la lesión evoluciona bien, se acortan los tiempos de recuperación, se reduce el dolor y se minimiza el impacto ambiental al consumir menos material sanitario. El objetivo no es “hacer más”, sino realizar únicamente lo necesario, respetando los procesos biológicos.

Piernas en alto y compresión

En las úlceras de piernas, el comportamiento del paciente fuera del contexto clínico es decisivo. Dos estrategias simples son determinantes:

  1. Medidas posturales: elevar las piernas varias veces diariamente y evitar periodos prolongados sentado o de pie mejora el retorno venoso y disminuye el edema.
  2. Compresión terapéutica: siempre que esté indicada y no haya contraindicaciones, vendajes o medias compresivas constituyen la base del tratamiento para favorecer el flujo venoso y acelerar la cicatrización. Sin compresión, muchos apósitos carecen de eficacia.

Es fundamental tratar siempre la causa

Es importante recordar que el tratamiento etiológico es esencial: sin abordar el origen que provocó la lesión o úlcera, ninguna técnica ni apósito local logrará su cicatrización.

A continuación, algunos ejemplos de tratamientos etiológicos (causales) para úlceras:

  • En las úlceras venosas (varicosas), corregir la insuficiencia venosa mediante compresión graduada, medidas posturales y, si es necesario, ablación endovenosa, esclerosis con espuma o cirugía de la várice.
  • En las úlceras arteriales (isquémicas), revascularización y control riguroso de factores de riesgo.
  • En el pie diabético (neuropático), descarga estricta, control glucémico y tratamiento de la infección.
  • En úlceras por presión (escaras), alivio programado de la presión, dispositivos de soporte y optimización nutricional.
  • En úlceras bacterianas, antibiótico dirigido según cultivo.
  • En la úlcera de Buruli causada por Mycobacterium ulcerans, tratamiento con rifampicina y claritromicina.
  • En úlceras inflamatorias o autoinmunes (vasculitis, pioderma gangrenoso), inmunosupresión sistémica con corticoides, ciclosporina o biológicos, evitando traumatismos innecesarios.

Ciencia, sentido común y humildad

La experiencia en Burundi y la evidencia científica actual nos revelan dos principios sencillos: la piel tiene capacidad para autocurarse si se le permite y es necesario cuestionar los rituales heredados. Protocolos más simples, fundamentados en evidencia y sostenibles funcionan tanto en un hospital europeo como en una aldea africana.

Como resultado de esa colaboración en África, la doctora Conde lidera la Unidad de Úlceras, Cicatrización y Heridas de la Clínica Dermatológica Internacional (CDI), donde se atiende a pacientes con heridas crónicas o úlceras resistentes a la cicatrización. Contar con profesionales de la talla de la Dra. Conde en nuestra clínica y en el Hospital Ruber Internacional es un privilegio.

La Dra. Conde en Burundi. (Cedida)

Además, la doctora posee un Instagram con más de 30.000 seguidores donde explica de forma clara y educativa las pautas para el tratamiento adecuado de heridas. Su cuenta es seguida no solo por pacientes, sino también por profesionales de diversas especialidades (dermatólogos, cirujanos vasculares, médicos de familia, entre otros) que deben tratar a pacientes con úlceras variadas (vasculares, traumáticas, infecciosas, etc.).

Mensajes clave

Los 6 puntos esenciales para mejorar el cuidado de heridas que plantea este artículo son:

  • Muchos protocolos para curar heridas carecen de base sólida en la evidencia científica.
  • En heridas que evolucionan adecuadamente, evitar limpieza y desbridamiento en cada cura y prolongar los cambios de apósito favorece la cicatrización, reduce el dolor y minimiza el impacto ambiental al usar menos materiales.
  • Las costras actúan como un apósito natural que protege y estimula la epitelización. Además, ofrecen protección frente a la radiación solar.
  • Menor uso de antibióticos (tópicos y orales) y mayor empleo de óxido de zinc para modular inflamación y promover la cicatrización.
  • En úlceras de piernas, medidas posturales (piernas elevadas) y, cuando se indica, vendajes o medias compresivas son fundamentales para mejorar el retorno venoso y acelerar el cierre.
  • Y lo más importante: no olvidar que el tratamiento etiológico es clave; sin abordar la causa que originó la lesión, ningún apósito o método local garantizará su cicatrización.

Se puede consultar el artículo científico de la Dra. Elena Conde publicado recientemente en la revista International Wound Journal aquí.

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