Beneficios de la granada en otoño: regula la presión arterial, reduce el colesterol y retarda el envejecimiento – Infobae

Esta joya nutricional contiene antioxidantes y vitamina C que protegen contra varias enfermedades crónicas

Por C. Amanda Osuna

Seguir enGranada (Imagen Ilustrativa Infobae)

La granada no solo comparte su nombre con una de las urbes más hermosas de España, sino que también es una fruta otoñal llamativa por su color rojo intenso y su sabor que combina notas dulces y ácidas. Bajo su cáscara robusta, sus semillas brillantes guardan un valioso aporte nutricional que otorga diversos beneficios para la salud.

Actualmente, la investigación avala lo que antiguas culturas ya sospechaban: la granada es una aliada eficaz para promover el bienestar y prevenir enfermedades. Según los datos publicados por la Fundación Española de Nutrición (FEN), aporta solo 34 kilocalorías por cada 100 gramos, posicionándose como una elección adecuada para quienes desean una dieta balanceada sin sacrificar el sabor. Esta cualidad, junto con su elevado contenido acuoso y su capacidad para calmar el hambre, la hace especialmente aconsejable en dietas para el control del peso o cuando se busca un refrigerio saludable.

Entre sus minerales sobresale el potasio, un elemento vital que favorece el funcionamiento óptimo del sistema nervioso y muscular y contribuye a mantener niveles normales de presión arterial. Este mineral resulta crucial para deportistas o personas que requieren un buen nivel de hidratación celular.

Aunque la cantidad de vitamina C no sea tan alta como en otras frutas cítricas, la granada compensa con la presencia de ácido cítrico, que le da ese sabor ligeramente ácido y refuerza la acción antioxidante de la vitamina. También contiene vitaminas del grupo B, esenciales para el metabolismo energético y el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

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Una fruta que previene enfermedades

Lo que distingue a la granada de otras frutas son sus compuestos bioactivos, especialmente polifenoles y flavonoides, los cuales han generado gran interés científico por su contribución en la prevención del envejecimiento celular y varias enfermedades crónicas. Los taninos, un tipo de polifenoles que se encuentran principalmente en la cáscara y en las membranas internas, producen la sensación áspera en la lengua al consumir la fruta. Aunque no se ingieren en cantidades significativas, su presencia refleja el fuerte potencial antioxidante que posee este fruto.

Se suman a estos los flavonoides como las antocianinas –delfinidina, cianidina y pelargonidina– responsables de su color rojo vibrante y gran parte de sus efectos protectores, según la FEN. Estos pigmentos naturales ayudan a neutralizar los radicales libres, disminuyendo el daño oxidativo que acelera el envejecimiento y está vinculado a enfermedades cardiovasculares y degenerativas. Además, se ha demostrado que el consumo habitual de granada puede mejorar la salud cardiovascular, favorecer la circulación y contribuir a controlar los niveles de colesterol LDL (conocido como “malo”).

Más allá de sus aportes nutricionales, la granada es una fruta versátil que puede consumirse de diversas formas. Sus semillas, los arilos, se disfrutan frescas en ensaladas, yogures o postres, aportando un contraste crujiente y refrescante. También son utilizadas para elaborar jugos naturales, cócteles y salsas, especialmente en la cocina mediterránea y de Oriente Medio.

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