La renuncia de Carlos Mazón como presidente de la Generalitat Valenciana impulsa el proceso de investidura, que dependerá del respaldo de Vox para designar a su sucesor.
En caso de que Vox no apoye al candidato del PP, Juanfran Pérez Llorca, Mazón podría continuar en funciones como presidente hasta por cinco meses, abriendo la posibilidad de nuevas elecciones.
La dirección nacional de Vox posee la clave para la investidura, mientras el PP procura mantener la estabilidad y evitar que la crisis valenciana dañe su imagen a nivel nacional.
La coyuntura en Valencia sucede en un clima de tensión entre PP y Vox, con antecedentes como el bloqueo en Extremadura y la creciente rivalidad electoral entre ambos partidos.
La dimisión de Carlos Mazón este lunes ha puesto en marcha el reloj para la investidura, aunque el proceso depende casi por completo del apoyo de Vox.
Alberto Núñez Feijóo enfrenta uno de sus mayores desafíos: con la formación de Santiago Abascal en ascenso en las encuestas nacionales, captando votos que pertenecían al PP, la crisis en la Comunidad Valenciana se perfila como un obstáculo que puede extender la inestabilidad institucional hasta cinco meses.
La legislación valenciana establece que Mazón permanecerá como presidente en funciones hasta que su sucesor sea investido y su nombramiento se publique en el BOE.
Los plazos son estrictos: habrá 12 días hábiles para que los grupos parlamentarios presenten sus candidaturas. Luego, entre tres y siete días adicionales para fijar la fecha del pleno, seguido por dos votaciones separadas por 48 horas, requiriendo mayoría absoluta en la primera y mayoría simple en la segunda.
Si nadie obtiene los apoyos necesarios, la Presidencia de las Cortes tramitará sucesivas propuestas durante un máximo de dos meses. En caso de no conseguir una nueva investidura, se convocarían automáticamente nuevas elecciones, agregando casi dos meses adicionales al plazo.
Según fuentes consultadas en PP y Vox, todo es matemáticamente posible, pero depende exclusivamente de la dirección nacional de Abascal.
El escollo valenciano
En Génova no hay dudas de que el candidato del PP debe ser Juanfran Pérez Llorca, secretario general del PPCV. Su perfil es favorable, ya que ha sido el principal negociador con Vox durante estos más de dos años de legislatura.
No obstante, desde la cúpula de Vox advierten sobre «no facilitarle las cosas al PP».
El argumento que manejan es Extremadura, donde hace menos de dos semanas María Guardiola convocó elecciones anticipadas para el 21 de diciembre, acusando a Vox de paralizar la legislatura y de preferir «hacer una alianza con el PSOE» para perjudicar a los populares.
«Hasta ahora, Mazón era uno de los barones del PP dispuesto a sentarse con nosotros sin prejuicios«, explican fuentes de Vox. «Pero él ya no está, y en Génova nunca se sabe qué quieren realmente. Cuando lo tengan claro, hablaremos».
Esta frase sintetiza la situación: Vox jugará con los tiempos, tratando de sacar provecho de su influencia no solo en la Comunidad Valenciana, sino también de cara a las elecciones en Extremadura, cuya precampaña ya está en marcha.
Previsto y precipitado
Feijóo tenía planeado abordar la crisis con Mazón el viernes 7 de noviembre, probablemente en Madrid. Las fuentes indicaron que el presidente nacional comunicaría entonces una decisión ya tomada por el líder popular: Mazón no repetiría como candidato del PP en la Generalitat.
Sin embargo, el presidente valenciano ya había recibido señales de que esta decisión estaba tomada e incluso comunicada al entorno de Feijóo, lo que pudo acelerar los acontecimientos.
El jueves 30 de octubre, mientras Pedro Sánchez era interrogado en la comisión Koldo del Senado, Mazón anunció un «periodo de reflexión» que fue interpretado por todos como un adelanto de su renuncia.
En Génova molestó que el anuncio ocurriera en ese momento, opacando un día políticamente relevante. Y aún más, irritó que la dimisión se consumara este lunes, justo cuando comenzaba el juicio contra el fiscal general del Estado por revelación de secretos, relacionado con el novio de Isabel Díaz Ayuso.
La llamada telefónica del jueves entre Feijóo y Mazón precipitó todo. La versión oficial señala que fue Mazón quien llamó para explicar que «ya no podía más», que la campaña de «acoso sucio y brutal del PSOE» había afectado a su familia —su esposa, hijos, hermanos e incluso su madre— y que no tenía fuerzas para resistirlo.
Otras versiones apuntan a que fue Feijóo quien llamó para citarlo el viernes 7 de noviembre y que entonces Mazón empezó a negociar su salida.
«La incompetencia»
El expresidente no quería parecer expulsado, buscaba proteger a su equipo y que el PPCV fuera «protagonista» en las decisiones. Se acordó que Mazón dimitiera como presidente, pero permaneciera como diputado en las Cortes Valencianas a cambio de reconocer públicamente sus errores.
En Génova admiten que esto implica un coste para la imagen, pero lo justifican recordando dos aspectos: primero, el acta es suya y nadie puede obligarlo a renunciar; segundo, no está imputado por ningún motivo.
También señalan que Mazón logró poner el foco en que ha dado un paso que nadie más ha dado, ni en la dana ni en otros desastres de este Gobierno de Pedro Sánchez.
Para el PP es fundamental destacar que dentro de su partido «la incompetencia tiene consecuencias», mientras que en otros se premia.
Este es el relato que Génova construye, antes de que Vox decida si facilitará o complicará las cosas. Sin embargo, aún quedan muchos capítulos por escribirse.
La elección de Pérez Llorca para la investidura «no tiene relación con quién será el candidato del PP en 2027″, aclaran fuentes de Génova.
Eso se decidirá posteriormente, una vez que la situación institucional se haya normalizado, probablemente en un congreso regional del PPCV. Mientras tanto, María José Catalá, actual alcaldesa de Valencia, es la preferida de Feijóo, aunque ella se muestra reticente a dar el paso.
Lo cierto es que ahora el reloj está en marcha, y Génova es consciente de que no tiene «todos los resortes»: el PP no cuenta con mayoría absoluta en la región y su «dependencia» de Vox es «total» desde las elecciones autonómicas.
Sin embargo, el entorno de Feijóo insiste en que «si se pactan los Presupuestos de 2025 y ya se comienza a negociar los de 2026, se espera que Vox quiera mantener la estabilidad y esta mayoría». Pero, en caso de no lograr la investidura, el PP se encargará de señalar a Vox como el «responsable».

